8:55 pm - Thursday July 27, 2017

Eduardo Martínez Rico: «La literatura, para el escritor, es un salvavidas»

Written by | 18 January 2017 | Comments Off

Sólo tú puedes convertir en vida estas palabras. Sé bienvenido, bienvenida, esta
novela no tiene reglas, es reino de la libertad, sus únicos corsés son los del arte.
Eduardo Martínez Rico

 
La literatura como losa, como aprendizaje, como fuerza, como motor y como enseñanza constante. Todo un libro que reflexiona sobre la literatura, al tiempo que el protagonista se encarga de dotar de significado a estas reflexiones, pues mientras las hace se construye una novela. La novela, “género mestizo”, en palabras de Martínez Rico, se llama Cuerpos y letras, y de la misma se pueden tomar muchas lecciones o ninguna, tal y como ocurre con la vida. Si algo tienen las reflexiones acerca de la Literatura, es que nos hacen comprenderla mejor, en su inmensa complejidad, y nos ayuda a entender la realidad, desde otra perspectiva, más centrada en la belleza y en la contradicción constante a la que nos somete la vida.

He entrevistado a Eduardo en varias ocasiones, y esta vez, a punto de finalizar el año, la entrevista tiene un tono de final cíclico inevitable. La belleza de toda una vida se puede concentrar en unas páginas, que nos dan a un escritor y a un hombre, y que pueden servirnos de espejo en el que reflejar nuestra preocupación, malestar, pero también el asombro y el goce cotidiano que representa el día a día. La primera entrevista que le hice, tras haber leído Relámpagos, le sirvió para definir el texto como una “nivola”. Este género, monopolizado y dominado por el grandioso Unamuno, vuelve a servir de inspiración para otra “nivola”, más vital, y más centrada en los aspectos cotidianos, pues Relámpagos, era el fruto de una mente aislada y de un estudio psicológico obsesivo y aterrador. Cuerpos y letras viene a ser, el discurso de un escritor que decide tomar una posición definitiva acerca de la escritura (la suya y la de los demás). La vocación es una llama que se debe cuidar para evitar que se apague y oscurezca nuestro tiempo. Parece una lucha sencilla, pero resulta un conflicto encarnizado, con momentos bajos y encuentros constantes con uno mismo. A través de la escritura de un libro, se obtiene una materia prima magnífica para tratar la lucha constante con nuestra conciencia. Estos libros abiertos son pura materia prima a punto de transformarse. Por eso me gustan.

Alan Romero

-¿Qué valor encuentras en la metaliteratura? ¿encuentras que se puede hacer gran literatura con estas reflexiones?

-Desde muy temprano me gustó la metaliteratura. Tal vez desde que escribía cuentos durante la carrera, donde yo hice mi verdadero aprendizaje como escritor, o una de sus etapas, porque creo que he tenido varias. Siempre me ha gustado mucho escribir sobre escritores, y sobre obras, cuentos, novelas ficciones, crear dentro de ellas, ir más allá de ellas… Por supuesto que creo que se puede hacer gran literatura reflexionando sobre la literatura, en forma de ficción, como Cuerpos y letras. Algunas personas a las que valoro mucho, como mi compañero el profesor Daniel M. Sáez Rivera, me han hablado de que es una novela unamuniana. Me gusta mucho esta visión, porque creo que Unamuno fue clave en el estallido de mi vocación literaria, que creo que se produjo en la adolescencia. Aunque todo siempre viene de más antiguo.

-En el libro hay un juego constante con la perspectiva del personaje. Se habla en primera persona, luego en tercera y, finalmente, el escurridizo narrador se funde con el personaje. ¿Al reflexionar sobre literatura se reflexiona, también, sobre la realidad?

-A veces se nos olvida que la literatura es vida. Hay gente poco amiga de los libros que los rehúye, pienso yo, en parte porque los asocia con el colegio, y en parte porque quizá piense que están muy alejados de la vida real. Para mí la literatura es vida, vida por otros conductos, vida de otra forma pero profundamente auténtica y muy conectada con nuestra vida cotidiana. De hecho, Cuerpos y letras se mueve entre la ficción y la realidad, mi realidad, entre la novela y la vida. Yo soy el autor y lo reconozco todo muy bien, pero también mis amigos y los lectores que me conozcan mejor. Hay un trasvase en el libro, continuo, entre la vida real y la vida imaginada… hasta llegar a un clímax, o éxtasis, que no cuento para no estropearle a nadie la novela. Cuerpos y letras tiene su propia intriga, metaliteraria, y yo diría que “metavital”.

-En el libro el personaje parece estar constantemente desanimado y abatido, y encuentra en la literatura tanto una vía de escape como una auténtica losa. ¿Qué tiene de losa, de lápida y de salvación la literatura?

-Tiene de losa en mi caso que yo desde hace muchos años quise ser escritor, que me reconocieran como tal -en lo que me parezco mucho a mi personaje, por cierto-. Eso, en mi caso, ha supuesto un trabajo continuo, constante, durante muchos años. Un desvelo en cierto modo obsesivo, porque sólo una persona con una vocación tan fuerte como yo, pienso ahora, puede realizar ese esfuerzo, un esfuerzo tan continuado. Pero sin duda lo he hecho, y lo hago, también por placer, porque disfruto, porque me gusta, y porque, como tú dices, la literatura me salva de muchas cosas. Lo digo en la novela, es un “salvavidas”. Todos sabemos que la vida es muy dura. Pues bien, la literatura, para el escritor, al menos para el escritor que soy yo, y también para el lector, creo que es un salvavidas. A mí la literatura me ha salvado, o aliviado, de multitud de situaciones duras, desagradables, dolorosas. Y lo sigue haciendo. Leyendo y escribiendo soy mucho más feliz, seguramente soy feliz. La escritura, y la literatura en general, redondea mi vida.

-Es muy bonita la descripción que haces sobre el maestro, definiéndolo como “gran árbol de palabras”. ¿Qué escritores han forjado al maestro de Cuerpos y letras?

-El maestro de Cuerpos y letras es un personaje de ficción, pero efectivamente hay personajes que lo han inspirado, o que lo han podido inspirar, porque esta cuestión ya escapa un poco de mi control. Cuando escribes una novela los personajes acaban creciendo y se convierten en ellos mismos. De todos modos,  yo pensé en algunos maestros míos al escribir la novela, y luego, al revisarla, encuentro que puede haber más parecidos. Umbral está muy presente, mucho, pero también Vázquez-Figueroa, Raúl del Pozo, Luis Alberto de Cuenca, Agustín Sánchez Vidal, José Luis Olaizola, y tal vez me dejo alguno, quizá mi padre, algún tío mío o alguna persona mayor especialmente importante para mí. En el maestro de Cuerpos y letras está corporeizado un ideal de maestro que se nutre de los que yo he tenido. No es ninguno de ellos, pero tiene, o puede tenerlo, parecido con alguno de ellos o con todos. Por otra parte, esta novela está dedicada a Vázquez-Figueroa porque en una conversación que tuve con él, en plena crisis económica y en un momento malo para mí, me dijo: “Escribe una novela”. Y yo lo hice, y es Cuerpos y letras.

-¿Consideras,  como se dice en el libro, que los grandes narradores están en el cine?

-Esa idea está presente en el libro. Yo la tomé de Umbral. Quien decía eso era Umbral. No estoy de acuerdo con ello. Sí pienso que hay grandes narradores en el cine, y a mí me gusta mucho el cine, pero también pienso que precisamente el cine toma muchas historias de la literatura, y se inspira o basa en muchas novelas. Creo además que utiliza los libros para probar historias, viendo qué gusta y qué no, qué tiene éxito y qué no. De todos modos creo que hay una gran relación entre el cine y la literatura, y que los escritores de hoy estamos muy influidos por el cine. Seguramente somos hijos de la literatura, pero también del cine.

-Este libro es muy disfrutable para los que adoran la literatura como recuerdo y como descubrimiento. ¿Qué lecturas fueron cruciales en tu formación como lector y escritor?

-Hay muchas, es difícil resumir aquí. Fue muy importante, cuando yo era muy niño, un Quijote de viñetas que me apasionó. Desde entonces Don Quijote está muy presente en mi vida, hasta el punto de escribirle unas Cartas ya publicadas. Luego fueron muy importantes las novelas de aventuras de Verne, de Dumas, de Stevenson, de Sabatini. Toda la literatura que homenajea Pérez-Reverte en El club Dumas. Luego ya vienen Cela y Umbral, a los que he leído muchísimo, y los autores latinoamericanos, como mi querido Borges, o García Márquez y Vargas Llosa, entre otros. Yo hice Filología Hispánica para leer mucho y escribir mucho, y lo hice.

-¿Se salvan o se explican los malos momentos de la vida gracias a su transformación en literatura?

-Cuando uno sabe qué hay detrás de un libro, cuando alguien te habla muy bien de él y tú sabes en qué momento, malo, lo escribiste, piensas que todo aquello tenía un sentido, que tal vez tú lo estabas pasando mal para escribir aquello. Es una hipótesis. A veces pienso que la gran literatura viene de los malos momentos, de las malas épocas, aunque se podría discutir mucho esta idea. Tanto Relámpagos como Cuerpos y letras surgen de etapas malas de mi vida, aunque también la experiencia, la experiencia “real”, me ha enseñado que se puede ser feliz incluso en las peores épocas, y gracias en buena medida a los demás.

-En un momento amargo del libro dices que la vida es una miseria, un regalo a devolver , pero al mismo tiempo esta opinión está en continuo cambio. ¿Es la vida un regalo envenenado?

-Depende de en qué momento te encuentres. En cualquier caso es un regalo al que se le puede sacar mucho partido, de hecho se le saca, artístico y vital. E insisto, al menos en mi caso esto funciona, de lo  malo se hace buena literatura. A veces pienso, cuando me ocurre algo malo, que no será tan malo si me sirve luego para escribir. Yo también utilizo la escritura para superar lo negativo, y siempre lo supero.

-Me interesó mucho una reflexión sobre la “autoorganización” de sistemas que encontré suelta en el libro (p. 110). Muy parecida a ideas que he leído en autores como Bastiat o Hayek.  Ambos hablan de órdenes naturales, o espontáneos. ¿Influye mucho esta idea en tu forma de entender la realidad?

-No, no influye mucho. Es una idea que se me aparece espontáneamente. Yo no la he tomado de nadie, lo que no supone que sea original, o mejor dicho nueva, pero veo que funciona en la realidad, o en mi visión de la realidad. Pero lo cierto es que, al vivir o al escribir, yo no tengo mucho esto en cuenta.  Soy más espontáneo en este sentido.

-También hay un pensamiento interesante sobre la “memoria selectiva” (p. 277). Parece que nuestra memoria es un fichero que selecciona las mejores fotografías, y que tiende a la nostalgia. Hay, también, en el libro, una sensación de pérdida muy dolorosa. ¿Hasta qué punto el pasado juega en contra del protagonista de este libro?

-Yo creo que juega en contra más bien al principio, cuando se siente frustrado en su sueño de ser escritor porque no ha conseguido publicar ningún libro. Pero pronto va cogiendo confianza; cuando se pone a escribir su novela cada vez se va llenando de más y más energía. Entonces el pasado le sirve para reflexionar, para hacer literatura, pero él ya va lanzado en su objetivo de vivir con fuerza y de escribir su libro, que al final ambas cosas suponen para él la misma. Al final para el joven escritor vivir y escribir su libro, es decir, escribir y vivir, es lo mismo. Y también para mí.

“La memoria seleccionaba, sabía elegir entre un amplio material, y el funcionamiento de la memoria podía mejorar el pasado. La personalidad de su maestro le había impregnado, tanto que había tenido que hacer un esfuerzo, acompañado de tiempo, para que emergiera su personalidad.”

Alan Romero

 

 

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