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David Llorente: «Un novelista se desactiva cuando no escribe para hacer temblar las calles»

Written by | 16/05/2018 | Comentarios desactivados en David Llorente: «Un novelista se desactiva cuando no escribe para hacer temblar las calles»

David Llorente (1973) se empeñó en ser el último de la fila, el que se sentaba detrás en el último banco de clase, con los ojos bien abiertos, la cabeza ligeramente declinada y una mano muy lenta para copiar apuntes mientras los demás metíamos mucho ruido en las primeras filas. Llorente es el Vallejo de nuestra generación, el ser doliente y arrinconado que saca la pluma para liberar fantasmas y ser salvajemente escritor. Su estilo es desnudo y a hostias, sin parafraseos de quedar bien y sin adjetivos coloros. Crudo, y sin embargo suelta el pie del fango para volar (para la voladura) y despegarse de la realidad para estirarla y hacerla más ancha. Crítico, de verdad,  y comprometido. Cuenta lo que ve, lo que es obvio pero a los demás nos ha sido hurtado (porque nos han secuestrado la conciencia). Así son sus novelas, Kira, Te quiero porque me das de comer y, sobre todo, Madrid:frontera. También escribe teatro y también lo ensancha. Los escritores de verdad ensanchan, los de mentira estrechan y reducen. Si todavía no ha asaltado los cielos es porque quedará en la memoria/tesoro de la historia de la literatura (es nuestra fe).

La novela sirvió de entretenimiento en el XIX, de experimentación y exploración personal en el XX. Demuéstrame que no está muerta en el XXI.

No puedo demostrarte que no esté muerta. Muchos editores, de hecho, mandan a imprenta auténticos cadáveres que el lector y la crítica, después, deben intentar resucitar. Creo que en el siglo XXI se están dando los últimos coletazos de la experimentación del XX, pero falta la valentía de meter las patas hasta las rodillas en el desagradable fango de la novela social, que es lo que nos está pidiendo la actualidad, como pudo verse el 8 de marzo.

Tengo la sensación de que los grandes grupos editoriales (y detrás el poder político/económico que les alienta en la nuca) están tratando de domesticar la novela haciéndola comercial a través de la catalogación en géneros y, frenando quizá, el potencial crítico o el artefacto terrorista que puede ser una novela. Parece que a ti te han metido en el género negro, ¿no?

Yo creo que una manera de adocenar a la población es adocenar a los escritores (y a los artistas en general). Un autor puede atacar el poder (como es su obligación) desde cualquier tipo de género literario, desde el bélico al del oeste, desde la ciencia ficción al sentimental, desde el negro hasta el gótico. El problema es de los escritores, que venden su virtud por un pedazo de micrófono, que prefieren callar para que no les cataloguen, que prefieren no levantar la voz para no perder lectores, que prefieren quedarse quietecitos para no salir borrosos en la foto. De mí dicen que soy un autor de novela negra, pero es mentira: yo soy un autor cuyas dos últimas novelas que ha escrito, tienen fuertes rasgos de novela negra. Ya veremos qué pasará en el futuro.

Luego hablaremos de esas dos novelas en concreto, pero antes te quería comentar algo sobre la ficción. Orwell escribe la ficción de 1984 y la realidad cambia, al menos nos da los instrumentos para interpretarla en un contexto determinado. Hoy la ficción se ha conducido por el camino de los seriales y es mero entretenimiento sin que influya en absoluto en la realidad, incluso si se cuentan las mayores barbaridades (sobre todo si cuentan las mayores barbaridades). ¿La ficción se ha desactivado?

Sí, sí. Se me ocurren dos cosas. La primera es que hace falta ser muy ingenuo o muy idealista  para creer que la literatura pueda tener un impacto real en la sociedad, un impacto que suponga un antes y un después. Y la segunda es que es absolutamente cierto que la ficción se ha desactivado, pero se ha desactivado porque los novelistas/algunos novelistas han decidido desactivarse. ¿Cuándo se desactiva un novelista? Cuando no escribe para hacer temblar las calles, sino para verse un poco más interesante delante del espejo.

Exactamente. Ni siquiera El Quijote lo hizo, Cervantes murió pobre e ignorado. Un novelista se desactiva, creo, cuando no hace pie en la realidad, pero Te quiero porque me das de comer y Madrid:frontera hacen mucho pie. ¿El género negro te las ha cosido pero la realidad social te ha dado la chicha?

Absolutamente. Hay muchos casos de autores que, en el momento de hacerse famosos y engrosar su cuenta corriente, pierden el contacto con la realidad, con el ser humano de a pie, con el que se acoda en la barra del bar y pide oreja de cerdo y una caña, y se dedican a escribir historias que nacen de un esfuerzo imaginativo que está condenado a la banalidad y en un abanico de páginas soporífero. En el caso de las dos novelas que mencionas, la estructura de la novela, las patas que la sostienen, vienen de la novela negra, pero el tema estaba más en mis ojos que en mi cabeza. La vida me dio los argumentos. Cada día me enfrentaba a lo que posteriormente acabaría escribiendo.

Uno no puede dejar de ser quién es ni olvidar de dónde viene. Tu barrio (Carabanchel) se te ha metido en tus novelas encharcando las páginas. Si esta entrevista fuera para EL PAIS, te preguntaría si Carabanchel es tu Macondo.

(Risas.) Ya repetí que la pérdida de la identidad, no saber quiénes somos, es la madre de todas las desgracias. Carabanchel, el barrio cabrón, gracias al cual, con un poco más de entrenamiento, habría acabado consiguiendo una medalla en Barcelona 92, de tanto correr delante de los yonkis y los gitanos, está en mi sangre y tendría que llenarme el cuerpo de sanguijuelas para olvidarme de él. Pero no, no lo considero mi Macondo. Leyendo a Márquez, uno tiene la sensación de que muchas de sus novelas y de sus cuentos son una preparación para la gran eclosión de Cien años de soledad. En mi caso, escribí de Carabanchel en Te quiero porque de das de comer y no creo que vuelva a hacerlo, a no ser que aparezca como marco de otras historias, pero no como tema o como protagonista.

Los escritores que además escriben teatro (para ser representado, como en tu caso, que eres director de un grupo checo) creo que tienen una dimensión muy ajustada del ser humano. En realidad el teatro es el único género que permite jugar a la ficción y a la verdad (que es la ficción realizada), ¿qué te da como escritor este baño de realidad efectiva?

La verdad es que ya lo has dicho todo en la pregunta… El teatro es algo que no se puede explicar al que jamás lo ha vivido desde dentro. El teatro es adictivo y sus niveles de satisfacción y de frustración, dependiendo de si sale bien o si sale mal, son estratosféricos. El teatro es el único género literario que te enfrenta cara a cara y a tiempo real con el público, que consume tu creación artística. El teatro te obliga a atravesar decenas de filtros (los ensayos, el trato con los actores, el espacio teatral, la escenografía, las luces, el vestuario, el maquillaje…) antes de llegar al final del camino, que jamás es el final, como suceden en un libro de poemas o en una novela. El teatro te hunde las piernas en la tierra y, como bien dices, te nutre de realidad. Y eso, trasladado a una novela, es muy positivo. Usar material real. Acostumbrarte a luchar, cuerpo a cuerpo, con la realidad, aunque estés siempre al borde del abismo, como decía el poeta.

Tu teatro es muy atmosférico, no solo por la construcción del espacio sino por el acento simbólico del material tratado y la estilización del lenguaje, ¿qué es el teatro, historia o sugestión, narración o poema?

A mí me parece que el teatro debe contar algo, llámalo historia o llámalo como quieras. En mi caso (que no es ejemplo de nada) no puedo empezar a escribir una obra de teatro si no tengo clara la historia. De hecho, es el único género para el que me hago un esquema previo. Pero, al mismo tiempo, qué duda cabe, lo que sucede encima del teatro debe ser un dedo gigantesco que señale al público. Es decir, que el público no salga del teatro pensando que ha visto una historia que les sucede a los demás. No, no, el público es víctima y culpable de lo que sucede en las tablas. No sé si el teatro narra, ya que, según mi experiencia, lo último es el texto. Los personajes hablan cuando ya no les quedan otros recursos de expresión. Y teniendo en cuenta que todo lo que rodea el acto teatral contiene una fuerte dosis de simbolismo, no me cabe duda de que también es poesía. El teatro lo es todo.

Es verdad que tus textos tienen un espesor de pesimismo (que no de amargor) que al mismo tiempo la innovación literaria que plantean no pervierte la claridad del esfuerzo, sácate de las tripas algo de esperanza en este último compás.

Pasan dos cosas. Para mí, la literatura (novela, teatro) es el campo de la libertad. Esto significa que, durante el proceso creativo, no pienso dejarme atar por nada ni por nadie. Haré exactamente lo que me apetezca, lo que me dé la gana. De ahí sale la innovación literaria, de la irrevocable decisión de un autor a hacer lo que le salga de los huevos. Y en cuanto a la esperanza…, bueno, supongo que cada uno concibe la esperanza de una manera diferente. Para algunos, la esperanza es que la historia termine bien. Para otros (entre los que me incluyo), la esperanza es que la gente luche por lo que cree, aunque terminen siendo aplastados por los más fuertes, por aquellos que detentan el poder. No hay peor derrota que la que se obtiene sin haber peleado, creo yo.

Jose Aurelio Martín

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