6:14 am - sábado septiembre 22, 2018

Derecho de ciudad, de café y de letras

Written by | 27/04/2018 | Comentarios desactivados en Derecho de ciudad, de café y de letras

Entre finales de los cincuenta y principios de los sesenta, Vargas Llosa y Francisco Umbral llegaban a Madrid como jóvenes emprendedores literarios. Ser aceptados como escritores en la capital de posguerra en busca de un porvenir, sin duda, era todo un reto. Había que ganarse el “derecho de ciudad”, como diría Cortázar de París. Madrid será para ambos la palestra de la literatura, «un género literario» y «una disculpa para escribir»[1]. Aquí brotan sus primeras novelas que recuperan la añorada adolescencia de otros espacios distantes de la nueva ciudad capital que los acoge: La ciudad y los perros de Vargas Llosa; Balada de Gamberros de Umbral.

Madrid será el kilómetro cero, como lo fue para otros escritores: «Hay un Madrid de Quevedo, otro de Galdós; uno de Valle, otro de Ramón, otro de Larra»[2]. De hecho, también «hay un Madrid de Francisco Umbral» y de Vargas Llosa que son el «resultado, por destilación, de todos los anteriores»[3]. Madrid, la arquetípica «ciudad plural», les abre puertas con sus tradicionales cafeterías, restaurantes, calles, plazas y demás lugares emblemáticos y «acaba siendo una ciudad amada, pero no es, casi nunca, una ciudad amable. Madrid y sus historias son, en buena medida, una metonimia de España y su historia»[4]. Larra decía que «escribir en Madrid era llorar», en busca de una «voz sin encontrarla». Vargas Llosa y Umbral también han sufrido en las pensiones, la cara hostil de Madrid «una musa un tanto peculiar»[5], sin embargo, han bebido la misma esencia del café de sus antepasados y aquí han encontrado su propia voz.

Como madrileño y madrileñista, Umbral callejea en sus libros, por los vericuetos de Madrid de los Austrias y alrededores y lo hace suyo «este Madrid nuestro que somos nosotros mismos»[6]. Madrid, como la Fontana de Trevi, ha inspirado a sus maestros, por ello, Miguel García-Posada habla del «Madrid Universal»[7]. Buena parte de sus crónicas, novelas, ensayos, autobiografías llevan el sello madrileño: Travesía de Madrid, (1966), Amar en Madrid (1972), Teoría de Madrid (1980), Trilogía de Madrid (1984), Madrid 650 (1995), Madrid, tribu urbana (2000), como el mayor «testimonio del amor que siente Umbral por la ciudad de Madrid, en sus grandes posibilidades literarias»[8].

Durante su estancia en Madrid, Vargas Llosa recuerda sus apacibles callecitas con sus cafés y, en especial, el Café Gijón, «donde se reunían poetas […] en esas célebres tertulias […] y donde uno podía espiar a los ilustres polígrafos»[9]. Aunque señala que «el Madrid de los cincuenta no tiene nada que ver con este Madrid moderno, cosmopolita, enorme. Era un Madrid muy cerrado, muy ensimismado, muy incomunicado»[10]. En Madrid cuando era aldea (1985), Contra viento y marea (1990) y otras crónicas dedicadas a Madrid relata pasajes de su estancia y la increíble «transformación histórica más extraordinaria»[11]que ha experimentado Madrid. Aquí frecuenta la Biblioteca Nacional, decide ser escritor a tiempo completo y escribe su primera novela «en una tasca típicamente madrileña[12]. Madrid no solo es hoy la ciudad donde reside habitualmente, sino a la que le debe un reconocimiento especial. Admite «ser un madrileño más» y siente gratitud hacia España que le abrió la puerta grande como ciudadano y le «concedió una segunda nacionalidad»[13], cuando estaba a punto de perder la suya. Inclusive, en la entrevista[14] nos revela que algunos personajes de su novela Travesuras de la niña mala se habrían gestado en Madrid.

El Café Gijón será el lugar común donde confluyen, por distintos afluentes: Umbral desde el Ateneo, Vargas Llosa desde la Universidad Complutense. En varios libros, Umbral recupera el Café Gijón de los años sesenta y dice: «todos éramos yeyés de izquierdas y estábamos sentaditos en el café esperando la revolución del 68 […] El Gijón era el teatro social de Buero Vallejo, el cachondeo erosionante de Fernán-Gómez y la poesía maldita de Carlos Oroza […] El Gijón era el gulag de escritores, actores, cómicos y marquesas antifranquistas»[15].

Sin embargo, es en La noche que llegué al Café Gijón donde  escanea el ambiente del café, primordialmente, del universo femenino, una de las canteras de su obra: «Yo soy muy sensible al mundo de la mujer, a sus reacciones, a sus tics, y otros ven en una mujer las piernas, yo suelo ver toda la maquinita que va por dentro»[16]. Aquí establece la distinción entre dos colectivos notorios de mujeres que frecuentan el Café: «Las chicas del Gijón estaban entre la gloria y la fornicación, mientras que las chicas del Ateneo estaban solamente entre la menstruación y las oposiciones» […] Las chicas del Ateneo no olían a nada. Todo lo más olían a cultura, a pensión, a libros y a las horribles frituras del bar»[17].

Así como González-Ruano distingue “en el café y sus fantasmas”, a “sus queridas mujeres”, Umbral hace lo propio, descubre varios perfiles femeninos y las saca del anonimato: estudiantes, extranjeras, actrices, modistillas, prostitutas, provincianas: «la chica triste que estudiaba para enfermera, o la andaluza hermosa que estudiaba música, y la madrileña botticelliana que estudiaba semiología marxista»[18]. Para Umbral «cada mujer es la puerta jónica»[19] de una ciudad. Como partícipe-testigo y cronista de la llamada movida madrileña. Madrid ha sido escenario de sus personajes femeninos de distintas etapas que parecen cobrar vida en el cine. La película La Tribu estrenada hace pocas semanas, nos remite a un título umbraliano que recrea a un colectivo de mujeres que Umbral denominaba “marujas”. En el film son las “mamis” que nos dan una lección de sacrificio, coraje y entrega, a través del baile urbano.

En este Mes de las letras, nuestro homenaje a todos los escritores y escritoras que han «comprendido que la urbe es un venero literario mucho más rico que la campiña»[20]. A ellos, que se han consagrado a la “escritura perpetua” en los distintos espacios míticos, como el Café Gijón, «el último café literario de Madrid»[21]. Casi una institución que congregó «multitud de tertulias presididas por afamados escritores»[22]. Es una lástima que las tertulias de antaño hayan sido reemplazadas por las redes sociales: twitter, instagram, vídeo conferencias o chats. ¡Afortunadamente, tenemos ciudad, cafés, ferias y muchos libros!

Ana Godoy Cossío
Doctora en Literatura Hispanoamericana
Universidad Complutense de Madrid

 

[1] Francisco Umbral. Travesía de Madrid. Barcelona: Destino, 1974.

[2] Javier Villán. Prólogo a la Trilogía de Madrid de Francisco Umbral. Barcelona: Planeta, 1999, p. 7.

[3] Ibíd.

[4] Francisco Umbral. Hojas de Madrid. Prólogo de Miguel García-Posada. Op. cit., XI.

[5] Alberto Ruiz Gallardón. «Madrid y Umbral: el mito de una musa». El Mundo, 28/08/2007.

[6] Francisco Umbral. Teoría de Madrid. Madrid: Espasa Calpe, 1981, p. 15.

[7] Francisco Umbral. Hojas de Madrid. Prólogo de Miguel García-Posada. Barcelona: 2008, IX.

[8] Eduardo Martínez Rico. «Los umbrales de Umbral: los primeros pasos novelescos de F. Umbral. Literatura y sociedad: el papel de la literatura en el siglo XX». Universidad da Coruña, 2001, p. 418.

[9] Mario Vargas Llosa. «Madrid cuando era aldea». Contra viento y marea. Barcelona: Seix Barral, 1990, pp. 12 y 13.

[10] Mario Vargas Llosa. «Memorias de un lector de bibliotecas». Revista Eñe, Nº 31. Otoño, 2012, p.103

[11] Ibíd.

[12] Ibíd.

[13] Mario Vargas Llosa. Discurso del Premio Nobel de Literatura. Suecia, 2010.

[14] Ana Godoy Cossío. Arquetipos femeninos en las obras de Francisco Umbral y Mario Vargas Llosa. Madrid: UCM, 2016.

[15]   Francisco Umbral. «Bocaccio». El Mundo, 01/12/1999.

[16] Francisco Umbral. La noche que llegué al Café Gijón. Barcelona: Destino, 2001, pp. 50-51.

[17] Ibíd.

[18] Ibíd.

[19] Francisco Umbral. La belleza convulsa. Barcelona: Planeta, 1985, p. 32.

[20] Francisco Umbral. La escritura perpetua. Madrid: Fundación Cultural Maphre, 1989, p. 30.

[21] González Ruano. Mi medio siglo se confiesa a medias. Barcelona: Noguer, 1951, p. 668.

[22] Bonet Correa, A. Los cafés históricos. Madrid: Cátedra, 2012.

Artículos relacionados

  • En 1958, a los 22 años de edad, Mario Vargas Llosa coronó sus estudios universitarios en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, con la tesis titulada Bases para la interpretación de Rubén Darío. Con el entusiasmo de todo investigador principiante se sumergió en “los…
    Tags: de, y, que, a, llosa, vargas, mario, francisco, umbral, cartel
  • La vitalidad y dinamismo que Mario Vargas Llosa sigue proyectando a pocos días de cumplir 82 años es sorprendente. La mayor prueba está en su último libro autobiográfico/ensayístico que acaba de presentar con el título La llamada de la tribu. Una obra que rellena el vacío ideológico de su prolífica carrera como escritor. Es la…
    Tags: de, y, que, a, mario, vargas, llosa, umbral, francisco, cartel
  • La mujer para Francisco Umbral y Mario Vargas Llosa ha sido la pieza fundamental en la larga e interminable competencia intertextual y vital que ambos han jugado en el tablero de la literatura, con las fichas de «barro del idioma» (Umbral: 1976), la estrategia de sus maestros y su apasionada «escritura perpetua». Como poseedores del…
    Tags: de, y, mario, vargas, llosa, umbral, francisco, cartel
Filed in: Literatura

Comments are closed.