1:04 am - sábado diciembre 14, 2019

Crítica: ‘Joker’, de Todd Phillips: la consecuencia de un sistema social perverso

Written by | 21/11/2019 | Comentarios desactivados en Crítica: ‘Joker’, de Todd Phillips: la consecuencia de un sistema social perverso

 
Joker es, sin duda, la película del momento. Aquélla de la que todos hablan y que, de tanto mencionarla, te dan ganas de ir a ver. ¿Por qué?, ¿qué tiene de especial? En mi opinión, lo que la hace merecedora de mención es la profunda carga psicológica y social que entraña. Podríamos decir que es una película violenta, pero no es una violencia gratuita la que aparece, aquélla que busca horrorizar al espectador, sino que cuenta una historia. La historia de cómo se gesta un asesino. Y cada escena violenta nos horroriza, sí, pero también nos conmueve, nos entristece, porque podemos entender cuál es su origen y su sentido.

Arthur Fleck, Joker, es un hombre peculiar, extravagante, un tipo raro al que nadie entiende (y tampoco nadie se molesta en entender), algo así como un niño grande, cuyo comportamiento infantil nos chirría en un adulto. Su  risa constante, lejos de sugerir alegría, provoca una suerte de desazón en aquéllos que la escuchan por lo desafortunado del momento en que suele aparecer (en situaciones de estrés y tensión), y porque suele ir acompañada de gestos de dolor y crispación.

Arthur fue un niño al que nadie cuidó, protegió, ni tan siquiera miró. Hijo de una madre soltera, enferma mental, que no pudo ni cuidarse a sí misma, sufrió múltiples abusos y violencias a lo largo de su infancia, un abandono emocional tan intenso que le condenó a estar permanentemente pendiente de la mirada ajena, buscando en ésta el reconocimiento, la atención y el amor que nunca tuvo.  Arthur, antes de convertirse en Joker, es un personaje que inspira cierta ternura, en esa búsqueda de reconocimiento del otro, que le permita SER; ser un sujeto, una persona autónoma capaz de amar y ser amado. ¿Y no es eso, acaso, lo que anhelamos todas las personas? ¿Ser amados, reconocidos, ser alguien para otro?

Arthur hace un enorme esfuerzo por integrarse en una sociedad profundamente enferma, que le rechaza constantemente y no es capaz de ver más allá de sus rarezas, de leer la ternura de su mirada cuando trata de arrancarle una sonrisa a un niño, o de su profunda necesidad de amor cuando lo reclama a aquéllos que debieron dárselo. Inmerso en un momento histórico de profundas desigualdades sociales, en el que nadie se hace cargo de nada (y menos aún del sufrimiento ajeno), a Arthur se le van cerrando puertas una y otra vez; desde la trabajadora social a la que sólo parece interesarle si está tomando la medicación, al jefe tirano al que poco importa que le hayan dado una paliza en su puesto de trabajo. Y así, le va pesando cada vez el mandato materno de haber venido al mundo para hacer felices a cuantos le rodean: Put on a happy face (“pon una cara feliz”, o “alegra esa cara”). No deja de ser una contradicción el apodo que su madre utiliza para dirigirse a él, “Happy”, Feliz, con su confesión de no haberlo sido ni un solo instante de su vida. ¿Y cómo serlo, en un mundo en el que no hay cabida para él, que le rechaza, le maltrata y se burla constantemente de sus miserias? Porque no hay cabida para él ni para nadie de su condición: los enfermos mentales, los olvidados, los pobres, los “fracasados”, como los nombra el futuro alcalde de Gotham. Como si esos llamados fracasados lo fueran por decisión propia, y no como consecuencia de un sistema social perverso que distribuye de forma desigual y aleatoria las oportunidades a unos y otros. Un sistema que priva a unos cuantos de los derechos más básicos, como una asistencia sanitaria al alcance de todos, para luego culparles de enfermar, de enloquecer, de no ser capaces de salir adelante. Porque es cierto que todos tenemos una responsabilidad con aquello que recibimos, pero cuando lo que se recibe es tan poco, tan miserable, la sola misión de sobrevivir se convierte en una proeza.

Arthur reacciona a la violencia recibida. Primero se somete a ella, se conforma y disculpa las agresiones sufridas. Y sigue sonriendo. Pero cuando las alternativas posibles se van reduciendo hasta lo insoportable, se va transformando en ese ser que todos conocemos, el villano cinematográfico que busca vengarse de todo aquel que le maltrató. Porque todo tiene su historia y su porqué.

Y gracias a la magistral interpretación de Joaquin Phoenix, podemos sumergirnos en el fascinante mundo de la salud mental, y entrever la finísima línea que a menudo separa la cordura de la locura. Podemos sentir que en la persona más cuerda siempre hay algo de contradicción y locura, que el loco no lo es todo el tiempo, y que hasta en las palabras de un enfermo siempre hay algo (si no mucho) de verdad.

María Crespo Puerto

 

Artículos relacionados

  •   Durante la pasada quincena, Málaga se ha vestido de rojo para recibir a los artistas dedicados al séptimo arte en el 22 Festival de cine en español. Calles, plazas, cines y teatros se han engalanado de alfombras rojas, carteles, conciertos, música, cócteles, cenas, premios y demás celebraciones para reconocer una vez más a los…
    Tags: de, y, que, a, cine, cartel
  •   Se encontraba tan cansado que, ni siquiera los ruidos provenientes del exterior consiguieron evitar que, en cuanto su rostro se apoyó en la almohada, sus ojos se cerrasen y perdiese la noción del tiempo y el espacio.   No obstante, en contra de lo que pudiera parecer, no estaba dormido, pues sintió cómo su…
    Tags: de, que, y, a, cartel
  • Fotografía de Umbral en su escritorio, de Eduardo Martínez Rico Poco antes de las fiestas de fin de año, viajé al pueblo de una amiga en Castilla la Mancha y conocí a su entrañable y vital abuela quien, pese a sus 94 años me redescubrió la fragancia de «mi infancia fugaz en la voz dura…
    Tags: de, y, que, a, cartel
Filed in: CINE

Comments are closed.