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Viaje a París (VII): La inolvidable Nochevieja parisina

Written by | 28/01/2007 | Comentarios desactivados en Viaje a París (VII): La inolvidable Nochevieja parisina
El Club de la Bohème Absurda: Maluba, Laura y yo, aquella noche en los Campos Elíseos Nochevieja en París. El solo pensamiento invitaba a fantasear. Sin embargo, no debíamos pensar en otra cosa que en el hecho de que al día siguiente habríamos de levantarnos temprano para seguir con nuestro tour parisino. Maluba había recibido la llamada de una amiga, que nos invitaba a una cena que habían organizado el grupo de amigos españoles que Maluba, al volverse a España hacía un año, se había dejado en París. Huelga decir que aceptamos, más que todo porque no nos veíamos una Nochevieja, y más en París, acostándonos con las campanadas. La cena transcurrió como transcurren las cenas entre viejos amigos: entre risas y recuerdos. Laura y yo, que no conocíamos a nadie —y, encima,

Viaje a París (VI): El Club de la Bohème Absurda

Written by | 24/01/2007 | 1
El sueño fue reparador. Después de algo más de treinta y seis horas sin probar una cama, uno se deja caer sobre el lecho, sea cual sea, como si fuese entre mullidos algodonales celestiales. Las chicas creo que se ducharon, pero para entonces ya había yo fundido en negro sin remisión. Sonó la alarma del despertador. Ocho horas de sueño nunca han sido suficientes. Maluba y Laura se levantaron. Yo pedía árnica y cinco minutos más. Nada, tuve que meterme debajo de la ducha casi a rastras, mientras ellas preparaban los bocadillos. ¿Dónde me encontraba? Lo recordé: en París, con aquellas dos chicas que apenas conocía. Creo que fue entonces, bajo el agua tibia de la ducha, la primera vez que fui plenamente consciente de la situación. Un suspiro. Día de San Silvestre. Empezamos por

Viaje a París (V): Una carta sobre un banco solitario

Written by | 22/01/2007 | Comentarios desactivados en Viaje a París (V): Una carta sobre un banco solitario
Aquella tarde deambulamos por el Barrio Latino, el Centro Pompidou, los Archivos Nacionales, el Barrio del Marais y el Barrio de Saint Germain des Prés. Uno casi podía palpar el suave influjo de la magia de París, de su gente, de las parejas que paseaban de la mano, de las luces del alumbrado navideño, del adoquinado de brillo mojado de las calles, de los colores apagados del invierno, de las farolas de luz vaporosa; París es todo esto, París es querer perderse por entre sus callejuelas decadentes como en el País de Nunca Jamás, porque ciertamente hay algo de infantil en tanta belleza y en los sentimientos que induce en el visitante. Una belleza que es paz de espíritu, en tanto que es pura, que nos devuelve a la niñez, a aquella época que siempre recordamos con ojos soñadores y

Viaje a París (III): Descensio ad inferos

Written by | 12/01/2007 | Comentarios desactivados en Viaje a París (III): Descensio ad inferos
Llegué a París tras diecisiete interminables horas de viaje. Dado que salimos de Madrid a las ocho de la tarde, el trayecto transcurrió en su mayor parte de noche. A la vista de la extensión del viaje, tiempo habría de dormir, de modo que al principio me afané en escribir algunas anotaciones en el cuaderno de bitácora, pero pronto, después de la cena, me invadió una sensación de abotargamiento en todo el cuerpo que me hizo abandonarme al sopor de los viajes largos. Lo que siguió fue una noche de duermevela que no parecía acabarse nunca. Desvelo intermitente por la postura incómoda del asiento. Una película inglesa de Judy Dench sobre un náufrago que resultó ser violinista. Un compañero de asiento que no conseguía dormirse y no paraba de moverse tratando de colocarse de la

Viaje a París (II): Un café en la estación

Written by | 29/12/2006 | Comentarios desactivados en Viaje a París (II): Un café en la estación
Siempre digo que las estaciones, sean de autobuses o de trenes, son como un pequeño teatro de la vida en tamaño reducido. Se ven personas solitarias, como uno, hombres y mujeres que buscan silenciosamente en los demás aquello de lo que carecen y que, de alguna forma, anhelan. Los hombres miran a las mujeres en mesas apartadas, mientras las mujeres hacen lo propio con los hombres que se ven sentados solos. En el poco rato que llevo aquí, tomando café mientras espero a salir para París a las ocho de la tarde, he sorprendido a tres mujeres observándome. Eso se nota cuando levantas la cabeza del cuaderno y las ves girar la cabeza hacia cualquier lado tan rápido que uno teme que vayan a descoyuntarse el cuello. Luego ya no volverán a mirar hacia donde uno se encuentra. Supongo que la razón

Viaje a París (I): En marcha

Written by | 29/12/2006 | Comentarios desactivados en Viaje a París (I): En marcha
… y una voz inflexible grita: «¡En marcha!». Manuel Machado, Castilla Aquí estamos otra vez. Rumbo a lo desconocido. Ante mí sólo un nombre, un destino, una palabra escrita en la luna de un autobús: París. Lo demás es un lienzo en blanco que las horas irán tiñendo de color en sus próximos devenires; lo demás es superfluo; lo demás es accidental, sin por ello estar carente de esencia, pues entiendo por esencial todo aquello que no se planea, lo que surge porque sí. Lo esencial es todo aquello que se ha despojado de toda sensatez y no atiende a razones, esa pulsión desnuda, irreprimible, que hace uno o dos siglos llamaban aventura, aunque con un sentido ya obsoleto. La aventura es el viaje, el viaje es el camino, el camino es el objetivo y la meta. El resto poco importa. En

En el andén de los días perdidos

Written by | 22/12/2006 | Comentarios desactivados en En el andén de los días perdidos
      —Un billete de autobús para Peñarroya —le digo al hombre de la ventanilla.       —En el coche.       —En el coche, ¿qué?       —Que en el coche se compra el billete. Mientras intentaba descifrar la utilidad de un hombre en la ventanilla de una estación de autobuses si los billetes se compran en el propio autobús, miré el reloj de la pared. Las nueve y veinte.       —¿No llega el autobús para Peñarroya a las nueve y cuarto? —le vuelvo a preguntar, arrepintiéndome al instante.       —Según.       —Según, ¿qué?       —Según le dé… lo mismo puede aparecer a las nueve y cuarto que a las diez menos cuarto. Hacía un minuto que había visto cómo un autobús paraba en el andén, abría la puerta para dejar

Retales a vuelamar: Epílogo al mar

Written by | 11/11/2006 | Comentarios desactivados en Retales a vuelamar: Epílogo al mar
Me disponía, aquella tarde plomiza de nubes negras, a escribir una oda al mar, que celebrara su belleza y al mismo tiempo llorara su pérdida, un escrito agridulce, grandilocuente, no carente de afectación ni adornos. El cuerpo me lo pedía, incluso antes de haber llegado a la playa, inmortalizar el que sería el último atardecer de mi estancia en Málaga, de modo que por el camino comencé a esbozar mentalmente las primeras palabras de aquel amargo réquiem por los amantes que han de arrancarse el último beso de los labios. Lloviznaba con timidez cuando volví a sentir la arena húmeda bajo mis pies. El sol tornaba los ojos tras los nubarrones, cediendo su luz escarlata en favor de las tinieblas que en aquellas últimos estertores del ocaso se cernían a mi alrededor. Era perfecto, no

Retales a vuelamar: Lluvia frente a la catedral

Written by | 08/11/2006 | Comentarios desactivados en Retales a vuelamar: Lluvia frente a la catedral
Otra tarde lluviosa en Málaga. Octubre no tiene visos de ser un mes demasiado conveniente para hacer turismo, en caso de que fuese turismo esto que hace uno. El clima de la costa suaviza las temperaturas, y eso se nota, pero nada parece poder hacer con las lluvias otoñales, que se derraman con suave languidez sobre la cabeza de uno mientras vagabundea por las calles, cosa que me encanta y se agradece sobremanera. El agua siempre ha sido para mí catalizador de sensaciones, me inspira, me mueve a pensar, a divagar a la deriva con el viento de popa de los sueños, y a escribir. Me apetecía escribir algo improvisado. Estaba cerca de la catedral, así que hacia allí me dirigí en cuanto arreció el temporal en busca de algún lugar donde pudiera desenvainar la pluma a cubierto. Lo mejor suele

Retales a vuelamar: La chica del puerto

Written by | 01/11/2006 | Comentarios desactivados en Retales a vuelamar: La chica del puerto
Una chica joven, menudita, el cabello tintado de rojo intenso, apoyada de pie con los codos sobre la baranda que daba al puerto, los ojos levemente entornados, con ese rápido parpadeo nervioso y mecánico, casi imperceptible, como en éxtasis, que nos deja entrever algo de luz. Y entre la sinfonía de azules dorados tocada por el cielo, el horizonte y el mar al atardecer, para ella en ese instante en el que yo paseaba por allí sólo existía el sonido de los astilleros, el rumor de los motores de los barcos, el crepitar de las cuerdas y las sogas al tensarse en los muelles, el crujido de la madera de las quillas al dilatarse y contraerse, el chapoteo de los remos de los piragüistas al hundirlos en el agua, el bramido ronco de las sirenas de los cargueros en lontananza, el vaivén del agua