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Llegar cuando las luces se apagan

Written by | 24/12/2012 | Comentarios desactivados en Llegar cuando las luces se apagan
Chus Lago al lado de la estaca que marca la posición 90° 0’ 0’’: el Polo Sur Geográfico Vivimos tiempos de melancolía. Más de uno habría deseado que en verdad el mundo se hubiera terminado el pasado 21 de diciembre. La depresión de la gente empieza a palparse, como un cáncer que poco a poco fuese contaminando su entorno. Y la peor parte se la lleva la juventud, que se incorpora a un mundo gris, en declive. Entonces me he acordado de Chus Lago, la tercera mujer del mundo en subir al Everest sin oxígeno. También ha coronado con éxito los picos más altos de la Unión Soviética. Sin embargo, no contenta con las rentas de glorias pasadas, hace tres años alcanzó el Polo Sur, donde en el transcurso de dos meses había atravesado 1100 kilómetros andando en solitario, sin trineo

Estados Unidos

Written by | 04/04/2011 | Comentarios desactivados en Estados Unidos
Después de tantos viajes, la memoria de los lugares sobreviene cargada de cierta fascinación. Estados Unidos, sin embargo, es el único país que siempre recuerdo con nostalgia. A caballo a través de Monument Valley (Frontera Utah-Arizona) Artículos relacionadosViaje a París (IX): Granito y mármolMilán. Ciudad de pasoIndia (XXII): Dashaswamedh Ghat

Las ciudades de la luz: Inmortal y reclamo (y II)

Written by | 21/06/2010 | Comentarios desactivados en Las ciudades de la luz: Inmortal y reclamo (y II)
Chopin Asombra verdaderamente la capacidad de atracción que la capital francesa ha poseído siempre para los melancólicos que notaban cómo la muerte les iba carcomiendo el alma. Uno de los monumentos más delicados de Père Lachaise es el mausoleo de Chopin, formado por un medallón con su perfil en relieve y una ninfa de mármol pálido que parece haberse quedado dormida en pleno llanto. Es célebre su relación tormentosa con la escritora George Sand, nom de plume de Aurore Dudevant, y la inestabilidad emocional que provocó en la vida del compositor. Príncipe del spleen, hacia el final de sus días había huido de la influencia insana de su musa para refugiarse en una gira inútil por el Reino Unido que minó su de por sí quebradiza salud y su voluntad de sobrevivir por mucho más

Las ciudades de la luz: Inmortal y reclamo (I)

Written by | 17/06/2010 | Comentarios desactivados en Las ciudades de la luz: Inmortal y reclamo (I)
El del Père Lachaise es el cementerio más popular, nutrido y extenso de París. También ostenta el título del más visitado del mundo, y sólo de pensarlo dan ganas de salir corriendo en dirección contraria. Allí descansan los restos de todo aquél que haya sido alguien en la intelectualidad francesa de los últimos dos siglos. Dicho de otro modo, de no encontrarse enterrado en el Panteón parisino, a cualquier muerto ilustre galo sólo cabe buscarlo en Père Lachaise. Cuando se inauguró, en los albores del siglo XIX, nadie recordaba ya por qué se llamaba así. Nadie sabía que antes que camposanto había sido viña, y que hasta allí peregrinaban todos los obispos de París para abastecerse de vino para las comuniones. Con el tiempo la finca les sería donada a los jesuitas, y su

Las ciudades de la luz: Un poeta americano en París (y III)

Written by | 08/06/2010 | Comentarios desactivados en Las ciudades de la luz: Un poeta americano en París (y III)
Las extrañas circunstancias que envolvieron su muerte han dado pábulo a todo tipo de interrogantes y especulaciones sobre lo que en realidad pudo haber pasado en aquella habitación de hotel. Tal vez obedezca a esa incertidumbre el hecho de que la tumba de Jim Morrison sea el enclave más visitado de Père Lachaise, adonde sus seguidores acuden a rendirle homenaje y acercarse lo más posible al enigma del hombre, aunque sólo sea físicamente. También se caracteriza por tratarse del único lugar vigilado del cementerio. Dos guardas de seguridad velan por la integridad de la sepultura del músico al otro lado de las vallas de aluminio durante el día y, por la noche, varias cámaras de infrarrojos se encargan de que sólo los gatos merodeen por los alrededores. En el pasado, la tumba fue

Las ciudades de la luz: Un poeta americano en París (II)

Written by | 05/06/2010 | Comentarios desactivados en Las ciudades de la luz: Un poeta americano en París (II)
De ese modo los pasos pretéritos de Wilde habían conducido a Morrison y a Borges hasta París, a la misma habitación estrecha y decorada con tan mal gusto en la que el escritor irlandés vivió su agonía. A esas alturas de su vida, a Borges le sería imposible apreciar el espantoso papel floreado que tapizaba las paredes, al que Wilde, en un arranque sarcástico en mitad de su delirio final, achacó la causa de su muerte próxima. No así a Morrison, del que cuentan que un día se cayó por la ventana, acaso intentando atrapar una musa esquiva entre las flores pintadas en el tabique. Y es que debía tratarse de un empapelado verdaderamente feo, porque casi se lleva por delante no sólo a Wilde, sino también a Morrison. La Rue des Beaux Arts es una calle recoleta y tranquila, donde el

Las ciudades de la luz: Un poeta americano en París (I)

Written by | 02/06/2010 | Comentarios desactivados en Las ciudades de la luz: Un poeta americano en París (I)
Si se continúa por los caminos empedrados hacia el sur, aparece la parte más antigua de Père Lachaise, un laberinto de sendas mezcladas y ensortijadas por entre lápidas y criptas. Allí, lejos de las grandes avenidas del cementerio, ocupando el centro de un gran círculo en el que no hay más muertos de renombre, se halla el lugar donde descansa Jim Morrison, líder y solista de los Doors, el único grupo estadounidense de los sesenta capaz de plantar cara al éxito transatlántico Beatle. Y descansa, verdaderamente, porque en vida nunca encontró reposo. Se trata de otro caído más en la historia del rock. Junto a Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Kurt Kobain, forma parte del denominado Club de los 27, ese grupo de jóvenes leyendas ahogadas en su propio vómito a los veintisiete

El Museo del Hermitage, en San Petersburgo

Written by | 06/04/2010 | Comentarios desactivados en El Museo del Hermitage, en San Petersburgo
Desde lo alto de una columna de casi cincuenta metros, la escultura del arcángel Miguel dirige su mano al cielo mientras observa con mirada de granito el cadáver del diablo, encarnado en la serpiente, aplastado a sus pies bajo el peso de la cruz de Cristo. Su figura terrible domina toda la Plaza del Palacio, una colosal explanada de cinco hectáreas de pavimento gris que dobla en extensión a la Plaza Roja moscovita. Su perímetro lo limitan las fachadas dieciochescas de un prodigioso complejo de edificios, 360 grados de salas de mármol y malaquita cuyos muros albergan más de tres millones de piezas de arte, una de las colecciones de arte más completas del mundo. Muerto el diablo, causante de la separación entre el hombre y el paraíso, esto es, de su fugacidad, a la humanidad sólo

Los papeles del calabozo

Written by | 12/02/2010 | Comentarios desactivados en Los papeles del calabozo
Lástima que cuando uno rodea el mausoleo de Wilde se dé de bruces con una larga inscripción en la parte trasera que da la espalda a la avenida. Allí puede leerse, enmarcada en la losa que aplasta la tumba sobre la tierra, una profusa biografía de Wilde en la que resaltan, como dos puñaladas hendidas en la piedra, explícitamente, esta vez sí, los años de nacimiento y defunción. Sigue un versículo del Libro de Job que ensalza su elocuencia y su encanto personal: «Tras mi palabra no replicaban, y mi razón destilaba sobre ellos». Y debajo, unos versos de La balada de la cárcel de Reading: Y por él lágrimas ajenas llenarán la urna de la piedad, rota desde hace tiempo, pues quienes le guarden duelo serán los parias, y los parias siempre están de luto. A la vista de esa estrofa,

Excurso al pie del mausoleo de Wilde

Written by | 05/02/2010 | Comentarios desactivados en Excurso al pie del mausoleo de Wilde
Decía Oscar Wilde que «el único amor consecuente, fiel, comprensivo, que todo lo perdona, que nunca nos defrauda, y que nos acompaña hasta la muerte es el amor propio». Quizá por eso su lápida en Père Lachaise esté cubierta de besos. Y pese al buen concepto que de sí mismo tenía, los besos no son suyos, sino de las mujeres parisinas que al hilo de más de cien años han velado su letargo y lo han amado a escondidas, ya que a él le era más grata la compañía masculina, dejando un rastro de carmín sobre la inmensa losa que aplasta su tumba contra la tierra. También aseguró, poniéndolo en otros labios, los de Salomé, tan legendarios como letales, tan hermosos como funestos, en una escena de su obra de teatro ante Herodes Antipas, que «el misterio del amor es mayor que el misterio