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De erotismo, confesiones y ficciones

Written by | 22/05/2019 | Comentarios desactivados en De erotismo, confesiones y ficciones

 

Visitar Valladolid con motivo del Congreso Internacional Venus a través del espejo: erotismo y creación en el mundo hispánico ha sido extraordinario, aunque breve. Caminar por las empedradas calles del casco histórico, la ciudad maternal y provinciana en la que Francisco Umbral vivió su niñez y adolescencia de “tedio y plateresco”, ha sido volver a la génesis de sus memorias noveladas, diarios autobiográficos y demás textos. Ha implicado actualizar los primeros despertares erótico-amorosos de su ficción/no ficción y recordar a Teresa y a otras niñas que, como Thérèse Blanchard representan a la musa de las bragas blancas de Balthús, como expresé en la ponencia. Ha permitido imaginar a todas las niñas/musas/ninfas “portadoras de un erotismo transgresor” que emulaban a la diosa Venus en «el ascenso a los cielos humanos del sexo, la obstinada pasión de los cuerpos femeninos, las ninfas de tantas páginas, ninfas de provincias, ninfas de las riberas o ninfas de los cafés», como afirmaba Umbral.

Sin duda, compartir los distintos planteamientos y proyectos universitarios, durante las jornadas fue enriquecedor. Sin embargo, una de las ponencias que nos envolvió con los impresionantes Lazos eróticos del lacerado Lazarillo de Tormes fue la que presentó Ignacio Díez Fernández, profesor titular de la Complutense, a quien me une, la filiación umbraliana y la amistad cultivada, junto a Evangelina Soltero, a raíz de la dirección de mi Tesis Doctoral. Aprovecho esta feliz coincidencia con Ignacio para comentar la reciente publicación de su libro Ficciones y confesiones: Francisco Umbral, en Editorial Dalya, prologado por Eduardo Martínez Rico. En este volumen recupera siete artículos magistrales sobre la vida/obra del autor (publicados entre 2009 y 2015), que me han servido de faro durante mi investigación y, con seguridad allanarán los futuros estudios sobre el escritor. Igual a lo sucedido con Diario de un Snob, Ignacio hace suyo “el hábito umbraliano”, como él mismo explica, al “etiquetar sus artículos como un conjunto unitario con un título que no se corresponde con ninguno de los artículos que lo integran”, pero que abarca con precisión gran parte del extensísimo mural del autor.

Entrar en los siete apartados es penetrar en cada círculo de la divina comedia umbraliana, aparentemente inconexa y enmarañada de datos, sin embargo, Ignacio como Virgilio, atento guía, encuentra vínculos entre los textos y nos conduce por los escabrosos puntos controvertidos hasta el soñado paraíso confesional: la integración de la prosa y verso en Mortal y rosa, cuya fuente de inspiración provendría de Mis paraísos artificiales, según afirma. También nos inserta en los variados tapices que Umbral ha tejido en su heterogénea textura literario-periodística y con agudeza crítico-analítica enciende la linterna apagada de algunos libros y pasajes temáticos por donde discurre su ingente obra: erotismo, belleza moderna y mujer, fascinación andrógina, sexo y juegos fálicos, transición y guerra civil, lecturas y filiaciones, metáfora, ideología y juego, prosa y verso, etc.

Con su inteligente y sutil discurso, alumbra en el blanco de las claves primordiales de los textos híbridos para no resbalar en los terrenos movedizos de la literatura umbraliana que, como expresa “cruza géneros y fronteras pero que se mantiene fiel a un puñado de temas”. Por un lado, se lanza a las más intrincadas rutas ficcionales como el Quijote y atraviesa los atajos de la “escritura multiforme” y no confesional del autor y, al mismo tiempo, se detiene en el cincelado confesional de los textos aparentemente memorialísticos, aunque nos advierte no caer en “la trampa del memorialismo que con tanta técnica teje Umbral. La espinosa cuestión de los límites entre realidad y ficción”.

En el primer apartado, nos encamina hacia los soportes creativos de sus personajes trazados “con tanto mimo en miles de páginas”, a partir su gran pasión por la mujer, a la que asocia con el éxito: “El éxito está lleno de mujeres”. Entendiendo que el éxito para Umbral se halla, tanto en su abundante escritura sobre el mundo femenino, como en su relación con ellas. Dentro del “riquísimo muestrario femenino” que, según él, semeja a la “enciclopedia china” planteada por Borges, contrapone algunos modelos especiales de mujer entre las que destacan: la “mujer opulenta que tendría que buscarse entre la maciza, la jamona, la fondona y la real hembra” de Las españolas, cuyo mayor ejemplo está en doña Nati, “la mujer grande y carnosa” de Las Ninfas. La efeboandrógina de La bestia rosa que halla su mejor expresión en “la trinidad andrógina: Mozart, Rimbaud y Licaria, “evidente remisión al músico y al poeta”, como “centro femenino de la escritura del narrador”. Así mismo, su fino acierto, detecta la estrecha “relación entre la ninfa y la andrógina”, cual “encadenado de mujeres” en Memorias eróticas y en otros libros que, a su vez, se emparentan con “la otra tradición literaria, del malditismo” de Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Verlaine.

Una de las mayores galerías del libro, es remitirnos a los principales antecesores españoles de Umbral: Miguel Delibes, Larra o Quevedo, entre otros muchos. Aquellos admirados maestros por los que ha sentido verdadera devoción y con los que entabla una sincera conversación textual y dinámica. De todo el extensísimo y confesional devocionario de fiel lector-escritor, despuntan dos de ellos que resumen la confesada influencia francesa: Baudelaire y Proust. Según afirma Ignacio, la “dicotomía Baudelaire/ Proust, no solo es tan esencial como confiesa Umbral, [sino] permanece mucho más abierta de lo que parece […] Cuando elige a Baudelaire Umbral huye culpablemente del género novela y cuando el término novela no se escamotea brota Proust como la fuente primordial. No es que uno sea poeta y otro novelista, sino que en la elección de Umbral juegan a nivel profundo viejos fantasmas”. La pasión de Umbral por Proust “es un refugio profundo” de las memorias y, quizá de Baudelaire proviene el “rico empedrado metafórico” que posee su prosa, reafirma.

Con este libro, Ignacio nos invita a degustar del banquete de sus sugestivos y sugerentes artículos misceláneos que, al fin y al cabo, se interrelacionan entre sí. Así mismo, como estudioso de la literatura erótica, de postre nos pone en bandeja la naranja descortezada del mundo ficcional, lúdico, sexual y erótico para endulzar y digerir la abundante “escritura perpetua” de Umbral, quien afirmaba: “Voy desenvolviendo la naranja, desenredando el laberinto de su piel […] desnudándola de su vendaje, como se desvenda el seno fresco de una virgen embalsamada”.

Ana Godoy Cossío
Doctora en Literatura Hispanoamericana
Universidad Complutense de Madrid

 

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