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Antonio Prieto: «Para mí la literatura ha significado una manera de sentir la vida y de conocerla»

Written by | 09/08/2015 | Comentarios desactivados en Antonio Prieto: «Para mí la literatura ha significado una manera de sentir la vida y de conocerla»

Acabo de leer Glosa impertinente sobre Cárcel de amor (Ediciones Ulises), una obra profunda y exigente que utiliza un clásico de nuestra literatura, Cárcel de amor, de Diego de San Pedro, para ir más lejos. Hablo con Antonio Prieto sobre su novela y creo que la entrevista puede ser una buena introducción para conocer la obra y para profundizar en uno de nuestros autores más interesantes. Prieto nació en Águilas (Murcia) en 1929. Pese a su edad, o gracias a ella, se encuentra en un período muy fecundo novelísticamente, literariamente –son muchos los libros que ha publicado los últimos años–. Sigue escribiendo a igual ritmo. Me cuenta, al terminar nuestra conversación, que ha terminado una nueva novela: El mito fracturado. Apetece leerla nada más ser nombrada.

Pero hoy hablamos de Glosa impertinente sobre Cárcel de amor, que ha aparecido recientemente en las librerías.

¿En qué sentido la novela es una glosa?

En el sentido de que intento interpretar el libro primitivo de Diego de San Pedro.

¿En qué sentido es impertinente?

En que no estoy de acuerdo con el texto, con el sentido del texto.

¿Por qué?

Entre otras cosas porque el texto pertenece a un siglo al que yo no pertenezco, es decir, yo estoy en la actualidad. Creo que todo se explica comparando el principio de mi novela con el final: «Eran tiempos, viejos tiempos en los que Amor y Muerte alcanzaban su límite con la seguridad de proseguir la vida si lograban el vehículo de la fama para continuarse» (pág. 7). Es decir, la novela empieza con la fe que tiene la gente de que va a perdurar en la memoria de los que vengan después. En contraste con el final de mi novela, cuando yo le digo a Laureola que ya nadie se acuerda de ella. «Yo te señalaría sin crueldad ni mentira que de tu memoria honrándote y cuidándote no queda nada en este comienzo de siglo en el que paseo bajo árboles desnudados por el frío» (pág. 155). Luego es un fracaso. La novela es como un círculo que empieza de una manera y acaba negando esa manera.

Prieto me recuerda un fragmento de su novela importante para entender el mundo al que nos referimos.

«Perdona mi vanidad, porque fue mi sentirte en mí lo que acaloradamente me hizo repasar la nómina de autores glorificadores, desde Homero, que dieron gloria y fama a héroes y amadores que prolongaron su vida tras la muerte gracias a los poetas, con la clásica anécdota de Alejandro Magno, transmitida por Petrarca, de que llegado a la tumba de Aquiles lo designó como afortunado por tener un Homero que de él escribiese» (pág. 152).

¿Por qué, a estas alturas de su vida y de su carrera, se le ocurrió escribir sobre Cárcel de amor?

Porque creo que Cárcel de amor explica muy bien el fracaso renacentista de España respecto a Italia. La Fiammeta de Boccacio es todo lo contrario del personaje de Laureola. Pero hay que recordar que ya en el siglo XV empieza a levantarse el Renacimiento en España.

¿Y por qué escribir de esta manera?

Puede ser producto de mis lecturas y de mi experiencia.

Usted piensa que el lector también crea la obra cuando la lee.

Claro, sin el lector no existe la obra.

¿Se puede llamar autor de ella también?

Evidentemente, es un coautor.

Esta idea late en su novela, en ésta y en muchos otros libros suyos, tal vez en toda su obra.

Sí. Por eso en ésta le digo el lector que yo pertenezco a una historia general. «Me lo confirma la lectura apoyada en la memoria del Laberinto de Juan de Mena donde el elogio al muy prepotente don Juan el segundo aparece apoyado por la mención de otros reyes gloriosos liberados por la memoria de fijación cronológica y que, en cierta manera, coincide con mi consideración de la Historia como suma de historias individuales que expresé páginas atrás por invitación de un desierto que tal vez se iniciara, recuerdo, en la comarca del Mioceno, hará unos ocho millones de años. Se trata de esa gran historia en la que se cruzan la risa y el llanto, y en la que caben mi perro, mi gato, mi vecino y tú conmigo y los parientes» (pág. 153).

¿La novela es una continuación de alguna manera de Cárcel de amor?

De alguna manera sí, porque hay trozos y fragmentos de Cárcel de amor puestos en ella.

Usted se mete dentro del clásico para hacer otra obra literaria.

Yo cojo un testimonio de la Historia de la Literatura y soy impertinente con ese texto porque contradigo la tesis de la novela. En Cárcel de amor la heroína pierde la vida por seguir la memoria que dé testimonio de ella, y yo defiendo la vida frente a la memoria. Por eso mi impertinencia.

¿Se puede relacionar lo que ha hecho aquí con lo que hace Cervantes en el Quijote con los libros de caballerías?

A mí el Quijote me parece tan grande que no me atrevo a relacionarme con él, aunque hay bastante cervantino en la novela, como en el estilo.

Usted tiene una teoría que lleva a la práctica en sus novelas que se llama fusión mítica. Me dijo una vez que fusión mítica era elegir un personaje del mundo mítico e intentar fusionarse con él, crecer con él. ¿Hay fusión mítica en esta novela?

Sí, en el sentido de que si tú te pegas al mito vas venciendo la caducidad. Si tú buscas un mito, por ejemplo el mito de Héctor, de la Ilíada, te haces valiente como él, luchas… y vas a ser recordado de esa manera.

Cárcel de amor tuvo un enorme éxito. ¿Por qué cree que lo tuvo?

Porque evidentemente tenía una novedad, en primer lugar por la prosa, y luego entrañaba también algo del amor romántico. Esto hizo que fuera traducida al alemán y a toda Europa. Luis Usoz lo relaciona con el Werther Leiden de Goethe.

¿A quién cree que gustará más su novela?

No lo sé, porque exige una cierta cultura y creo que España ahora está muy lejos de la cultura.

¿Cómo se ve la vida a los 86 años?

Como algo de lo que ya tengo que ir despidiéndome.

¿Y la literatura?

Me temo que la literatura se va acabar con las máquinas. Me parece que en la novela pongo el caso de que en Corea del Norte han sustituido los libros por tabletas informáticas.

¿Nota mucho la experiencia que tiene al escribir?

Sí, evidentemente.

¿Se escribe mejor con los años?

Sí, yo creo que sí.

¿En qué cree que se diferencia, sobre todo, esta novela de su primera novela Tres pisadas de hombre?

La primera era una aventura ajena, una novela de acción, mientras que en esta novela hay una proyección de mi persona, como en general en casi toda mi producción.

Usted me ha dicho que esta obra, como escritura, está entre las mejores suyas. ¿Por qué lo cree?

Porque como es más breve he intentado cuidar la prosa mucho.

¿Para usted qué ha significado la literatura?

Una manera de sentir la vida y de conocerla.

¿Y la docencia?

Para mí ha sido una manera de vivir y de recoger lo que los alumnos me transmitían de vida. Y es por lo que les estoy tan agradecido.

¿Cómo podríamos mejorar la enseñanza en España?

Con un mejor profesorado.

¿Y cómo podríamos mejorar el profesorado?

Yo creo que eso es una utopía. España ha tenido un profesorado de minorías estupendo, pero en general, sobre todo los últimos años, bastante malo.

¿Cuál es la función de la literatura?

Tiene una función lúdica evidente que todos perseguimos, pero todo depende del cauce que cojas. Creo que el autor debe escoger a sus lectores, de tal modo que sean afines con su cultura, para que se eleven con él, y no elegir temas, por ejemplo, para realizar best-sellers que le proporcionen beneficios económicos.

En el mundo en el que vivimos, tan tecnificado y tan banal en algunos aspectos, ¿qué cree que puede aportar la literatura?

La literatura, en cuanto es parte de un ejercicio humanístico, puede hacernos menos egoístas y más generosos.

Eduardo Martínez Rico

 

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