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Florencia inesperada (y II)

Written by | 03/07/2013 | 1
Plaza de San Lorenzo, como dijimos. Sabiendo que el Duomo estaba a quinientos metros, me dio prácticamente igual. «Pues bonita, andiamo». Lo primero que se ve entrando por la Via dei canti dei Nelli es el Baldachino. «Qué preciosidad». Tres metros más alante y ya se ve la catedral. –A todo esto, el año que viene nos toca graduarnos y esas cosas. ¿Tú lo de ir a la Riviera Maya o a Punta Cana, qué? Pasando, ¿no? –Carlos ya está acostumbrado a la catedral y le da un poco lo mismo que uno esté alucinado. –Para ir a eso cojo el avión, os despido y me voy a casa de mis colegas, que tengo unos cuantos. Paso de hacer el guiri –dije, mirando la puerta. –Eso. Ahí, en ese punto entre la catedral y las puertas del Baldachino, uno no sabe adónde mirar. ¿Entramos al Duomo? También

Florencia inesperada (I)

Written by | 05/06/2013 | Comentarios desactivados en Florencia inesperada (I)
A Carlos, el amigo visitado. También a Yoli y Guada, sus compis de piso que me acogieron muy gratuitamente, y al resto de la gente tan genial que he conocido en esta ciudad tan maravillosa. Es tan típico escuchar «Ah, Florencia, la cuna del Renacimiento» que se hace repetitivo. Como ir a Nueva York y decir «Ah, la capital del mundo» o escuchar cómo se canta en Triana o Jerez. Pero es cierto y tampoco se hace de rogar para ser visto –estación de Santa María Novella, y a la derecha, según sales una Iglesia que no sabes cómo se llama–, pero te deja boquiabierto. Uno no se espera que Florencia sea, en verdad, tan fantástica. –Ésa es Santa María Novella, a ver si te crees que la estación se llama así por arte de birlibirloque –hubiera dicho cualquier persona lógica. Carlos,

Blues del fregadero

Written by | 27/05/2013 | Comentarios desactivados en Blues del fregadero
Hay un blues en el fregadero: «Clac, clac». Las agujas del reloj esta vez pichaban «Noes-tá, noes-tá» y al silencio le subieron el volumen. Ahora pareces un huerto repleto y sabes a la corona de otro. A león jubilado recuerda mi mirada. «Clac, clac». ¡Fregadero! ¡Calla! Calendarios de poesías ajusticiadas, «Noes-tá, noes-tá», mis mejillas inundadas. Semáforo en rojo para toda la existencia. ¡Corazón! ¡Corazón! ¿No dices nada? Pum-pum-pum-pum buf… Calla, que suenas a puerta vieja recién llamada. Un blues en el fregadero: «Clac, clac». Goteaba. Un blues en el fregadero. Sólo eso sonaba. Fernando C. Caramés, 26 de abril de 2013 @FernanCamacho www.seguimospensando.wordpress.com Artículos relacionadosLigereza'Cartas de amor', de Luis Alberto de Cuenca (Poema

Oda al Betis

Written by | 20/05/2013 | Comentarios desactivados en Oda al Betis
Te estaré viendo sin fanatismos, ni idolatrías pos-humanas, cuando tu casa esté siempre en fuera de juego y lluevan tarjetas rojas. Filosofaré cuando te anulen un gol sin motivo. Diré que no fue lícito porque el árbitro quiso, pero que fue injusto. Te estaré viendo en la incertidumbre del portero ante el penalty en contra. Y cuando falles, fallaré, como cuando rematas, re-muero, si le das al palo. Ahí, siempre ahí, en la butaca más barata de todo el Villamarín. Cuando esté lejos de casa, te veré a través de la radio aunque se destiña mi camiseta. Porque tienes himno y lo canto, y tienes bandera y la beso, y aun así eres bastante más sano que cualquier nacionalismo. Y sobre todo porque me das noventa minutos de vacaciones de no pensar, al menos, una vez por semana. Y

No volveré a Sevilla

Written by | 08/05/2013 | Comentarios desactivados en No volveré a Sevilla
Una postal es un relámpago que cae sobre el tejado cuando estás lejos de casa. Cuando las tejas no hacen techo y no hay protección posible. Los telediarios envueltos en un calendario alicaído y en un idioma que ya no es extraño alertan del peligro de volver. Ahí está: Nunca volveré a Sevilla. Aunque es por estudios y mantengo mi pasaporte que sigue diciendo indeleble                 «Fernando» me siento un exiliado. Y los exiliados nunca vuelven: Dividen su alma y la entierran. Soy un exiliado, ahora de Sevilla, más tarde de las aves que sobrevuelan el renacimiento. Leo el periódico y advierto el color sepia de las fotografías de hoy. Tienen la misma composición que otras de hace cuarenta años:                 Tenemos

Dos televisores

Written by | 04/05/2013 | 1
Dos televisores llenos de tinta para los cuadernos del mundo. Y tú, paloma inquieta que se pierde en una cafetería. Conocí en uno de mis viajes un cosmos que amanecía a la hora de tu café, con un vestíbulo renacentista que se hizo tu armario y un querubín bobo que resbalaba en las nubes mojadas de tu iris. Tus dos televisores están llenos de tinta y convierten las avenidas en ríos, las grúas se antojan pinos en las retransmisiones y esta gran Stazione Centrale di Milano en un gran lago donde habitan especies de anfibios que creía perdidas en la vorágine pop que nos aturde:                 Había un lector de poesía latina                 ¡Yo

¡Cuántos pecados!

Written by | 03/04/2013 | Comentarios desactivados en ¡Cuántos pecados!
Yo soy un trasnochador y en las noches resucito y me pongo a repartir bocaítos, bocaítos bocaítos, ¡ay, bocaítos! Jesús Bienvenido, Los trasnochadores, Carnaval de Cádiz 2009 ¡Cuántos pecados había hoy paseando por la calle! ¡No he podido ni contarlos! Los empleados de la limpieza eran angelitos llorando. Había ladrones de versos con parapetos de nardos y en vez de pájaros había manzanas prohibidas volando. Manzanas sin morder buscando bocaítos, bocaítos, ¡Ay, bocaítos! Cuántos diablillos tomando el Sol debajo de la estatua de Don Bosco. Cuánto rapaz tras la faldas en el patio de las Salesianas. ¡Ay, cuánta vida! ¡Ay, cuántos pecados! ¡Ay, Cupido recogiendo en un aparcamiento condones usados! En la tertulia de filosofía, la gente debatía sobre el erotismo ilustrado y

Nada

Written by | 19/03/2013 | Comentarios desactivados en Nada
A Fernando Sierra Miguel, una de las personas por las cuales hoy me están leyendo. Gracias. Aprendí a no quejarme. Aprendí a conformarme cuando no había nada. Hice de la nada una mochila vacía que nada pesaba, para llenarla con todo sin que nada sobrara. No tuve vasos, pensé “los hay peor” y bebí con la mano. Pensé “afuera nieva” y vi que sólo tenía un techo. Tuve mucho frío y sólo tuve una manta. Y así el techo, y así la manta, lo fueron todo sin ser nada. En la nada se empieza, en el todo se acaba. Otros se asustaron cuando vi un universo vacío, el único sitio donde mi creatividad entraba. Y entonces todo encontró su espacio. Todas mis posesiones su hueco. Y me sobró un infinito, pues no tenía nada. La nada en su desorden, tan perfecto como imaginativo. Nada

¿Y si se acaban las noches?

Written by | 11/03/2013 | Comentarios desactivados en ¿Y si se acaban las noches?
¿Y si se acaban las noches y las oficinas derritiesen estas manos sublevadas? ¿Y si se acaban las noches y las aceras destierran a estos ojos rebelados? No digo que llegue el día, digo que no que se vaya: Un día eterno. Imagínense la falta de sueño, el insomnio, el tráfico peligroso, los andares de momias, el calor desconsiderado, las ojeras sin delicadeza, la piel de azufre. El día, perpetuo ejemplo de bondad, trayéndonos un mal imperecedero. La luna llena vacía en un Sol para siempre, la luna nueva sin estrenar. Todo lo que supondría exiliar las noches peligrosas y transeúntes de borrachos y maleantes de los calendarios. ¿Se imaginan escribir poemas románticos de día? Sin luna, sin estrellas, ni farolas, ni sucedáneos, ni traiciones dulces, ni escondites. Qué triste sería.

Ligereza

Written by | 28/02/2013 | Comentarios desactivados en Ligereza
Te escapas cual minuetto, te atrapo sutil y simple, te esfumas, abeja inquieta, te fugas. Eres diminuta y ligera como una arteria secundaria bombeando caracoles al final de mis versos. Y te mueves ágil como si no fueran contigo. No hay sábanas de seda que atrapen tu sosiego, no hay cama de hierba en el campo que te haga sentir más cómoda que tus huidas. Relampagueas como una corchea y la sombra de tu presencia se convierte en la caricia del viento de tu evasión de mí. Te escapas cual minuetto, te atrapo sutil y simple, te esfumas abeja inquieta, te encuentro pequeña y dulce, te fugas. Creo haberte atrapado y te vuelves a escabullir como un violín veloz en el si bemol menor de mis palabras. Como el centro de las cosas en el psiquiátrico de los bienhechores: te vas, te vienes, como