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Crítica: ‘Burundanga’ o el éxito de una comedia arriesgada

Written by | 06/12/2012 | 1

Después del gran recibimiento obtenido en el Teatro Maravillas, el plantel de Burundanga se muda al cercano Teatro Lara. Escrita por Jordi Galcerán y dirigida por Gabriel Olivares, esta comedia de enredo espera cosechar en esta segunda temporada tantos éxitos como en el curso pasado.

La burundanga (nombre vulgar de la escopolamina o suero de la verdad) es una droga procedente de Colombia y utilizada por violadores, secuestradores y ladrones por toda Hispanoamérica. Actúa por vía cutánea o al inhalarse, y bajo su influencia las víctimas caen narcotizadas, con la voluntad inhibida, a merced del delincuente. Al despertar de su sopor, además, apenas recuerdan nada de lo sucedido. Ésta es la idea que se les ocurre a dos compañeras de piso (Mar Abascal y Rebeca Valls) para sonsacarle al novio de esta última, que acaba de descubrir que está embarazada, si verdaderamente la quiere y desea el hijo que esperan.



En fin, arrojar luz sobre los más íntimos secretos de un hombre. Lo que no podían imaginarse las dos chicas era que encontrarían respuesta a más preguntas de las necesarias y con ello pondrían sus vidas en juego.

Sin ánimo de desvelar el giro más sorprendente de una trama con un arranque ya de por sí demencial, el manejo de determinados asuntos como resorte cómico es arriesgado. Su tratamiento frívolo chirría y genera cierta incomodidad en el patio de butacas. Los asistentes cambian de posición en sus asientos al escuchar una palabra de connotaciones no tan lejanas en la memoria. Quizá no haya transcurrido el tiempo suficiente como para que la pertenencia a ciertos grupos haya pasado de delito a gag sin tener la impresión de pisar sobre suelo quebradizo. Al menos ésa es la sensación primera. Luego, a medida que avanza, el espectador entra de nuevo en la función una vez digerido el obstáculo que se había atragantado.

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Mar Abascal apunta con una pistola al personaje de Antonio Hortelano, para sorpresa de los demás integrantes del enredo

A pesar de lo embarazoso del contexto elegido, se nota que los actores de Burundanga se divierten interpretándola. Sus papeles les obligan a desarrollar un amplio espectro de recursos actorales ―muecas, sollozos, aspavientos, saltos, contorsiones― que les permiten lucirse a cambio de emplearse a fondo. Y todos están a la altura. Son notables, sobre todo, las actuaciones de Eloy Arenas, estrella principal de la función, quien imprime a su personaje la elegancia, el sarcasmo y el amaneramiento característicos del sello particular del humorista; y de Mar Abascal, exagerada e histriónica, que atrae hacía sí toda la atención en cuanto aparece en escena.

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El elenco masculino de Burundanga: Eloy Arenas, Antonio Hortelano y César Camino

Y el público lo agradece. A cada momento resuenan las carcajadas en las paredes del teatro con cualquiera de las situaciones del embrollo perpetrado por las dos chicas protagonistas. También se puede hacer reír con comedias de contenido social, aunque el tema tratado pase los dedos por heridas sin cerrar del todo, como ya se ha visto en estas páginas con El manual de la buena esposa (Teatro Lara), Shirley Valentine (Teatro Maravillas) y ¡Sin paga, nadie paga! (Teatro Infanta Isabel).

Está pues demostrado que somos capaces de reírnos de nuestros propios problemas, al menos cuando los vemos representados sobre las tablas. Allí arriba nos parecen engañosamente ajenos y disfrutamos al descubrir su repentina levedad. Y sin embargo, cuando salimos del teatro y se alza el telón de la vida ordinaria, lo que hace unos minutos era leve se torna ahora grave, y una vez más, como siempre, volvemos a empeñarnos en ser infelices.

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One Response to “Crítica: ‘Burundanga’ o el éxito de una comedia arriesgada”

  1. Federico
    13/09/2014 at 02:20 #

    Una idiotez. Ir al teatro es como ir al cine: Puedes ver Ciudadano Kane o Torrente, tú eliges. Aunque el formato sea el mismo, no tiene nada que ver una película con otra. Pues con el teatro pasa lo mismo: puedes ir a ver Hamlet o Burundanga.

    Hay gente que cuando pisa un teatro se emociona, y cualquier cosa que le pongas le va a gustar. Eso de estar tú sentado viendo cómo otros trabajan y se esfuerzan por agradarte hace que te vuelvas agradecido. Aunque eso no es suficiente. Ir a ver Burundanga es como ir a ver una obra, pero no de teatro, sino de esas con obreros picando el cemento, porque el guión es lamentable, de cacaculopedopis, jijijiji. Te sientas y al menos disfrutas de que estás viendo a gente trabajar mientras tú estás sentado, tocándote los huevos. Y eso mola, pero poco más.

    Lo bueno de ir a ver Burundanga es que antes te tomas una caña y luego te vas a cenar. ¿Los actores? Pues cumplen, se lo creen. Me gustó bastante el que hacía de vasco, para la mierda de obra que es burundanga brilla bastante. Espero que prospere porque se sale, dentro de los límites de lo que es la obra. que son muy limitados. Las dos chicas no lo hacen mal, cumplen, habrá que esperar a verlas trabajando en una obra de verdad. Eloy Arenas me cae genial pero es un actor malísimo, siempre hace de su propio personaje «Eloy Arenas GmbH». Cuando entras a un teatro donde actúa Eloy Arenas siempre sabes lo que te vas a encontrar, nunca sorprende. ¿Para que? Si funciona, ¿para qué cambiarlo? Su presencia asegura un año de venta de entradas de catetos.

    Y ojo que no me quiero cebar con el señor Eloy, al contrario, le escucho en Onda Cero en su «Transformativo» y es divertidísimo y muy inteligente, pero eso no quiere decir que sea un gran actor, que cocine de puta madre, que folle como dios y que conduzca prudentemente. Pero seamos francos: con Eloy, y como decimos los programadores, WYSIWYG, que es el acrónimo de What You See Is What You Get (en español, «lo que ves es lo que obtienes») No hay más. O lo amas o lo odias, es como la Pantoja.

    Luego tienes el aliciente de ir a un teatro como el Lara, un teatro que se distingue por dos cosas: es cuco y pequeñito como una bombonera, con ese aire cutre y digno al que algunos llaman «solera»… aunque nunca ponen nada que merezca la pena. Allá tu.