Excurso al pie del mausoleo de Wilde
Viernes, 5 de Febrero de 2010 por Javier Redondo Jordán

Decía Oscar Wilde que «el único amor consecuente, fiel, comprensivo, que todo lo perdona, que nunca nos defrauda, y que nos acompaña hasta la muerte es el amor propio». Quizá por eso su lápida en Père Lachaise esté cubierta de besos. Y pese al buen concepto que de sí mismo tenía, los besos no son suyos, sino de las mujeres parisinas que al hilo de más de cien años han velado su letargo y lo han amado a escondidas, ya que a él le era más grata la compañía masculina, dejando un rastro de carmín sobre la inmensa losa que aplasta su tumba contra la tierra. También aseguró, poniéndolo en otros labios, los de Salomé, tan legendarios como letales, tan hermosos como funestos, en una escena de su obra de teatro ante Herodes Antipas, que «el misterio del amor es mayor que el misterio de la muerte». Wilde disfrutó con opulencia de las mieles de Eros y bebió los vinos de su juventud como pocos, y si descubrió su secreto en sus últimos años de exilio en París tal vez Thanatos adelantara el final del hilo de las Moiras de manera que no pudiese participar de su hallazgo por escrito al resto de los mortales.
A los ingleses les gusta, por tradición, atribuir citas ingeniosas a Wilde, aunque el irlandés no las pronunciara nunca. Incluso la frase que abre este capítulo podría ser falsa. Quién sabe. He buscado una referencia bibliográfica y no he podido encontrarla. Con todo, se non è vero, è ben trovato. Y no sólo sus afirmaciones: la inscripción de su tumba también ha sido objeto de mistificación. Del mismo modo que el célebre «Perdonen que no me levante» de la tumba de Groucho Marx, los epitafios falsos adjudicados a Wilde, siempre de una grandilocuencia excesiva, han proliferado a lo largo de los años. Destacan, entre ellos, algunos extractos bíblicos del Antiguo Testamento, también greguerías pomposas que evidencian su fama de ególatra, otros absurdos, la mayoría divertidos.
En el mausoleo del escritor, sin embargo, bajo la esfinge de perfil antiguo esculpida en pleno vuelo, sólo aparecen dos palabras labradas, «Oscar Wilde», diluidas en una concupiscencia de labios femeninos.

Me reconforta contemplar la forma con que su tumba guarda silencio como respuesta a todo el ruido que el mundo generó en torno a su vida, todo ese ruido que luego ha continuado después de muerto, distorsionando su legado. Constituye el último desplante, eterno en tanto póstumo, de un esteta que vivió según los cánones del arte y escribió según los de la vida, haciendo de su existencia su obra más ambiciosa.
Ni siquiera figuran las dos fechas que delimitaron su paso por la época que le tocó vivir, como si la esfinge que concibió en su cuento nos escamoteara cualquier pista de los días de su autor para que su enigma permanezca sin despejar. Dos incógnitas que pueden hallarse en los libros de texto, pero que, grabadas sobre la piedra, adquieren escasa trascendencia, como si su omisión manifestara la inutilidad de medir el tiempo terreno cuando se ha alcanzado la inmortalidad mediante la literatura.

Texto extraído del libro “Las ciudades de la luz. De París a la India con billete de vuelta”, de próxima aparición




Javier, me decido mejor por un seudónimo.
! Qué BUENO este extracto de tu próximo libro !
Leí “El retrato de Dorian Grey” teniendo sólamente 14 años y, desde entonces, me cautivó este gran poeta. Porque, para mí, Oscar Wilde es, sobre todo, un escritor lírico y lúdico.
La narración “El ruiseñor y la rosa” es de una prosa sutilísima, etérea casi.
No soy lectora de novelas. Tampoco de “Poesía narrativa”. Prefiero la Filosofía y el relato corto, poético y desnudo.
Wilde es un maestro en esto de narrar, sin muchas hojas, pero calando fondo.
Qué pena que su tumba tenga tan pocas flores frescas.
A él le encantaban las rosas . . . encarnadas en rojo.
Los labios-beso no transmiten en la piedra ni la frescura ni la ternura suficiente. Parecen matasellos.
P.D: Hablando de novelas, que, como ya mencioné, no acostumbro a leer. Podrías recomendarme alguna de Dragó. Una o dos que a ti, como buen conocedor de su obra, te parezcan ESPECIALMENTE BUENAS.
Con Dragó quiero hacer una excepción.
Te diré que La India no es mi país del alma.
Me inclino más por Japón.
Gracias, Javier.
Trigolimpio desde Berlinfrío te da un abrazo.
Hola Javier, hola Trigolimpio. Te he dedicado unas líneas en el blog de Dragó. Tenemos en común Berlín, una de las ciudades que más amo de la Tierra y al divino, divino Wilde, ahora vecino mío. Yo también leí Dorian Gray con 14 años y después no pude dejar de devorar toda su obra y todo lo que se ha escrito sobre él. He recorrido toda la ruta Wilde (escepto Argelia): Dublín-Oxford-Londres-Reading-París. Su casa natal está ahora a 10 minutos de donde vivo.
Uno de los besos con lipstick que hay en la tumba es mío. Por supuesto no plantado con los labios sino dibujado. Lo dejé ahí en Diciembre de 2005. Las tumbas de Morrison y Chopin están muy cerca y siempre tienen flores o latas de cerveza (en el caso de Morrison)
La inscripción de la tumba está en la parte posterior y es una historia de la relación entre el poeta y una tal Lady no se qué, que fué quien pagó y erigió el lugar de reposo de Oscar.
Salud wildeanos del mundo
Sobre la foto que has utilizado para ilustrar el artículo.
Esta es una de las fotos más dandys de Oscar. Bastante pasada. Y es curioso que siendo él un tipo con tanta sensibilidad femenina, muy muy gay, posando en actitudes como la de la foto, es curioso -decía- que Wilde no es nada plumífero. Quizá porque medía un metro noventa y tenía complexión de jugador de rugby, quizá porque a pesar de su femineidad era treméndamente masculino… no sé. En cualquiier caso creo que Wilde no sólo es un genio poético y montruo social, creo que también revolucionó -como modelo- la fotografía del siglo XIX. Yo diría que Cecil Beaton sale de ahí.
A Trigolimpio:
Es cierto lo de los besos. Al nieto de Wilde, que es quien se ocupa del mantenimiento la tumba, le traen de cabeza. Los besos y las pintadas deterioran el mausoleo.
A DirtyBertie:
Investigando he dado con una especie de epitafio verdadero que figura en la piedra del mausoleo. Se trata de una estrofa de “The Ballad of Reading Gaol”, que escribió en la cárcel, y que viene después de unas palabras de Robbie Ross, primer amor de Wilde y quien pagó sus deudas y su tumba en Père Lachaise:
And alien tears will fill for him
Pity’s long broken urn,
For his mourners will be outcast men,
And outcasts always mourn.
Es aquí donde deberíamos preguntarnos si se trata de un epitafio o, por el contrario, de una larga inscripción en su lápida.
Y habrá plenitud de lágrimas extrañas para él
Urna rota por la pena
Sus afligidos serán parias
Y los parias siempre lloran
¿Está en La Balada? Voy a mirar mi ejemplar.
Nietzsche y Wilde murieron el mismo año. El primero sólo 10 años mayor. Alguna similitud: genios, prolíficos, aristócratas del espíritu, laureados académicos pero finalmente parias, filólogos clásicos, paganos, dionisíacos…
Pero muchas diferencias: Wilde era muy sexual y Nietzsche casto a la fuerza, Wilde era compasivo y a pesar (o a fuer) de aristócrata era socialista, Nietzsche hoy en día estaría en las filas del ultracapitalismo, Wilde comprendió mucho mejor la aristocracia del espíritu mientras que Nietzsche siempre tuvo una confusión (como otros) entre la aristocracia del espíritu y la de título (o lo que es peor: la del dinero), seguro que Wilde siendo gay fornicó con más mujeres que Nietzsche, Wilde era robusto y Nietzsche enfermizo, Wilde era guapo y Nietzsche tirando a feo, Wilde era pagano y dionisíaco pero admiraba al Galileo como a un héroe griego, Nietzsche lo detestaba (más a San Pablo, realmente), Wilde era un gran conversador y lleno de sentido del humor, Nietzsche a pesar de genial escritor quizá no era tan buen conversador y desde luego carecía de sentido del humor y de espíritu de ligereza (por eso despreciaba a los ingleses), a Wilde el sufrimiento le hizo más grande y le hizo escribir lo mejor de su obra: La Balada y De Profundis. A Nietzsche el dolor le transformó en un ser mezquino cuya filosofía destilaba mala baba y fué alimento para nazis (buena parte de ella. No el antisemitismo, Nietzsche era prosemita)
¿A quién se le ocurren más cosas?
Dirtybertie,
Nietzsche vivió rodeado -y arropado- de mujeres: Madre, tías y, sobre todo, su fervorosa y única hermana.
Creció sin padre y sin hermanos varones ( su único hermano murió con dos añitos.)
Su triste existencia, porque triste fue, se vería incluso atormentada por un amor NO correspondido: La atractiva e interesantísima Lou Andreas Salomé, a la que -aunque no está del todo comprobado- llegaría incluso a pedir la mano. Cosa que ella -de ser esto cierto- rechazó. Pero lo que sí que es verdad, es que Nietzsche bebía los vientos por esta mujer. Mujer que compartiría la idea nietzscheana “Dios ha muerto”. A partir de estas “calabazas”, y durante algún tiempo, Nietzsche empezó a tener pensamientos suicidas.
Sus aforismos “Cómo se filosofa a martillazos” los leí muy joven y me impactaron. Esa forma tan directa y tan despiadadamente “nietzscheana” hicieron que me interesara por su obra, aún siendo una cría, tanto que, a pesar de leerlo con ingenua avidez de novicia, mi intelecto no terminaba por asimilar lo leído. Pero yo intuía y percibía en él a un filósofo visceral y esto hacía que aumentase mi interés por su obra. Años más tarde, y ya sabiendo alemán, intenté leerlo de nuevo -esta vez sin traducciones- pero ya no fue lo mismo. Ya no me impactó. Ya no era una quinceañera.
Entonces pude leer entre líneas -lo que también se ve en su mirada- una exaltación enfermiza.
Se podría “sospechar” que la hermana de Nietzsche bien pudiera haber estado estuvo enamorada de su hermano y que, aprovechándose de la precaria salud y de la mente enfermiza de éste, lo “ahogó” con sus excesivos cuidados. Este es un pensamiento que a mí siempre se me pasa por la imaginación, cuando leo, o consulto, la biografía de Nietzsche.
Desde Berlinfrío, cálidos saludos.
Trigolimpio
Es verdad. Wilde también creció rodeado de mujeres y de niño le vestían de niña. ¿Motivo de su homosexualidad?
Lou Andreas… era como una mujer de hoy: promiscua, intelectual, estilosa, lanzada, un poco “masculina”… pero en el siglo XIX. No está mal. Hoy en día hay cientos de miles de Lou Andreas en Alemania.
Qué envidia que puedas leer a Nietzsche y compañía en alemán. Tuve un rollo bastante intenso el año pasado con una periodista de la NDR, de Hamburgo. Típica alemana: alta, rubia, ojos azules, muy intelectual, “bossie”, con un toque de ingenuidad pero al mismo tiempo con suficente sangre fría y capacidad de organización como para ponerle el gorro a su Herr esposo durante seis meses a caballo entre Alemania y España. La semana en Berlín la pasé con ella y me hizo un maravilloso tour. Claro que me enamoré de la ciudad y me gustaría volver.
Besos
Me gusta nuetro carteo.
Para que te sirva de referencia. ¿Conoces a las presentadoras Ina Muller de “Inas Nacht” y a la rubia de “Talkshow”? Son íntimas amigas de ella. Y además el mismo estilo de mujer y la misma edad.
Ya… Barbara Schöneberger. La presentadora de Talkshow.