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Eduardo Martínez Rico: «Mi libro ‘Relámpagos’ puede ser considerado una “nivola”»

Written by | 20 November 2015 | Comments Off

Antes de hacer esta entrevista, comento con Eduardo algunas citas de Borges, en las que el gran escritor argentino motejaba a la literatura española de escritura provinciana fruto de la decadencia de un imperio y de la pobreza material e intelectual. Eduardo me dice al respecto:

-Los imperios decadentes son los que mejor escriben.

Relámpagos es el nuevo libro de Eduardo Martínez Rico, y pienso que debe ser el fruto de una crisis personal, nacional, casi cósmica. Lo que sí se puede asegurar de su libro es que es una interesantísima incursión en el campo de una literatura libre y directa por el trato frontal con temas universales, que eludimos para evitar el estremecimiento que nos provocan: la muerte, la ausencia, la soledad, el absurdo. Relámpagos es la historia de un hombre incierto, desdibujado, y cuyas aceradas reflexiones sobre la existencia le van alejando, de forma gradual, del trágico suceso que marcará una distancia entre el resto de su vida y su presente: la muerte de su esposa. Si nos detenemos en sus páginas, Relámpagos nos traslada a los lugares más recónditos de un alma devastada, con el poder de fascinación y la hipnosis propias de un juego literario que tiene “una peligrosa tendencia al diálogo consigo mismo”.

El hilo conductor de la reflexión se conjuga con el hilo estético de la imagen y la metáfora, en una desfragmentación fractal de la realidad. Todo esto es un acierto, ya que consigue aislarnos junto al narrador entre sus cuatro paredes mentales, fuera de las cuales hay un sórdido abismo de dolor y miedo. Tras su lectura surgen muchas preguntas, algunas, adelantemos, no tienen respuesta.

El título del libro es una metáfora. ¿Qué tipo de metáforas has querido introducir en el libro, y cómo has apoyado reflexiones con metáforas?

El título Relámpagos alude, efectivamente, a dos metáforas; la primera significa que Dios está haciendo fotos, una metáfora infantil, y, por otra parte, son las reflexiones e ideas del protagonista o incluso de nosotros mismos. Podemos imaginar cómo las neuronas se iluminan cuando tenemos un pensamiento o una idea.

¿Puedes explicar la forma en la que apoyas reflexiones por medio de imágenes?

Esta novela es muy interior. Es filosófica, psicológica y creo, también, que es muy literaria. Pero es una novela en la que pasan pocos acontecimientos exteriores, y lo que pasa sucede en el pensamiento del protagonista. Hay imágenes de lugares como el desierto, el mar, las aulas de la universidad, pero los espacios físicos son muy escasos. J. Ignacio Díez, catedrático de literatura española, ha relacionado estas novelas con Unamuno, y es algo que me resultó muy interesante porque es un autor que me marcó mucho cuando tenía 18 años, aunque luego el interés que tenía en él ha ido decreciendo y ya no me entusiasma tanto como cuando era joven. Aparte del tema filosófico, que tú mismo relacionaste con Sartre, e incluso Jesús Nieto lo relacionó con el existencialismo. Está claro que lo tengo dentro, y en esta novela lo he exteriorizado.

¿Cómo, a través de las tribulaciones psicológicas del protagonista, obtienes el tono filosófico del libro?

Eso es muy importante. Es un personaje que entra en una problemática enorme por la muerte de su mujer. Pero este personaje debió de ser así antes. Es una persona con una personalidad muy especial, porque es profesor de filosofía y tiene, como es lógico, una formación filosófica importante. Por supuesto que la filosofía y la psicología se relacionan entre sí. Creo que es muy importante el uso de la segunda persona del singular. Es una novela en la que el personaje dialoga consigo mismo. Me interesaba usar esta técnica, ya que cuando leí las Meditaciones de Marco Aurelio me impactó muchísimo la forma en la que el emperador utiliza este recurso. Y aquí no sabemos si es el personaje el que dialoga consigo mismo, como parece ser, o una persona que está fuera del mundo, de la narración, del texto. De hecho este profesor de filosofía habla con un compañero que le recomienda que escriba un libro, como terapia por la reciente muerte de su mujer, y el protagonista acaba diciendo “el libro que podría escribir lo tendría que escribir otro por mí, como si fuera yo”. Yo no estoy aquí para explicar mi libro, el libro debe explicarse solo, pero mi interpretación es que la novela que lee el lector es ese libro que alguien escribe desde fuera. Ese alguien podría ser yo, o incluso podría ser Dios. No lo sé.

¿Has buscado un tono distanciado y no sentimental para mostrar el desapego del protagonista con la vida?

Creo que este libro lo escribí en un momento duro o triste, y por eso me ha salido ese tono. Pero creo que encaja muy bien con la situación. Probablemente escribí esta novela porque mi situación personal y psicológica me la pedían. Es cierto que es un tono frío, objetivo y aséptico, parecido al de los existencialistas como Sartre y Camus. Pero es un tono que se me impuso y que explica bien el libro.

Antes mencionaste a J. Ignacio Díez; él reparó, en la presentación del libro, en una frase que me intrigó: “Somos normalmente raros”. ¿Qué significa para ti esta frase?

Viene a decir algo sencillo. A menudo decimos que todo el mundo es raro, porque todos tenemos rarezas. Somos raros. Lo que quiero decir con esta frase es que somos normales. Lo normal es ser raro. Ahí reside nuestra riqueza, y el hecho de que no seamos clones. Sería muy triste si lo fuéramos.

Relámpagos es antinovela, por todas las técnicas de desdoblamiento e interrogatorio. Aparte de esto, no sigue una estructura lineal. ¿Cuál es tu opinión sobre este género?

Yo antes escribía mucho más de este modo. Creo que es una novela experimental como otras cosas que he escrito. Otros libros míos como Fernando el Católico. El destino del Rey y Cid Campeador siguen una estructura tradicional, pero éste es mucho más experimental. Algunos dicen que es poético, otros filosófico, y tú dices que es antinovela. En el siglo XX se han escrito tantas cosas que es difícil impactar con nada. Yo creía que mi libro era minoritario, pero a medida que voy recibiendo la respuesta de los lectores, me voy dando cuenta de que igual no es tan minoritario, y de que la gente está más preparada de lo que creía para afrontar una literatura de este tipo. El propio libro, con esa apariencia de antinovela experimental, resulta que se lee mucho mejor de lo que parece, y resulta más atractivo para un público amplio.

Este personaje parece asumir el miedo y el libro, en sí, es un inventario de miedos. El personaje parece acercarse deliberadamente a lugares donde habita este miedo.

Claro, porque en el fondo este hombre está bordeando el suicidio. Por ejemplo en esa frase en la que habla “de esa peligrosa tendencia al diálogo con uno mismo”, creo que se está refiriendo a eso. Hay un peligro latente y creo que todos lo vemos en el libro.

Al principio del libro hay algunos encuentros con amigos y la narración nos sitúa en espacios físicos (en la carnicería de un gran almacén, por poner un ejemplo). A partir de ahí no vemos nada más que evocaciones, y lugares también evocados mediante el recuerdo. ¿Es un recurso deliberado?

Creo que a medida que avanza la novela me interesa más el personaje de la mujer muerta, y de ahí sus continuas evocaciones. Evocando cómo la conoció, cómo iniciaron su relación y cómo se enamoran, y a mí me parecía muy hermoso describir este proceso. El inicio de una relación y el pasado.

A pesar de lo que dices sobre el lirismo y la poesía, en la evocación de la mujer yo veo un tono muy distante y exento de sentimentalidad. ¿No crees que hay una distancia enorme con la mujer y con todo?

Probablemente ése es el tono del existencialismo. Quizá sea un nieto de Camus, Sartre y Unamuno. Yo pude haber estudiado Filosofía, y de hecho la estudié en algunas asignaturas y con buenos profesores, y creo que habría sido feliz estudiando esta disciplina. Este personaje, en estas circunstancias, y con su mujer muerta, reacciona de esa manera, y sospecho que yo habría reaccionado de un modo similar. Quizá hubiese escrito un libro sobre mi mujer si ésta muriese, lo que no es tan raro, porque yo escribo sobre casi todo, así que lo hubiese contado y, quizá ahí, habría dado el salto a ese tono lunar, de negación existencialista del libro. Yo conozco viudos y lo pasan muy mal, al menos durante un tiempo. Es muy duro, como una amputación.

¿Crees que esta forma tan aséptica de evocar a la mujer es una explicación del absurdo, de que el personaje tiene una conciencia cada vez más clara?

Yo lo que creo es que él la salva mostrándola. El lector la tiene y la tenemos en el libro. El personaje nos da la mujer de una forma hermosa, pero compatible con ese tono desesperado y nihilista. Creo que él la recuerda con mucho placer. En un momento él dice que ella es “una ricura”, y se disculpa diciendo que es una frase muy tópica y tonta. Pero para el que la siente de verdad tiene un significado profundo. Cuenta sus paseos con ella, las clases que él le dio, la forma en que se coloca ella para coger apuntes, apoyando la cabeza en su mano. Hay una delectación al recordarla y nos la regala a nosotros en el libro. Entonces sí que salva a la mujer, entendiendo el libro como metaliteratura. Si esto fuese algo que flota y que no ha escrito nadie, un diálogo consigo mismo, la salvaría únicamente para sí mismo, porque le ha quedado el recuerdo y entonces es como si viviera. El recuerdo tiene una gran significación, ya que quedan unos recuerdos muy importantes, momentos que nos iluminan, y que son enseñanzas de vida al lado de esta mujer que vive en el recuerdo, y que le desencadena un enorme sufrimiento por su desaparición.

El tono de tu literatura es antidescriptivo, prefieres sugerir a describir. ¿Es algo constante en tu literatura?

Yo lo que pienso es que soy moderno. La literatura moderna es muy poco descriptiva, por influencia del cine, y el propio Unamuno no abundaba en descripciones porque prefería centrarse en el hombre y su agonía, el conflicto y las ideas. Yo, siguiendo la pista que tanto J. Ignacio Díez como tú mismo apuntasteis, sobre que mi libro se parecía a los libros de Unamuno, creo que la cosa va por ahí. Un coche nos da la imagen mental de un coche, y lo mismo una montaña. Puedes recurrir a la descripción si quieres precisar más, pero no siempre es necesario. El libro tiene menos de 170 páginas. Habría sido muy diferente si hubiese dedicado más espacio para la descripción.

¿Tiene alguna influencia este libro de un género tan abierto como el diario?

No creo que tenga forma de diario, pero puede haber alguna influencia, porque llevo escribiendo diarios muchos años, influido en parte por Umbral. Es un género que él me recomendaba diciendo que era lo mío, aunque yo creo que él lo decía porque a él le encantaba escribir diarios. Pero yo no veo aquí esa influencia, puesto que hay situaciones ficticias y personajes ficticios. El uso de la segunda persona también descarta que pueda ser un diario, a no ser que consideremos las Meditaciones de Marco Aurelio como un diario. Al mismo Unamuno le decían que él no escribía novelas y él, para defenderse, acabó diciendo que escribía “nivolas” en lugar de novelas. Creo que mi libro puede ser considerado una “nivola”.

Alan Romero

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