12:22 am - miércoles octubre 16, 2019

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Escribo, luego vuelo

Written by | 16/05/2019 | Comentarios desactivados en Escribo, luego vuelo
  Literatura y novela En la casa de verano de mi editor hay un enorme jardín que comparte con un par de zorros y con un millón de mosquitos. A las dos de la mañana, cuando apagamos las bombillas, se enciende de repente el firmamento. Resulta angustioso levantar la cabeza y hacerte minúsculo entre tantas estrellas. Es necesario, para sacudirnos nuestra pequeñez, encontrar algo que nos trascienda. Eso (para mí) es la literatura. Definiremos la novela como una serie de puntos en un mismo plano. Da igual cómo se mueva esta línea (como una culebra, como una onda, como un buscapié) pero es imprescindible que avance ciegamente hacia su destino y que se rija siempre por la política de la tierra quemada. Hagamos una lista con todas aquellas cosas que nos restan libertad. Paremos de escribir

Lo que me imagino cuando pienso en la novela

Written by | 09/02/2019 | Comentarios desactivados en Lo que me imagino cuando pienso en la novela
El caballero aprieta las piernas contra su montura, levanta la espada por encima de su cabeza y se abalanza sobre el enemigo, al que decapita, ensarta o abre en canal. Un poeta épico, apartado (pero no lejos) del campo de batalla, observa las hazañas de su amo y las rima heroica, solemne, musicalmente en un papel. El caballero, después de lavarse la sangre de los otros en el agua del río, llama a su rapsoda y le ordena que le cante las estrofas de mayor angustia. El caballero sabe que morirá y que solamente quedarán esas líneas como testimonio de su paso por la vida. Y quien quiera saber de él deberá abrirse paso en el intrincado bosque de la ficción, donde crece, arrullado por las aves y fagocitado por alguna planta trepadora, el inconmensurable árbol de la verdad. Lo contrario

‘Gregor Samsa’, de David Llorente: el espectador ante el espejo

Written by | 19/10/2018 | Comentarios desactivados en ‘Gregor Samsa’, de David Llorente: el espectador ante el espejo
  Uno piensa que la buena literatura acaba de cocerse en el horno de la poesía. Creemos que la palabra que rebasa su significado, que reconstruye el mundo y que arroja luz a las sombras que oscurecen al ser humano, es la cota más alta de la creación. Pero el teatro es el único género literario que vulnera el texto escrito, que se descose por sus propias puntadas y que salpica de agua limpia los cristales mugrientos de la vida real. Las mañanas de ensayo tienen un color y un ritmo especiales, como si le hubieran puesto palas al sol y el ruido del tráfico sonara desde el fondo de una gramola, pero nunca me había parado a preguntarme por qué. Imaginaos que vuelco un libro y que toda la ficción que hay en sus páginas se cayera encima de la mesa. Eso es lo que sucede con el teatro: