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Crítica: ‘Bits’, de Tricicle: una alegoría de la frustración artística

Written by | 22/10/2012 | 1

Tricicle abandona, ésa es la noticia. No por ahora, que el grupo acaba de estrenar en el Teatro Compac Gran Vía de Madrid (Gran Vía, 66) su última función, Bits. Seguirán sobre los escenarios mientras dure en la carretera este último vástago, el octavo de su dilatada carrera escénica. Luego se dedicarán por completo a sus labores de producción teatral y formación de nuevos talentos que sirvan de receptáculo a sus más de treinta años de experiencia.


Quizá por ese motivo se aproxima uno a la obra con el pálpito de contemplar por última vez un trozo de historia del teatro español. Entramos en el patio de butacas ya melancólicos, como quien visita a un moribundo, y con la predisposición de reírnos no tanto por la comicidad del espectáculo en sí como por compartir las últimas risas con quienes tantas veces nos las han provocado.

En este sentido, Bits es un premio honorífico a la trayectoria profesional de Tricicle, un auto homenaje de sus miembros antes de bajar por última vez el telón, una celebración de sí mismos en la que abundan las referencias a montajes anteriores, personajes reconocibles de otros tiempos y guiños cómplices a seguidores fieles. De ese pacto tácito participan tanto los tres actores como el público antes de acomodarse en sus asientos y la emoción se posa en los ojos de los espectadores. Se trata de una de esas ocasiones en que las circunstancias que envuelven un acontecimiento cobran más importancia que su contenido.

Una voz masculina, metálica y envolvente resuena por los altavoces y da la bienvenida. Los focos iluminan el escenario. Por todo decorado una gran pantalla fragmentada. Entonces comienza un vídeo pregrabado, que nos introduce el concepto que intenta sustentar la obra: un bit es la unidad de mínima de información binaria, y agrupados en paquetes viajan mediante internet saltando de enlace en enlace, de forma caótica, a base de golpes de ratón. De manera análoga, los integrantes de Tricicle, convertidos en simpáticos bits con antenas luminosas, saltan de sketch en sketch, de tema en tema, de decorado en decorado y de personajes en personajes. Bajo esta coartada, pues, han armado una sucesión de piezas teatrales sin más sucesión lógica que la puramente trivial, tan fragmentarias como la pantalla gigante que las introduce, un cajón de sastre con retales que acaso no hubieran encontrado un sitio oportuno en montajes pasados y que de esta forma se recuperan del fondo del escritorio.

A lo largo de los ochenta minutos que dura, se aprecia una sensación de autocomplacencia en los actores. Saben que tienen al público de su parte, no en vano han pagado un precio alto por la entrada. Así, las escenas y los gags se suceden sin apenas profundidad, víctimas de cierto desgaste por el uso frecuente. Nada se antoja nuevo, todo parece haberse visto antes. Pero sigue funcionando como siempre. Un gesto obsceno, una caída aparatosa o un silencio ridículo salvan cualquier situación humorística, a la vista está. Es significativo que el sketch más celebrado por el público sea la parodia de un casting en el que los participantes exponen uno tras otro los números tradicionales del mimo y son rechazados sistemáticamente por los auditores. Tan simple como eficaz. Y sin embargo metáfora cruda de que el género tocó techo poco después de haber nacido. El arte de la mímica no da para más, y quizá los de Tricicle se dieran cuenta de ello hace muchos años, ya embarcados en la tarea de hacer oficio de un género en decadencia ―cuando no muerto―, aunque sea ahora que deponen armas cuando lo reconocen. «Nos hemos vaciado, como Guardiola», se le escapó a uno de ellos en una entrevista previa al estreno, cuando trataba de explicar la causa de la retirada.

Curiosamente, en el casting no representan ese antiguo número de mimo en que el actor palpa una pared invisible y a continuación descubre que se encuentra encerrado en un cubículo del que no puede escapar. La prisión es consustancial al género.

Además de a sí mismos, Tricicle dedica una pieza de Bits para homenajear a Les Luthiers (con quienes comparten, por cierto, las carteleras madrileñas en estas fechas). Preguntados sobre el asunto en la entrevista antes aludida, Tricicle confesaba que habían planeado montar un espectáculo conjunto que al final no pudo materializarse. De modo que lo que nos llega en forma de homenaje al grupo argentino no dejan de ser los restos de un proyecto naufragado.

Bien visto, tal vez toda la función gire en torno a esas batallas que constituyen una derrota de antemano, una alegoría de la frustración artística.

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Filed in: Teatro & espectáculos

One Response to “Crítica: ‘Bits’, de Tricicle: una alegoría de la frustración artística”

  1. Luis Valle
    27/09/2013 at 18:25 #

    Que persona mas negativa es usted.
    Estos señores, lo menos que merecen es un aplauso por sus 30 años de vida y no los comentarios fuera de lugar que usted hace.
    Permítame que le diga, que Ud. , junto con otros han estado viviendo de ellos. Y ahora no se merecen sus “elogios”.
    Espero que otra gente sepa “apreciar” su critica y la olviden. Aunque el mal ya está hecho.
    Dígame donde publica Ud. su basura, para no leerla nunca.