12:11 am - lunes agosto 19, 2019

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Cuento: ‘Recuerdos’

Written by | 22/04/2019 | Comentarios desactivados en Cuento: ‘Recuerdos’
El poeta reclinó su cabeza en la almohada y entrecerró los ojos. En su conciencia se abría camino la terrible verdad: estaba perdiendo la batalla. El enemigo había resultado ser más fuerte de lo que había esperado. Los cuidados médicos y su propia naturaleza no habían sido capaces de rechazar los embates de la temible tuberculosis que, con fiereza, le había asaltado. Un rictus de cinismo curvó sus finos labios, más finos desde que había enfermado: “Al fin y al cabo, morir de tuberculosis era un final adecuado para quien se preciaba de ser un poeta romántico” –pensó-. Un ataque de tos le obligó a incorporar la cabeza brevemente y acercar a su boca el pañuelo plagado de rosadas manchas con que, con irritante frecuencia, intentaba limpiarla. El esfuerzo le hizo reclinarse,

El precio de la ambición (cuento)

Written by | 21/11/2018 | Comentarios desactivados en El precio de la ambición (cuento)
Al llegar ante su casa, el niño se volvió bruscamente hacia los compañeros que le acompañaban (o, más bien, le seguían). —¿Qué habéis dicho? —les preguntó, frunciendo el ceño. Su mirada era más fría y dura de lo que se podría esperar de sus pocos años. Los otros dudaron. No era bueno provocar su irritación. Al fin, uno se atrevió a contestar. —Hablábamos de que se acerca el momento de pagar los tributos. Mi padre no comprende por qué el tuyo ha aceptado someterse a los nuevos amos, en vez de rebelarse —dijo. —Pues el mío dice que, gracias a él, podemos vivir en paz —opinó otro. El que parecía ser el jefe de los otros, apretó los dientes. —A mí tampoco me gusta esto —replicó—. Si yo fuera mi padre, hubiera reunido a la gente y les hubiera atacado,

¿Y si todo comenzó con un sueño…?

Written by | 21/01/2018 | Comentarios desactivados en ¿Y si todo comenzó con un sueño…?
  Se encontraba tan cansado que, ni siquiera los ruidos provenientes del exterior consiguieron evitar que, en cuanto su rostro se apoyó en la almohada, sus ojos se cerrasen y perdiese la noción del tiempo y el espacio.   No obstante, en contra de lo que pudiera parecer, no estaba dormido, pues sintió cómo su abuelo Julián salía de su habitación y se dirigía a la “quintana”; desde hacía años, el abuelo tenía que levantarse varias veces por la noche para vaciar su vejiga. Esperando que el anciano no estuviese demasiado adormilado, el niño bajó sigilosamente de su lecho, salió a la sala común que hacía las veces de zaguán, comedor y cocina, y esperó que su abuelo volviese de aliviarse. —¡Xuan! ¿Qué haces despierto a estas horas? —dijo Julián, al verle—.