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Crítica: ‘Noches de acero’ o un lapso de arte efímero

Written by | 16/12/2012 | Comentarios desactivados en Crítica: ‘Noches de acero’ o un lapso de arte efímero
Las puertas del teatro se abren. En el vestíbulo del salón principal, entre sillas dispuestas a su alrededor, un hombre yace inmóvil sobre una cama. No hay escenario. No hay diferencia de nivel entre el público, que ocupa sus asientos tímidamente, y el hombre que hunde su rostro en la almohada. Apenas unos metros de distancia. Los más atrevidos, quienes toman asiento en la primera fila, podrían tocar al actor con sólo alargar la mano. Es tarde. Son las diez de la noche. El aforo termina llenándose. Incluso hay gente de pie apoyada en las paredes del perímetro. Escrita por Saúl F. Blanco y dirigida por Eduardo Velasco, se trata de una función única, enmarcada en el circuito Off del Teatro Lara, aunque parece haber suscitado un interés formidable. Entre los asistentes, caras reconocibles

Brindis de secretos compartidos

Written by | 09/11/2009 | Comentarios desactivados en Brindis de secretos compartidos
Fin de semana en Pozoblanco. Tiempo dedicado a la familia, a recorrer con los ojos y la yema de los dedos los objetos que dejé abandonados en mi habitación cuando me marché a Madrid, a encogerme bajo el calor del mismo embozo que acunó mis sueños de niño, envuelto en la fragancia infantil que aún lo impregna, que permanece intacta todavía. Reencuentros con los amigos de siempre. Tardes de cafés, futbolines y risas en el bar; noches de copas, pubs y charla bajo el calvario de la música, el humo y los haces de luz cegadora. Por las tardes, cuando bajo temprano por la calle empedrada camino del bar, el cielo nuboso ya tiñe de púrpura sus volúmenes sobre los tejados y envuelve el campanario de la iglesia de Santa Catalina durante esos instantes en los que la luz mortecina ensucia

Episodios magdalenienses

Written by | 29/10/2009 | Comentarios desactivados en Episodios magdalenienses
Marcel Proust Estos episodios magdalenienses se conoce que deben pertenecer a uno de esos incontables lugares comunes de los que se nutre la literatura. Sólo faltaba que alguien con el suficiente genio como para describir el fenómeno con el acierto y la profundidad que diferencia a los inmortales de los demás estableciera sus bases. Anoche, mientras veía una entrevista a Modesto Roldán, pintor de feminidades, en la televisión, me sorprendió ―como a Marta Rivera de la Cruz― que evocara un episodio de este tipo, cuando, sentado en un tablao flamenco, el paladar de una botella de Albagnac le devolvió a la orilla del mar de su infancia onubense. Pero Proust llegó antes que todos nosotros, modeló limpiamente el arquetipo y condenó a las demás generaciones de escritores a jugar al

Una esquina del recuerdo

Written by | 26/10/2009 | Comentarios desactivados en Una esquina del recuerdo
Al día siguiente de haber anotado lo anterior me topé con este texto en el Do fuir de Trapiello: «Hoy estuve en Moncloa. Parecía estar esperándole a uno el mundo de 1970. […] Al pasar junto a la boca de Isaac Peral, y si hubiese sido un héroe romántico me habría dado un mareo y habría tenido que agarrarme a un árbol para no caer al suelo fulminado por los recuerdos, pareció surgir de aquella profundidad hedionda aquel mundo que yo creía completamente olvidado. Los recuerdos llegaron en tropel, como hijos de un espasmo imprevisto. […] Estos recuerdos fueron los que sacudieron durante unos instantes a aquel hombre que súbitamente volvía a tener sus doloridos diecisiete años, sólo por el hecho de pasar delante de una boca de metro.» Y luego, cuando comenzaba la lectura

Caballitos de madera

Written by | 22/10/2009 | 1
Navegando un poco a la deriva, arribo al blog de Marta Rivera de la Cruz. Entre sus méritos destaca el haber sido finalista del Premio Planeta en 2006, y no pasará mucho tiempo antes de que se alce definitivamente con el galardón literario más espléndido de las letras españolas. Excepciones aparte, parece ésta la única vía posible para los escritores jóvenes de hacerse con el premio de premios. El último ejemplo lo tuvimos el otro día con Ángeles Caso. Finalista en 1994, ha ganado el Planeta quince años después. Y no es el único caso (discúlpeseme la humorada). Entre otros beneficiarios de ambas categorías figuran Fernando Savater, Maria de la Pau Janer, Fernando Schwartz, Fernando Sánchez Dragó y Mercedes Salisachs (finalista en dos ocasiones), entre otros. No es la primera

Reminiscencias

Written by | 29/10/2007 | Comentarios desactivados en Reminiscencias
Vivimos días de sol gris y noches de vientos de cristales rotos. Mientras uno encamina sus pasos en la hora de las brujas hacia el arrullo del hogar, la estación otoñal le envuelve la piel como un suave fular sobre los hombros encogidos. El otoño es una época dulce, y a uno parece antojársele su propia vida como esas hojas ajadas que cada día van alfombrando el pavimento de las calles de la ciudad, como si fueran páginas desgarradas, desgajadas del libro deshilachado de nuestra vida, que el viento de los años vividos dispersara en remolinos. Los días transcurren fugaces, como estrellas que cayeran sobre el cendal de una noche clara de verano. Cada vez más lejos queda la reminiscencia de julios y agostos. Vistos desde la perspectiva de las primeras semanas de otoño, aquellos meses

Ríete de tus sueños, de ti mismo, de todo

Written by | 11/12/2006 | Comentarios desactivados en Ríete de tus sueños, de ti mismo, de todo
Es importante que el hombre sueñe, pero también lo es que sepa reírse de sus sueños. (Lin Yutang) Cuando alguien es incapaz de reírse de sí mismo ha llegado el momento de que otros se rían de él. (Thomas Szasza) Para empezar, y por si acaso, ríete de todo, porque nada importa nada. (Fernando Sánchez Dragó) Últimamente me cuesta escribir en este diario. A veces es por el tono. Si ato largo a la pluma se me desmanda y me salen párrafos exuberantes y demasiado grandilocuentes, cargados de simbolismo, metáforas y lo que dicen que escriben los malos poetas, prosa poética. No sería la primera vez que me autocensuro párrafos enteros para no ahuyentar al personal, los pocos benditos que aún me siguen. La fragosidad no es amiga de la literatura actual, eso es cosa sabida, pero tampoco

La roca de Sísifo

Written by | 29/11/2006 | Comentarios desactivados en La roca de Sísifo
La otra noche tuve uno de esos sueños con los que se despierta uno atontado, un poco perdido y sin saber dónde está ni si acaba de despertarse en la realidad o sigue soñando. Ese tipo de sueños que te dejan tocado durante todo el día, porque, de tan significativos y reveladores, da casi miedo asomarse a los oscuros pozos polvorientos sobre los que han arrojado un atisbo de luz que hacía siglos que no veían. Aquel sueño eran en realidad dos, pero que venían a decir prácticamente lo mismo, aunque con diferentes matices. El primero de ellos me mostraba a mí mismo, desde la perspectiva de mi propia vista, escalando por un antiguo templo de corte oriental, una suerte de pagoda de piedra, ascendiendo hacia la cúspide con denodados esfuerzos, pues cada vez que mi mano se asía a algún

De capa caída

Written by | 15/08/2006 | Comentarios desactivados en De capa caída
Llevo unos días de capa caída, que no sé qué me pasa, que no doy pie con bola, que no estoy en lo que estoy, que no hilo fino en esto de hilvanar palabras como acostumbraba. Ando un poco dando tumbos. Llevo más de una semana sin escribir nada, pero es que tampoco me ha pasado nada que tenga que contar. O es quizá que la tinta apática de la pluma me pesa demasiado en los dedos como para ponerme en el trance de tener que levantarla. Tengo sueños extraños, malignos, desconcertantes, duermo mal, a deshora, lo cual provoca cambios de horarios de sueño que me hacen levantarme cansado y con dolor de cabeza. Pretendía irme a la playa con mis amigos este próximo fin de semana, pero luego mira uno el almanaque y boquea, se le caen dos lagrimones al suelo al contemplar lo adelantado que está

El signo de Géminis

Written by | 31/07/2006 | Comentarios desactivados en El signo de Géminis
Desperté con la sensación de una presencia extraña en mi habitación. Sabía que alguien estaba frente a mí, observándome, percibía su respiración acompasada. Abrí los ojos a la noche, pero la silueta de aquello que había turbado mi sueño no se recortaba en la penumbra, sin embargo sus ojos me escrutaban en el negror de la madrugada y yo sostenía su mirada con una valentía que los fuertes pálpitos de mi corazón no me dejarían mantener por mucho tiempo. Era extraño, pero no advertía hostilidad alguna en aquella presencia, que cada vez se acercaba más al lateral de mi cama, pero un sentimiento de desconfianza se apoderó de mí de repente. Rompí la baraja y encendí la luz como un rayo en un intento de sorprenderle. Su brillo amarillento me deslumbró, acostumbrados mis ojos