Primeros libros
Lunes, 19 de Octubre de 2009 por Javier Redondo Jordán

Contaba el otro día cómo me habían encargado escribir el Inventario de Fernando Sánchez Dragó, un libro sobre la obra del escritor. De aquel episodio de Burgos hace ya un año. Lo que en un primer momento se adivinaba como un trabajo tranquilo, fácil y grato, resultó, por el contrario, labor ciclópea y compleja, aunque no por ello menos grata.
Comencé por hacer acopio de toda la bibliografía a mi alcance para ir elaborando el listado minucioso de cada libro, de cada antología, de cada artículo, de cada columna, de cada reportaje, de cada prólogo, de cada conferencia publicada. Cuando mis medios se volvieron insuficientes, el autor, en un gesto de confianza ciega, me abrió las puertas de su archivo personal y me dejó suelto allí, en ese paraíso abierto para pocos que es su archivo personal. Ese lugar donde se guardan todos los manuscritos de sus libros, bosquejos originales de sus artículos, textos inéditos, poemas de juventud, recortes de prensa de toda su carrera, fotografías personales y diapositivas de sus largos viajes por los siete mares. Pasé allí días dichosos, parapetado como una rata de biblioteca entre el polvo acumulado sobre incontables carpetas y archivadores, tomando miles de notas al pie de atalayas y atalayas de estantes, trasegando rimeros de folios mecanografiados entre los que encontré documentos que hasta entonces se le antojaban a uno poco menos que legendarios, únicamente existentes en la ficción novelesca del universo de Dragó. Allí estaban, sin embargo, en mis manos temblorosas por la emoción, materializados, tangibles. Experimenté un placer íntimo, exclusivo, privilegiado, al repasar sus páginas amarillentas y cuarteadas. Mis ojos no sólo las contemplaban con la mirada del escritor y del estudioso, sino con la del admirador. Cerraba así mi propio círculo metaliterario.
Producto de aquellos días entregado a la arqueología romántica surgió una larga lista bibliográfica de unas 350 páginas, extensión que excedía ampliamente el límite de 275 que me había pedido el Instituto. Una obra colosal, la de Dragó, que en modo alguno podía ―ni debía― hacinarse en el corsé de un solo tomo. Eso sin contar con la tesina previa que debía acompañar al inventario, en la cual se incluirían análisis biográficos, bibliográficos, temáticos y de estilo. Así las cosas, después de consultar con el Instituto, resolví dividir el Inventario en dos partes, estableciendo una división cronológica y temática en 1990. Sin embargo, dada su magnitud, decidí seguir trabajando en el libro como una unidad indivisible y realizar un estudio de su producción literaria que al menos no la desmereciera.
Después de nueve meses, he logrado parir una criatura de más de 500 páginas. Si mi aportación está siquiera someramente a la altura de la obra de Dragó, es cosa discutible, no así el compromiso adquirido y mi implicación en el proyecto. En estos momentos, el Instituto está revisando el volumen que les he entregado ―la primera parte―, pues debe adaptarse a unos cánones propios de la colección. Mientras tanto, ultimo algunos detalles en la Hemeroteca Nacional, datos sueltos, minucias que apenas aportan información sobre lo ya escrito, pero mi afán de perfección resulta enfermizo.
Jamás nadie ha escrito nada parecido acerca de la obra de Dragó. Saberme el único me enorgullece, y tengo el juicio suficiente como para valorar lo logrado. Tal vez me brinde cierto prestigio, quizá mi nombre suene por algunos círculos literarios, ojalá me abra puertas y me genere otras oportunidades en el futuro. Creo, pese a todo, que me he esforzado demasiado en un libro que apenas tendrá distribución, que se moverá sólo en los estantes de las bibliotecas.
Sí, pero… Escribir sin objetivo, por el propio placer de hacerlo, sin pensar más allá del papel, sin cuestionarse quién lo leerá. Hacer las cosas por sí mismas, no por sus frutos. De eso se trata. No concibe uno la escritura de otro modo. La memoria de los inolvidables momentos vividos en su transcurso pagan sobradamente mis desvelos, alejando de mi cabeza la sospecha de haber trabajado en balde. Cuanto venga a partir de ahora será regalado.




Pues, yo sí compraría ese libro.
Lejos quedan aquellos días en los que, intentando encontrar algo de Dragó por el universo de la red, nos encontramos tu y yo. Estábamos solos en la sala de espera de lo que, con el paso del tiempo, ha sido una experiencia buscada.
Buscar, encontrar, hallar. Lo lograste Javier. De aquellos tímidos polvos han llegado estos abundantes lodos. Qué buena tierra para sembrar la que ha parido este libro, no es así.
Me imagino lo que debe ser encontrarte en el estómago de la ballena Dragó, pudiendo ver los rincones más oscuros de su singular psique. Morbosillo regusto. Sindrome de Stendhal particular. En fin. No te comas la cabeza. Es un logro que consiguieras tener la confianza del susodicho y es un triunfo la obra que has hecho. Felicidades.
Para Alejandro:
De acuerdo, te aviso cuando salga.
Es broma. Gracias por leer.
Para Rocigalgo:
El gran Rocigalgo ha vuelto. Por cierto, ¿sabes que sales nombrado en “Soseki. Inmortal y tigre”, lo nuevo de Dragó? A buscar, a buscar. Razón de más para comprarlo. Y encima, pasan unos meses sin vernos y me entero por tu blog de que te has… (¿se puede decir en público?). Vaya tela. Felicidades a los dos.
Y claro que me acuerdo de aquellos primeros mails, y de aquel libro entre dos coches, y de todo lo demás. Cada uno ha obtenido de aquella cadena de acontecimientos cosas buenas. Y aquí estamos de nuevo, a seguir guerreando.
Abrazos.
Queridos Naoko y Fernando:
Perdonadme la familiaridad, pero después de leer ” Soseki ” -y de haber llorado con vosotros su trágica muerte- me es imposible trataros de Usted.
“Soseki” es un héroe Numantino.
He sentido su muerte con un dolor indescriptible. Me ahogaba la pena.
Adoro a los gatos. Tuve dos: Panchita y Puma.
“Panchita”,también atigresada y castellana vieja,(era de la Tierra de Campos palentina) y mucho tiempo más tarde llegó a mi vida, “Puma”, negrísima como una pantera, y éste fue mi gatito berlinés.
Ahora ya no tengo jardín y por eso ya no tengo gatos.
No puedo encerrar una naturaleza tan libre en un apartamento de 40 metros.
Sería hacer de ella un canario con alpiste.
Fernando, ignoro si estáis por estas fechas en Espana. Me gustaría mandarte a Castelfrío un poemario de 8 hojas, ligero como el viento, a pesar de su seriedad. Necesito saber TU opinión, pues es lo mejor que he escrito hasta ahora.Vivo en Alemania desde 1.977. Y aquí nadie entiende lo que escribo.
Aquí, en Berlín, veo todos los lunes, en directo, vía Internet, tus interesantísimas y jugosas “Noches blancas”.
Este programa es mi elixir literario.
Os deseo a Naoko y a ti, en vuestro CORAZÓN de Castelcálido, muchas décadas de felicidad y de aire puro.
GRACIAS, Fernando, por ser como eres y por escribir como escribes.
Un abrazo sincero desde este friísimo Berlín
Adelina ( Santander Illera ) Berlín, 27 Enero.2010
Javier,
algún día tu libro sobre la obra del Buen Dragó será una fuente indispensable para saciar la sed de muchos estudiantes de Literatura Española, sobre todo extranjeros, que quieran escribir sus tesis sobre la obra dragoniana.
Tu libro les será de gran ayuda. De esto estoy segura.
Así que adelante !
Trigolimpio