2:10 pm - lunes marzo 30, 2020

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«Canción interrumpida», de Marina Casado

Written by | 15/03/2020 | Comentarios desactivados en «Canción interrumpida», de Marina Casado
Fotografía de Eduardo Martínez Rico No puedo verlas, pero sé que las flores palpitan dentro de la nieve. No comprendo el silencio, el largo arco voltaico de las preguntas que murieron en la boca, pero intuyo tu voz al otro lado de la orilla, en la región azul de las promesas. Regresarán los besos y los pétalos húmedos, nuestros ojos manchados de sol. Suspirará otra vez la primavera. Marina Casado   Artículos relacionados'De las horas sin sol', de Marina Casado: entre la nostalgia y la esperanzaLos Bardos en la época de la “poesía joven”'Morder el tiempo', de Esther Gómez Rodríguez: un puñado de arena

Los Bardos en la época de la “poesía joven”

Written by | 30/07/2018 | Comentarios desactivados en Los Bardos en la época de la “poesía joven”
Está muy de moda la etiqueta de “poesía joven”. La “poesía joven” tiene sus propios certámenes, sus propias antologías; tiene su lugar asentado en el panorama literario actual. Hay quien usa la etiqueta con razones despectivas, pero para la mayoría posee un carácter intrínseco que revaloriza automáticamente a sus autores. Últimamente, a la idea de “poesía joven” se ha unido la de “lectores jóvenes”. Me refiero a la poesía concebida principalmente para un público adolescente, cuyos autores son acogidos en los recitales con más algarabía que estrellas de rock. No estoy de acuerdo con la etiqueta de “poesía joven”; en primer lugar porque nadie ha establecido una cronología fija para la idea de “juventud”. ¿En qué momento un poeta deja de ser “joven”

‘Nueva Orleans’, de Marina Casado

Written by | 02/10/2016 | Comentarios desactivados en ‘Nueva Orleans’, de Marina Casado
Recuerdo cuando fuimos inmortales. La luz de media tarde desparramaba sus cabellos de oro sobre el sofá. La vecina del cuarto, aquella niña llamada Mara, canturreaba una canción de plastilina en los oídos de las hadas que nunca se atrevieron a buscarnos. Mara tenía la mirada bovina y una ancha sonrisa confiada y patética colgando con lustrosa placidez de las mejillas. Yo siempre tuve las pupilas demasiado grandes. Alguien hablaba de Nueva Orleans y yo veía las trompetas conviviendo con las luces rojizas de los bares, sombreros desgastados, calles amargas perfiladas de risas en el anochecer. Han pasado los años. Ahora nadie conocerá jamás Nueva Orleans, asesinada parcialmente por aquel huracán de principios de siglo. Dicen que la trompeta de Louis Armstrong apareció semienterrada