5:31 am - jueves junio 27, 2019

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Cuento: ‘El interfono’

Written by | 16/10/2018 | Comentarios desactivados en Cuento: ‘El interfono’
Una noche, mientras soñaba -lo recuerdo- con un mar sereno en el que nadaba rodeada de sol, el interfono que comunicaba mi dormitorio con el de mi hijo cambió su tenue luz verde por una intensa luz roja y un quejido sonó a través de él. Me incorporé y fui hasta el cuarto del pequeño, al que encontré dormido. Reprimí las ganas de acariciarle el moflete que se le espachurraba cómicamente sobre la almohada y regresé a mi habitación. Me acosté y, acurrucada de nuevo bajo la manta, froté los pies contra el colchón tratando de contrarrestar la frialdad del suelo que habían pisado hacía un momento. Sólo entonces, recuperado el calor del lecho, me percaté de que el sonido del interfono había sido extraño, probablemente fruto de mi sueño y no de mi hijo. Estaba consiguiendo volver

María Prado Mas: «La poesía no es una impostación de la lengua, sino un modo de sentir y estar en el mundo»

Written by | 16/04/2018 | Comentarios desactivados en María Prado Mas: «La poesía no es una impostación de la lengua, sino un modo de sentir y estar en el mundo»
María Prado Mas (Madrid, 1973) repite con Ediciones Torremozas para su segundo poemario, «La casa». Doctora en Filología por la UCM, realizó su tesis sobre el teatro de Gertrudis Gómez de Avellaneda y desde el año 2004 es profesora de Lengua y Literatura en la enseñanza secundaria pública. Un comentario en la redes hecho por el cantautor Andrés Suárez difundió de manera inesperada su primera obra, «Cartografía del territorio imposible». En 2015 publicaste tu primer libro de poemas, «Cartografía del territorio imposible» ¿Desde cuándo escribes poesía? Desde que me encontré con ese lenguaje, primero en las voces de mi abuela Concha y de mis padres, después en el colegio y, sobre todo, desde que en la adolescencia una profesora de Literatura, en el

Cuento: ‘Enredos’

Written by | 07/10/2015 | 1
Ella recordó en sueños una tarde de la infancia en la que su abuela le había dado un bombón como premio por haber desenredado un ovillo de lana. “Nadie es tan paciente como tú”, le había dicho, y se había sentido diligente y magnífica. Saboreaba el bombón relleno de crema de naranja cuando despertó, treinta años después, en la cama que compartía con él. “La noche está oscura como boca de lobo”, pensó. Oyó su respiración desacompasada y seca, supuso que soñaba algo angustioso y le rozó con el pie derecho: la respiración se tornó fluida y rítmica. “Cuánto le amo”, se dijo, “le amo por completo”. Imaginó la enfermedad, la muerte, la destrucción de la materia, el más allá como un gran centro comercial de estruendosa megafonía y rostros desconocidos.