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Crítica: ‘Muero y vuelvo’, de Rafael Guerrero

Written by | 29 March 2014 | Comments Off

Crítica Muero y vuelvo Rafael Guerrero novela policiaca detective

Muero y vuelvo (Editorial Circulo rojo) tiene una peculiaridad con respecto a otras novelas de detectives: está escrita por un detective. Quizá por eso la historia consigue, sin explosiones hollywoodienses ni artificios altisonantes, contagiar con verosimilitud la atmósfera de sexo, dinero, cinismo y camaradería que envuelve esta profesión tan proclive al límite. No es un trabajo normal. Cuando la búsqueda se torna en el pan de cada día, el movimiento cobra irrefrenable forma de gerundio, de continuo ir y venir. Y ese estado resulta difícilmente compatible con anclajes cotidianos para el resto de buenas gentes, ya sean emocionales, geográficos o directamente morales.

Crítica Muero y vuelvo Rafael Guerrero novela policiaca detectiveNuestro protagonista lo sabe mejor que nadie. Y así, de la soledad al borbotón de adrenalina, Rafael Guerrero nos lo va contando a través del flujo de sus pensamientos y emociones, mientras en paralelo, recorre pasos que van desde Soto del Real, Túnez, Hungría o Barcelona hasta Río de Janeiro.

En la historia hay una mujer, claro. Y, a modo de curiosidad biográfica, añadiremos que además es crupier y brasileña. El perfecto cocktail molotov, servido a pedir de boca en una trama de novela negra. La tragedia está en marcha, y el azar terminará atando los cabos más cerca del cuello de Rafael Guerrero de lo que él hubiese preferido. Como si de una prueba de romanticismo autoimpuesta se tratase, nuestro detective evita la deformación profesional de investigar a la chica: prefiere dejarse llevar por los parámetros estándar del amor y el sexo. Habrá consecuencias, claro. Pero al fin y al cabo, son esas pequeñas ilusiones las que hacen habitable la vida más allá de la mera supervivencia.

Como Sun Tzu legó al mundo, «todo arte de la guerra está basado en el engaño». Y más en una profesión donde la clientela se maneja entre fraudes de seguros, extorsiones y cornamentas propias de pabellones de caza. Rafael Guerrero nos cuenta estas historias en primera persona, reflexionando en alto para nosotros sin dejar de interpelar de tú a sus recuerdos, pulsiones y hasta al mismo Sigmund Freud, siempre tan docto en temas libidinosos. Porque, en rigor, no hay una mujer. Hay alguna que otra más.

Esta es la segunda novela del autor, después de Un Guerrero entre halcones. Diario de un detective privado. Qué sorna la del árbol genealógico. Como dice la cita latina, nomen est omen, el nombre es el destino: sin duda, Rafael Guerrero nació para este trabajo. Pero nuestro detective no sólo escribe, también lee. Lo muestra el prólogo de Muero y vuelvo, que corre a cargo de un incontestable como Paco Camarasa, propietario de la librería barcelonesa Negra y criminal, templo de la literatura policial para sus asiduos. Es curioso como el mismo Rafael Guerrero no deja de citar a maestros del género como Raymond Chandler o Dashiell Hammett: es un detective que lee, con respeto profesional y la diversión del niño, historias sobre otros detectives.

Así que, como manda el canon, la historia circula entre frases lapidarias, de trago rápido y sin hielo, cargadas de cinismo y esa sabiduría de esquina, tan característica de quien ya ha visto casi todo al girar la calle. Se impregna de la nostalgia y soledad del detective, que hoy tiene más que ver con salas diáfanas de aeropuertos y chocolatinas del Duty Free que con margaritas deshojadas a balazo limpio. Los tipos duros ya no llevan gabardinas, cruzan telones de acero, ni saldan cuentas a tiros en los semáforos. Esto es la vida real, y aquí las rutinas se mueven con GPS y por la M-30. Pero con la maleta siempre preparada en casa, por si un toque aviva el reflejo en la rodilla, y hace falta echar rápido a volar hacia otro caso, otra búsqueda más, otro problema.

Crítica Muero y vuelvo Rafael Guerrero novela policiaca detectiveLa novela cumple lo que promete: una trama de detectives, rápida y entretenida, con final de bombeo rápido y quiebro de guion. Entra de una tacada sin necesidad de pausa. Es la historia más vieja del mundo pero sigue perfectamente vigente: hablamos de amor, sexo, dinero y muerte. El dilema está servido, y ante él, nuestro hombre retoma los diez pasos del duelo en el que el corazón apunta contra la cabeza. El final, como pasa con toda novela negra, tiene algo de tragedia griega, de destino inapelable y fatalista por lo que pudo ser y no fue. Y más si uno se ha quedado a tan sólo una carta del full de reyes y ases. Pero como bien dice nuestro detective, Rafael Guerrero: por desgracia, eso es lo mismo que tener un trío.

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