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Crítica: ‘El crédito’: ni Carlos Hipólito ni Luis Merlo consiguen remediarlo

Written by | 06/03/2015 | Comentarios desactivados en Crítica: ‘El crédito’: ni Carlos Hipólito ni Luis Merlo consiguen remediarlo

¿Pero cómo se explica? Esta obra tenía todos los ingredientes para construir una buena comedia. Está escrita por Jordi Galcerán, autor de dos pelotazos como el Método Grönholm y la entretenida Burundanga. Su director es Gerardo Vera, antiguo director del Centro Dramático Nacional. Y, encima, los actores son Carlos Hipólito y Luis Merlo. Pues, oh misterios del teatro, la receta ha terminado resultando, en el plato del Teatro Maravillas, más que sosa, apelmazada.

La obra transcurre en un único escenario: el despacho de un banco. Ahí se encuentran los dos personajes que van a sostener toda la obra. Uno es un banquero y el otro un tipo en números rojos que le quiere solicitar un crédito, sin más posibilidad avalística que una amenaza bastante simpática. No desvelaremos más. Lo que queda claro es que la premisa ya sienta un juego de poder, de rico a pobre, de superior a inferior, que, no obstante, irá cambiando socarronamente de polos a medida que la trama se desarrolla.

La obra resulta, por lo demás, tan ácida y corrosiva como un melocotón en almíbar. Que nadie piense que la temática deriva hacia la crítica social o capitalista. Y ni falta que hace, porque el objetivo es hacer reír apuntando a estereotipos sobre el ego, el poder, los celos. Vamos, un enredo de los de siempre.

Cierto es que hace falta mucho cuajo para aguantar sobre el escenario un duelo en vis a vis de hora y media. Menos mal que la obra se encomienda a un gigante como es Carlos Hipólito, que afronta con solvencia el papel de banquero jactancioso, y el del pobre memo en el que se termina convirtiendo, desbordado por los acontecimientos. Enfrente tenemos a Luis Merlo, actor de vis cómica irrefutable, cuya característica verborrea de herencia televisiva esta vez roza un surrealismo de corta y pega, como un autómata pasado de revoluciones, que no sabemos si es consecuencia del guion o marca de la casa.

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No hay una fórmula secreta para hacer reír, y, de haberla, se la habría llevado Billy Wilder a la tumba. Pero como sabe de sobra Jordi Galcerán, la comedia exige baile, juego de gags y ritmos bien medidos entre expectación y carcajada. Y, por supuesto, un conflicto.

Aquí hay uno, claro está. Y aunque su premisa resulte bastante inverosímil, no debería suponer ningún problema para disfrutar de la obra. Al fin y al cabo, todo vale si la risa es buena. Eso no quita que se oyesen bastantes risas en el patio de butacas. Y bien está que así sea. Pero, ciertamente, esta obra no está a la altura del talento de los que participan en ella, y como un misterio más del azar escénico, nos encomienda a lo que pudo ser y no fue con los brazos abiertos de par en par. Ya habrá más ocasiones de disfrutar de Carlos Hipólito, Luis Merlo y de la batuta de Gerardo Vera. Mientras tanto, y como de todo se aprende, si de algo sirve El crédito es, precisamente, para recordarnos lo difícil que es ensamblar una buena comedia.

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