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El viaje y la renuncia

Written by | 04 August 2014 | Comments Off
El viaje y la renuncia
Recordaba con genial sorna Gómez Dávila que las catedrales no fueron construidas para fomentar el turismo. Que una observación así pueda perder la ironía para convertirse en didáctica nos hace temer una profunda ignorancia de todo lo referido a nuestra tradición. No vamos descaminados: hablar hoy de dioses remite a un vago y neblinoso territorio situado junto a dragones, elfos y vampiros con acné. Antes los ilustrados negaban el mito. Ahora, sencillamente, todo se confunde con todo. La orfandad de trascendencia que caracteriza a nuestros días ha sido sustituida por lo que le quedaba más a mano: la experiencia. Nos urge la necesidad de espacio y de tiempo. De ahí la cantinela del ser uno mismo, que con rictus de selfie, promueve un «yo estuve ahí» planetario de mecánica ansiosa.

El rincón de los amantes, en los Jardines de Luxemburgo (París)

Written by | 20 February 2013 | Comments Off
El rincón de los amantes, en los Jardines de Luxemburgo (París)
Sonó el despertador. Las diez de la mañana. A veces uno incluso maldice despertar, inconsciente de su insensatez. El albor grisáceo y cegador se colaba por el hueco de la cortina. Oí a las chicas parlotear y levantarse. Volví a recordar: París, la llovizna, Nochevieja, los Campos Elíseos. Me quedé unos minutos más en la cama paladeando esos pensamientos, que eran imágenes sincopadas que iban y venían como un lánguido oleaje onírico, igual que resonaban en los oídos los pasos cercanos, pero a la vez tan remotos, de mis compañeras de habitación. Creo que en aquel momento, sin saber por qué, fui feliz. A veces la felicidad se presenta así, de manera estúpida, sin avisar. El día de año nuevo se nos presentó algo fresco, y decidimos tomárnoslo con más calma. Las jornadas

Las ciudades de la luz: Inmortal y reclamo (y II)

Written by | 21 June 2010 | Comments Off
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Chopin Asombra verdaderamente la capacidad de atracción que la capital francesa ha poseído siempre para los melancólicos que notaban cómo la muerte les iba carcomiendo el alma. Uno de los monumentos más delicados de Père Lachaise es el mausoleo de Chopin, formado por un medallón con su perfil en relieve y una ninfa de mármol pálido que parece haberse quedado dormida en pleno llanto. Es célebre su relación tormentosa con la escritora George Sand, nom de plume de Aurore Dudevant, y la inestabilidad emocional que provocó en la vida del compositor. Príncipe del spleen, hacia el final de sus días había huido de la influencia insana de su musa para refugiarse en una gira inútil por el Reino Unido que minó su de por sí quebradiza salud y su voluntad de sobrevivir por mucho más

Las ciudades de la luz: Inmortal y reclamo (I)

Written by | 17 June 2010 | Comments Off
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El del Père Lachaise es el cementerio más popular, nutrido y extenso de París. También ostenta el título del más visitado del mundo, y sólo de pensarlo dan ganas de salir corriendo en dirección contraria. Allí descansan los restos de todo aquél que haya sido alguien en la intelectualidad francesa de los últimos dos siglos. Dicho de otro modo, de no encontrarse enterrado en el Panteón parisino, a cualquier muerto ilustre galo sólo cabe buscarlo en Père Lachaise. Cuando se inauguró, en los albores del siglo XIX, nadie recordaba ya por qué se llamaba así. Nadie sabía que antes que camposanto había sido viña, y que hasta allí peregrinaban todos los obispos de París para abastecerse de vino para las comuniones. Con el tiempo la finca les sería donada a los jesuitas, y su

Las ciudades de la luz: Un poeta americano en París (y III)

Written by | 08 June 2010 | Comments Off
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Las extrañas circunstancias que envolvieron su muerte han dado pábulo a todo tipo de interrogantes y especulaciones sobre lo que en realidad pudo haber pasado en aquella habitación de hotel. Tal vez obedezca a esa incertidumbre el hecho de que la tumba de Jim Morrison sea el enclave más visitado de Père Lachaise, adonde sus seguidores acuden a rendirle homenaje y acercarse lo más posible al enigma del hombre, aunque sólo sea físicamente. También se caracteriza por tratarse del único lugar vigilado del cementerio. Dos guardas de seguridad velan por la integridad de la sepultura del músico al otro lado de las vallas de aluminio durante el día y, por la noche, varias cámaras de infrarrojos se encargan de que sólo los gatos merodeen por los alrededores. En el pasado, la tumba fue

Las ciudades de la luz: Un poeta americano en París (II)

Written by | 05 June 2010 | Comments Off
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De ese modo los pasos pretéritos de Wilde habían conducido a Morrison y a Borges hasta París, a la misma habitación estrecha y decorada con tan mal gusto en la que el escritor irlandés vivió su agonía. A esas alturas de su vida, a Borges le sería imposible apreciar el espantoso papel floreado que tapizaba las paredes, al que Wilde, en un arranque sarcástico en mitad de su delirio final, achacó la causa de su muerte próxima. No así a Morrison, del que cuentan que un día se cayó por la ventana, acaso intentando atrapar una musa esquiva entre las flores pintadas en el tabique. Y es que debía tratarse de un empapelado verdaderamente feo, porque casi se lleva por delante no sólo a Wilde, sino también a Morrison. La Rue des Beaux Arts es una calle recoleta y tranquila, donde el

Las ciudades de la luz: Un poeta americano en París (I)

Written by | 02 June 2010 | Comments Off
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Si se continúa por los caminos empedrados hacia el sur, aparece la parte más antigua de Père Lachaise, un laberinto de sendas mezcladas y ensortijadas por entre lápidas y criptas. Allí, lejos de las grandes avenidas del cementerio, ocupando el centro de un gran círculo en el que no hay más muertos de renombre, se halla el lugar donde descansa Jim Morrison, líder y solista de los Doors, el único grupo estadounidense de los sesenta capaz de plantar cara al éxito transatlántico Beatle. Y descansa, verdaderamente, porque en vida nunca encontró reposo. Se trata de otro caído más en la historia del rock. Junto a Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Kurt Kobain, forma parte del denominado Club de los 27, ese grupo de jóvenes leyendas ahogadas en su propio vómito a los veintisiete

Los papeles del calabozo

Written by | 12 February 2010 | Comments Off
Epitafio de Oscar Wilde
Lástima que cuando uno rodea el mausoleo de Wilde se dé de bruces con una larga inscripción en la parte trasera que da la espalda a la avenida. Allí puede leerse, enmarcada en la losa que aplasta la tumba sobre la tierra, una profusa biografía de Wilde en la que resaltan, como dos puñaladas hendidas en la piedra, explícitamente, esta vez sí, los años de nacimiento y defunción. Sigue un versículo del Libro de Job que ensalza su elocuencia y su encanto personal: «Tras mi palabra no replicaban, y mi razón destilaba sobre ellos». Y debajo, unos versos de La balada de la cárcel de Reading: Y por él lágrimas ajenas llenarán la urna de la piedad, rota desde hace tiempo, pues quienes le guarden duelo serán los parias, y los parias siempre están de luto. A la vista de esa estrofa,

Excurso al pie del mausoleo de Wilde

Written by | 05 February 2010 | Comments Off
Excurso al pie del mausoleo de Wilde
Decía Oscar Wilde que «el único amor consecuente, fiel, comprensivo, que todo lo perdona, que nunca nos defrauda, y que nos acompaña hasta la muerte es el amor propio». Quizá por eso su lápida en Père Lachaise esté cubierta de besos. Y pese al buen concepto que de sí mismo tenía, los besos no son suyos, sino de las mujeres parisinas que al hilo de más de cien años han velado su letargo y lo han amado a escondidas, ya que a él le era más grata la compañía masculina, dejando un rastro de carmín sobre la inmensa losa que aplasta su tumba contra la tierra. También aseguró, poniéndolo en otros labios, los de Salomé, tan legendarios como letales, tan hermosos como funestos, en una escena de su obra de teatro ante Herodes Antipas, que «el misterio del amor es mayor que el misterio

Viaje a París (y XII): El eterno palíndromo

Written by | 09 February 2007 | Comments Off
La gran pirámide de cristal y el Louvre Continué mi largo paseo por el centro de París a través de los Jardines de las Tullerías. El término de las Tullerías penetra directamente en el Museo del Louvre, en el recinto que alberga la gran pirámide de cristal, que sirve de entrada al museo. La gente se agolpaba a su alrededor, atraídas por la lectura de noveluchas de misterio esotérico, como hormigas alrededor de unos despojos. Yo pasé de largo y atravesé los patios interiores del Louvre hasta llegar al Patio Cuadrado. De allí me dirigí, por la salida lateral, al Puente de las Artes, inmortalizado por Cortázar en Rayuela. Desde el puente bordeé la Isla de la Ciudad hasta llegar a la Plaza de St. Michel y al fin a la catedral de Notre Dame. Vista lateral sureste de Notre Dame