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Archive: Viajero en la India Subscribe to Viajero en la India

El templo de las ratas de Bikaner: ¿visita obligada en la India?

Written by | 08 February 2013 | Comments Off
Interior del templo de Karni Mata, el llamado Templo de las Ratas
Interior del templo de Karni Mata, el llamado Templo de las Ratas Cerca de Bikaner hay templos llenos de ratas que trepan a los hombros de los sacerdotes y corretean entre los pies de los visitantes… Javier Moro, Impresiones: Rajastán Si por algo destaca Bikaner es sin duda por albergar a escasos kilómetros de su núcleo urbano el templo de Karni Mata. También conocido como el templo de las ratas, el santuario de Karni Mata está dedicado a esta encarnación de la diosa hindú Durga, que según cuentan los mitos profetizó la gran victoria de Rao Bika, rey y fundador de Bikaner. Millares de ratas se crían, pululan libres y son veneradas entre las paredes del templo, pues se cree que las almas de los seguidores de Karni Mata están encarnadas en la patulea de roedores que corretea

Artículo en ocholeguas.com

Written by | 09 July 2008 | Comments Off
Me han publicado un artículo sobre la India en el recién nacido portal de ocholeguas.com, sección de elmundo.es dedicada a viajes. No puedo negar que me hace ilusión ver mi nombre en letras de molde en la web de información en español más leída del mundo, aunque de noche acaricio la quimera de que éste sea el primero de una larga serie de escritos sobre mis viajes en ocholeguas.com. El artículo se titula Los jardines de Mandore, un viejo conocido de los lectores de este blog, a los que agradezco que aún sigan leyendo mis esporádicas anotaciones aquí. A ellos va dedicada esta primera victoria. Nos vemos en el camino. Mis pasos se dirigirán esta vez, como siempre, al Este, a la vieja Europa. Más artículos del autor en www.viajeroenlaindia.com Artículos relacionadosIndia

India (XXXV): El legado de San Francisco Javier

Written by | 21 June 2008 | Comments Off
Pero Benarés no son sólo ghats y templos prohibidos. Toda una ciudad se extiende en la orilla oeste del Ganges hacia el interior. Detrás de los siniestros callejones mediante los cuales se accede a las márgenes del río, la Benarés turística y céntrica, polvorienta y bulliciosa, comercial y poluta, se abre ante los ojos del viajero como una flor de loto en mitad de una laguna negra. Existe una calle sin nombre que ni siquiera aparece en los mapas de Benarés, sin embargo se encuentra entre sus arterias más transitadas por peregrinos y viajeros, curiosos y falsarios, creyentes e infieles. Se trata de una vía peatonal y empedrada, flanqueada por toda clase de vendedores con la mercancía expuesta en puestos y trapos, desde los sempiternos inciensos, polvos de colores y guirnaldas aromáticas

India (XXXIV): Muerte en el Ganges

Written by | 03 June 2008 | Comments Off
El silencio cayó como si la vida hubiera tocado a su fin. Se apagó la música en ese instante de la noche en el que se escucha el aullido de perros solitarios en la distancia. Concluida la ceremonia de la Ganga Aarti, los espectadores y los fieles volvían a sus hogares y sus hoteles entre sombras furtivas y fantasmales. Cuando los cinco pujaris terminan su danza sagrada la «ciudad de la luz» se torna oscuridad, Benarés muere bajo el peso implacable del tridente de Shiva. La luna rielaba sobre las ondas de la superficie del Ganges. Sólo se escuchaba, en la inmensidad de la noche, el crujido monótono de los remos al alzarse y luego hundirse en el río. Parecíamos navegar sobre el abismo, como si surcáramos las aguas de la laguna Estigia, que engullían a todo aquél que osara atravesarlas.

India (XXXIII): Eklingji

Written by | 28 May 2008 | Comments Off
A unos veinte kilómetros de Udaipur existe un gran complejo de templos de gran antigüedad que sirve de culto a la deidad del viejo estado de Mewar, Eklingji, una de las múltiples representaciones del dios Shiva. La construcción del recinto, que contiene entre sus muros ciento ocho templos, comenzó en el año 971, durante el reinado de la dinastía Sesodia de Mewar. Como curiosidad, en su interior se levanta el único templo de culto de la secta Lakulish en toda la India, con más de mil años de antigüedad. Este complejo de templos no figura en las guías de viaje. Sólo los conductores como Gurupal saben de su paradero. Fue cruzar el umbral de su puerta principal y respirar el ambiente de solemnidad reinante. Al vernos, un guarda de seguridad se acercó a nosotros y nos lo dejó muy

India (XXXII): Bosquejo de ensayo social

Written by | 07 May 2008 | Comments Off
Durante más de tres mil años, el sistema de castas ha existido en el subcontinente. Se trata de un sistema hereditario de estratificación social en el que las clases sociales se definen por un número de grupos endogámicos conocidos varnas. Las castas se multiplicaron debido a cambios introducidos en la ley brahmánica y a diversidades regionales que establecieron profusas subdivisiones denominadas jāti (familia). Las castas nacen, como todo en la India, de la religión: el hinduismo enseña que los seres humanos fueron creados de las diferentes partes del cuerpo del dios de la creación, Brahma. En función de la parte del cuerpo de Brahma de la que surgió cada hombre se distinguen cuatro castas básicas, que definen su estrato social y la clase de trabajos al que puede dedicarse. Las

India (XXXI): Extracto de Jaisalmer

Written by | 21 April 2008 | Comments Off
Alí nos condujo hacia el fuerte en primer lugar. Nos movimos entre sus callejuelas, entre vacas y perros, tenderetes y capazos de hortalizas y legumbres, inciensos y especias, telas y suvenires, bares y cibercafés para occidentales. Accedimos a los templos jainistas de Chandraprabhu y de Rikhabdev, y pudimos admirar desde su interior las havelis de varias mansiones repartidas por toda la ciudad. Merced al salvoconducto del que disfruta por contratar a un cicerone autóctono, uno puede penetrar en las principales residencias de antiguos mercaderes de fortuna y primeros ministros del colonialismo, tales como la Patwon-ki-Haveli, la Salim Singh-ki-Haveli y la Nathmalji-ki-Haveli. Desde la altura de sus azoteas el viento cálido de las dunas susurra al oído cantos de antaño, lamentos de tiempos

India (XXX): Ofrendas jainistas

Written by | 11 April 2008 | Comments Off
Antes de partir de Bikaner, Gurupal, nuestro conductor, nos llevó a las afueras de la ciudad a visitar un templo pequeño y solitario. Se trataba de un santuario jainista conocido como templo de Bhandasar. El jainismo representa en la actualidad una ínfima parte de la feligresía india. Es una religión muy minoritaria, dispersa en núcleos de escasa envergadura sobre territorios aislados al oeste, en el centro y en el sur del subcontinente. Se estiman unos cuatro millones de fieles jainas en todo el país. Estadísticamente, ocupa el séptimo puesto entre las distintas religiones que se profesan en la India en número de devotos, muy por detrás de las más populares: hindúes (a la cual se adhiere casi la totalidad de la población), musulmanes suníes, musulmanes chiíes, cristianos,

India (XXIX): El museo de sueños

Written by | 07 April 2008 | Comments Off
A Joan Manuel Gisbert, escritor de sueños inmortales, por alimentar mis fantasías infantiles. El chico, Kajal, nos esperaba a la salida. Nos condujo hacia otra casa, a la que accedimos con la consabida patente de corso. Aquélla no recordaba demasiado a las otras viviendas que albergaban havelis (frescos) en sus patios, era oscura, de techos muy bajos, como la casa del viejo pintor de sedas. Tampoco había ventanas, y la disposición de las habitaciones, que atravesábamos pisándole los talones a Kajal, era tan laberíntica que pronto perdí la orientación en la oscuridad casi total. Aquello empezó a olerme a chamusquina, pero no había vuelta atrás, sabía que no podría encontrar el camino de vuelta. Sólo quedaba seguir a cierta distancia el rumor de pasos de Kajal, que se movía

India (XXVIII): La mirada de la pobreza

Written by | 03 April 2008 | Comments Off
Para cuando quise darme cuenta, el corazón de la India profunda me había engullido. Fue de improviso, de repente me vi en una callejuela sucia y angosta que ascendía en pendiente suave. La estrechez de la calle proyectaba una sombra balsámica, y el sol, que momentos antes pesaba como una losa sobre la cerviz, se escudaba oblicuo tras las fachadas. Entonces reparé en la gente. Hombres, mujeres, ancianos y niños nos observaban pasmados, expectantes, como si no hubieran visto a un occidental en su vida. El olor me llegó como un derechazo en las narices. Era un hedor acre, sofocante, corrosivo, abrumador, que parecía adherirse a la piel y cegar los sentidos. Olía a inciensos, a putrefacción, a orines y aguas fecales, todo sincopado en una mezcla inmunda. No pude reprimir una mueca de