De la virtud de madrugar y sus beneficios
Jueves, 19 de Febrero de 2009 por Javier Redondo Jordán

Día segundo de alergia. No sabría uno decir por qué adquiere la vida otro color cuando madruga. Mi jefe me había pedido que llegara al trabajo una hora antes, así que poco después del amanecer ya berreaba el despertador. Celebré la proeza de levantarme, rechazando el cálido y muelle abrazo del sueño embozado, con un desayuno castizo de café con porras en el bar de abajo. El camarero ya no me pregunta, pero busca una mirada de confirmación. Es marroquí, su aspecto de califa y el acento lo delatan. Lo acompaña tras la barra un chaval a todas luces sudamericano. Nadie es de Madrid hoy.
Aunque hacía frío en las calles y el sol remoloneaba todavía entre la bruma de polución de la ciudad, enfilaba uno con buen ánimo la Puerta del Sol. Te levantas temprano y las cosas parecen adoptar tonos más claros, sientes tu espíritu renovado, quizá por la sensación de cumplimiento con el deber impuesta por la educación, quizá por la tranquilidad que otorga el sacrificio propio. Sólo por ir a misa de ocho hay mucho miserable que duerme a pierna suelta por las noches.
A esas horas, la calle Preciados, habitualmente peatonal, se ve transitada por furgonetas que abastecen de mercancía el almacén de las tiendas. No hay rastro de músicos, mimos ni mendigos. Estos últimos aún duermen envueltos en cartones en algún rincón cercano, más al socaire, y seguirán haciéndolo mientras el sol no alcance su cenit. Otros, los que no pasan las noches al raso, estarán en otros asuntos. Los verdes tampoco han hecho acto de presencia todavía. De hecho, ya no la frecuentan tantos verdes. Ahora son azules. Los chicos de Greenpeace o la WWF han ido desapareciendo y últimamente menudean los acosadores callejeros de ACNUR. No sé si prefiero que me timen los unos o los otros, los verdes o los azules, los que salvan animales en peligro de extinción o refugiados en vías de lo mismo. El caso es que ya les he cogido un poco cariño, con alguno incluso llego a saludarme.
Al salir de trabajar había salido el sol, y ese bálsamo de luz que sólo tiene Madrid bañaba sus avenidas. La ropa de invierno se antojaba ya excesiva y necesitaba uno abrirse la chaqueta. Se respiraba el perfume de los campos de Castilla. Y te das cuenta de repente de que las chicas vuelven a dedicarte miradas furtivas al pasar. Tal vez sea ése el motivo por el que San Valentín se conmemore estos días, a mediados de febrero, cuando el viento invernal se confunde con la brisa de la primavera prematura. No creo que responda a casualidad que la onomástica del amor irrumpa en medio del invierno, justo en el momento en el que los pistilos de las flores se despliegan y segregan su néctar, cuando se desentumece la mirada helada de las muchachas. Los chicos, en cambio ―será que la naturaleza es sabia―, están ―estamos― en celo todo el año.
Llegué a casa a la hora del telediario, cosa que afianzó mi sensación de madurez y del trabajo bien hecho. Notaba cómo mis engranajes giraban encajados a la perfección en las ruedas dentadas del resto de la sociedad. Me preparé la comida con las noticias de la jornada en el televisor, y no concibo muestra de mayor circunspección que comer con el telediario del mediodía al volver del trabajo. Mi padre siempre lo hacía cuando yo era pequeño. Es lo que hacen todos los adultos. De modo que me recreé en mi escena solitaria de seriedad impostada y hasta comenté en voz alta lo que predecía el hombre del tiempo con una esposa imaginaria que me inventé. Y había motivo para tales tonterías. Después de todo, era un día de fiesta: un año más, me habían vuelto a mirar las chicas.




Javier, soy una seguidora del blog de Sánchez Dragó y parece que hay un problema de acceso al mismo. Sólo quería informarle por si no estaba al tanto. He llegado hasta aquí y ya me pararé cuando tenga tiempo para darme una vueltecita.
Un saludo a los dos desde Galicia.
Muchas gracias.
Javier, soy una seguidora del blog de Sánchez Dragó y parece que hay un problema de acceso al mismo. Sólo quería informarle por si no estaba al tanto. He llegado hasta aquí y ya me pararé cuando tenga tiempo para darme una vueltecita.
Un saludo a los dos desde Galicia.
Muchas gracias.
Hubo un problema con la conexión aquí también. Dos comentarios por uno.
Yo no tengo problemas. Uso indistintamente IE y Mozilla Firefox
Me gusta la foto colgada en esta entrada. Me recuerda a la portada de mi libro basado en un blog, “EL UMBRAL DE MI BLOG”. La máquina de escribir también me recuerda a una olivetti, símbolo indiscutible de Francisco Umbral. Espero que el creador de este blog, en lugar de llegar a ninguna parte, llegue con la pluma volando a las alturas del mencionado y desparecido escritor. Estoy segura de que así será.
Un saludo de otra gallega
¡Eres un vago, cabrón!
Acabo de descubrir por casualidad tu blog y la verdad es que me gusta la forma que tienes de mostrarnos que es lo que nos rodea en el día a día.
Sin duda seguiré por aquí.
Un saludo
” Nadie es de Madrid hoy”
Debes de saber muy poco de Madrid, todos los que viven en Madrid son madrileños. Madrid es una ciudad de acogida desde hace décadas y a nadie se le dice que no es de aquí.
Fernando…En las humildes palabras de un joven de diecisiete años, me dirijo hacia ti, o al menos hacia el encargado de tu blog, esperando que al menos eches un vistazo rápido a este comentario.
Estaba leyendo un libro, durante la clase de geografía, cuando el nombre del protagonista (Fernando) me hizo caer en ti.
Somos el futuro, los profesores no han parado de repetir esta afirmación cual ley a memorizar, y siempre me he planteado lo hipocrita y huecas que suenan estas palabras en ciertas personas, y es que casi nadie hace absolutamente nada para cambiar la triste realidad que nos espera dentro de unos cuantos años.
Sociedad invadida culturalmente, jovenes pasivos, envenenamiento múltiple y constante.
Los jovenes del 68 ahora son ancianos, y los jovenes de ahora, no son nada.
Como te decía, durante la clase, me estuve planteando,¿por qué no nos dedicas un libro? Un libro que sea tu último ataque cual Kamikaze, haciendo explotar todas las bases existentes, y descubriendo esta verdad tan visible…
Solo propongo, tu dispones.
Iván, me gusta lo que dices.
Te debes de sentir muy solo. Demasiada superficialidad y consumo superfluo en los jóvenes -y menos jóvenes- de hoy.
Por qué no empiezas tú mismo a escribir lo que piensas, lo que sientes, lo que te molesta o fascina.
A tu edad se tiene el alma en flor y eso es indispensable para ser receptivo.
Yo a tu edad escribí los poemas que, ahora, cuando los vuelvo a leer, me parecen más sabios.
Anímate !!!
Un abrazo desde Berlinfrío
Trigolimpio
Javier,
cuando el insomnio arrecia, es muy difícil madrugar, pero sé lo que se siente cuando lo consigo.
Sigue madrugando o trasnochando, pero deja volar a tu pluma.
Trigolimpio
Querida Trigo:
Me dices cosas muy bonitas. Lo que más puede halagar a un escritor es que le digan que su obra inspira a los lectores. Gracias.