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Cuestión de fe (Cuento de navidad)

Written by | 26/12/2017 | Comentarios desactivados en Cuestión de fe (Cuento de navidad)
—¿Has pensado lo que harías si te regalaran cuatro habichuelas mágicas?— preguntó María, a su hermana Laura. —Que cosas más raras dices, anda, date prisa. Es tarde y aún tenemos que preparar la masa de los roscones. Trabajaban en una pequeña pastelería que pertenecía a su familia desde hacía más de setenta años. Aquel pequeño horno era famoso por elaborar los roscones de reyes más jugosos del barrio, cada navidad se amasaba cientos de ellos y cada año que transcurría los pedidos aumentaban. —Sí, pero ¿qué harías? —Pues seguramente desearía que me tocase la lotería ¿Por qué lo preguntas? —He tenido un sueño, uno de esos que llaman premonitorios. —No vas a parar hasta que me lo cuentes, así que dispara— dijo exasperada Laura mientras se ataba el delantal. —No

Cuento: ‘Enredos’

Written by | 07/10/2015 | 1
Ella recordó en sueños una tarde de la infancia en la que su abuela le había dado un bombón como premio por haber desenredado un ovillo de lana. “Nadie es tan paciente como tú”, le había dicho, y se había sentido diligente y magnífica. Saboreaba el bombón relleno de crema de naranja cuando despertó, treinta años después, en la cama que compartía con él. “La noche está oscura como boca de lobo”, pensó. Oyó su respiración desacompasada y seca, supuso que soñaba algo angustioso y le rozó con el pie derecho: la respiración se tornó fluida y rítmica. “Cuánto le amo”, se dijo, “le amo por completo”. Imaginó la enfermedad, la muerte, la destrucción de la materia, el más allá como un gran centro comercial de estruendosa megafonía y rostros desconocidos.

“Pagos: No premiado”

Written by | 29/07/2015 | Comentarios desactivados en “Pagos: No premiado”
Begoña nunca ha sido un torrente de pasionalidad, pero tiene fibra sensible. Salvo raras excepciones, sabía contener los sentimientos para no mostrar todas las cartas a sus amistades o a su familia. Ella siempre pensó que su debilidad era un charco hondo donde se guardaba una especie de joya perdida: la buena simiente. Así lo ha llamado siempre su madre cuando la miraba fijamente a los ojos y le limpiaba las lágrimas. “Tú la tienes, hija, qué suerte”, y se limpiaba las manos en el mandil, como solo lo hacen las madres de Extremadura. Desde aquellos llantos de cría, Begoña ha tenido sollozos explícitos en contadas ocasiones. Su templanza ha aguantado la muerte de su padre, la de los grillos que vivían en el bote de tomate, las primeras experiencias sexuales, un parto y un divorcio.