10:24 pm - miércoles junio 3, 2020

Archive: Opinión Subscribe to Opinión

Las guerras y las calles (y VII)

Written by | 08/03/2008 | Comentarios desactivados en Las guerras y las calles (y VII)
Estos días florecen los cerezos jóvenes de la calle del Arenal. Tan jóvenes son que sus frágiles troncos, que más bien parecen una rama más, se doblan con el viento que ha sacudido la ciudad esta última semana. Tan jóvenes son que a uno le hacen dudar si tal vez no serán éstas sus primeras flores. Tan jóvenes son que soportan la intemperie desnudos, descarnados, nudosos, plantados en fila india en uno de los márgenes de la calle tiritando, como en un campo de concentración. Hoy asesinaron a un hombre. Fue rápido, certero y cobarde el tiro que le cercenó la aorta por la espalda. Dos disparos más en el pecho y trabajo concluido. Con el arma aún humeante, el asesino tal vez mira cómo la mujer y la hija de la víctima, que lucha por respirar entre gorgoteos de sangre, taponan

Las guerras y las calles (VI)

Written by | 05/03/2008 | Comentarios desactivados en Las guerras y las calles (VI)
Hoy hace buen día, como todos los domingos: el sol se introduce entre los visillos de las persianas, como si quisiera inundarlo todo de luz. La primavera de primeros de marzo empieza a desperezarse y se hace notar, engreída y traviesa, con su brisa de flores tempranas. Paseo por la plaza de Tirso de Molina, espléndida, plena de gente que toma el sol, niños que juegan en el parque y jóvenes que toman cañas en las terrazas. Nada hace sospechar que un par de días antes aquel lugar había visto abrirse las puertas del infierno bajo sus pies. Todo se ha limpiado. Todo vuelve a la normalidad. Lo único que hace recordar la batalla son los grandes agujeros en el pavimento que sirvieron de cantera de artillería, algún escaparate resquebrajado y el rastro inconfundible del fuego en las fachadas.

Las guerras y las calles (V)

Written by | 02/03/2008 | Comentarios desactivados en Las guerras y las calles (V)
El pasado viernes venía yo de trabajar a eso de las ocho y media de la noche. A la altura de la Puerta del Sol me fijé en que un helicóptero sobrevolaba la zona, titilando en la negrura del cielo con una luz roja intermitente. Al doblar la esquina que conduce a la plaza de Tirso de Molina escuché disparos en la lejanía. Era la primera vez en mi vida que oía detonaciones reales. Enseguida me asaltó un sentimiento de alerta, de miedo cerval y paralizante ante lo desconocido, pero enseguida se vio subyugado por una sensación de curiosidad imparable, estimulante, perentoriamente autoritaria, que me acuciaba a continuar mi camino hacia Tirso de Molina. El aire estaba cargado de una bruma blanca que despedía un olor que no acertaba a relacionar. Llegué hasta la bocacalle de la plaza, donde

Las guerras y las calles (IV)

Written by | 23/02/2008 | Comentarios desactivados en Las guerras y las calles (IV)
Llovía. Y lo hacía con ganas, pertinaz, como si no hubiera llovido en todo el invierno, aunque con suavidad, tomándose su tiempo. Cuando llueve de noche parece como si cayera agua negra del cielo, petróleo casi, como lágrimas de rímel que se escurrieran furtivas sobre un rostro de asfalto. Lágrimas oscuras que la gente pisotea a su paso, torrenteras de llanto que reflejan destellos caleidoscópicos de farolas y neones, devolviéndole a la ciudad su propia imagen, aunque nublada de azogue fuliginoso. Y así la lluvia cubre la realidad con un velo como de encantamiento, con rumores sostenidos que aletargan las agujas del reloj. La gente se recoge, se repliega hacia su interior, desaparece. Mientras la lluvia cae, la vida continúa, aunque sólo de puertas para adentro. Tal vez por eso

Las guerras y las calles (III)

Written by | 20/02/2008 | Comentarios desactivados en Las guerras y las calles (III)
Duelo de garrotazos, de Goya Se acercan tiempos de elecciones, que son la materialización conceptual de la violencia que ha inundado la cosa pública en los últimos años. Hemos contemplado atónitos cómo los políticos de cada facción se despellejaban los unos a los otros desde sus tribunas sin el menor miramiento ético, utilizando cualquier argumento a mano, por peregrino que sonara al oído, por vergonzoso que resultara a testigos ajenos. Y en los medios de comunicación, como sicarios persiguiendo el hueso que les lanza su amo, los periodistas, cada cual cobijado bajo la sombra del árbol de quien les da comer, se dan leña y se miden el hígado a garrotazos con ferocidad tal como si les fuese la misma vida en ello. Como en aquel mural de Goya, símbolo crudo del carácter español. Lo

Las guerras y las calles (II)

Written by | 17/02/2008 | Comentarios desactivados en Las guerras y las calles (II)
Plaza de Santa María Soledad A pesar de todo, siempre se encuentra una rendija de luz en el muro de oscuridad que a veces parece cernirse sobre nuestras vidas. Siempre conseguimos sacar la cabeza del agua lo justo para tomar un poco de aire antes de volver a hundirnos en las profundidades. Siempre, en fin, hay un mañana. Al día siguiente vuelve a amanecer y todo comienza nuevamente. La vida nos brinda una nueva oportunidad y nos tiende la mano, como si quisiera decirnos que lo intentemos una última vez. A veces pienso que nunca se está lo bastante derrotado como para no ser capaz de volver a levantarse, y lo pienso al recorrer, día tras día, las calles de Madrid. Cada cual con el que uno se cruza en su camino carga con su propia tragedia, y su peso a veces puede resultar demasiado doloroso.

Las guerras y las calles (I)

Written by | 11/02/2008 | Comentarios desactivados en Las guerras y las calles (I)
Me despierto. El sol entra por el cristal opaco de la ventana. Apago el despertador a tientas, aún con los párpados luchando por descorrerse, pero la alarma del aparato no cesa. Vuelvo a palpar a ciegas la claridad mientras la realidad vuelve a aposentarse en mi cabeza y las neuronas comienzan a encajar entre sí de nuevo. Ese sonido detestable me martillea las sienes. Es entonces cuando reparo que no es el despertador, sino el timbre de la puerta. Respiro hondo. ¿Quién se presenta en casa ajena por la mañana? Cierro los ojos otra vez y me abandono al letargo. Suena el móvil. Descuelgo. Oye, suena una voz femenina en el auricular, que tenemos al mensajero en la puerta de tu casa y no hay nadie. Doy un respingo y vuelo, mesándome la pelambrera por el descansillo, hasta la puerta. Saludo

Placer y alivio

Written by | 14/02/2007 | Comentarios desactivados en Placer y alivio
Me pregunto cuánto hay de placer en el alivio, y cuánto de alivio en el placer. Artículos relacionadosIndia (XIV): El comerciante de especiasIndia (XXXIII): EklingjiEl pintor de sueños fractales

Vanidad de vanidades

Written by | 12/02/2007 | Comentarios desactivados en Vanidad de vanidades
Nunca he sido vanidoso. Simplemente soy tímido, me da vergüenza ser el centro de atención, me incomoda hablar de mí. Tal vez por eso, más que un diario, esto que escribo sea un cuaderno de vida, no la mía, sino la proyección que uno hace de cuanto le rodea. Podríamos llamarlo entonces cuaderno de vitácora, si se me permite el neologismo. Y hablo de la vanidad a cuento de que hace un par de semanas salió publicada una entrevista que me hizo el semanario La Calle de Córdoba, a medio camino entre el artículo y la entrevista rigurosa, por mi condición de cordobés y, además, y sobre todo, webmaster de la web oficial de Fernando Sánchez Dragó. He de admitir que la entrevista quedó bien, salvo por algún detalle sin la menor importancia que la periodista malinterpretó de mis declaraciones.

Los amigos no son para toda la vida

Written by | 27/12/2006 | Comentarios desactivados en Los amigos no son para toda la vida
La Navidad siempre se le atraganta a uno. Parece esta época la idónea para darse cuenta de cuán solos estamos y de lo desgraciados que somos. Son éstas las horas bajas en las que recurrimos a los buenos amigos, a los de toda la vida, para tratar de ahogar nuestras penas en conversaciones vanas inundadas de silencios que pronto dejan de ser incómodos para tornarse en tediosos. Se nos descubre entonces que nada nos une ya a ese buen amigo, que cada uno ha seguido su propio camino en su lucha por la supervivencia. Supongo que debe de ser igual la sensación de hablar con un envoltorio vacío, con el que sólo tienes en común un puñado de recuerdos mal recordados. Tal vez las amistades tengan fecha de caducidad, tal vez sólo puedan darse en momentos específicos de la vida en los que confluyan