10:02 pm - Tuesday September 26, 2017

Eduardo Martínez Rico: «Umbral era, como hombre y como escritor, “la rosa y el látigo”»

Written by | 03 September 2017 | Comments Off

Francisco Umbral, a lo largo de su trayectoria literaria, dio para muchas preguntas. Fue, casi siempre, un entrevistado difícil, y escondido tras su máscara, solía ejercer un gran atractivo. En la entrevista que realizó con Serrano Soler en 1976, se observa a un Umbral insufrible y juvenil. Fue una entrevista desastrosa (para él), en la que Umbral no acertó a proyectar la personalidad que quería. Muy distinta a la entrevista realizada en 1978 para RTVE. Un Umbral circunspecto, sin sonrisa, seguro de sí mismo y lapidario, contesta con aplomo y destruye a Baroja en un par de frases. La imagen que aporta a su imaginario, es la de un Halcón Negro, oscuro de zapato a melena. Pero el mejor Umbral fue el que entrevistó Dragó (que podía ser un entrevistador superior a Soler). Es el Umbral que corresponde al recuerdo que dejó en el público. Un hombre viejo e inteligente, que ha pasado demasiado tiempo disfrazado como para no confundirse con su disfraz. Y por supuesto están sus libros, puestos sobre la mesa, como muestras de su monstruosa y poliédrica persona. Un buen repaso a su vida y a su literatura, que se queda muy corto si es comparado con los trabajos de Eduardo Martínez Rico,Umbral: las verdades de un mentiroso ilustre (Imágica) y Francisco Umbral: entre la novela y la memoria (Dalya), que estudian con gran detalle la huella del escritor. Cuando entrevisté a Rico, me trajo su libro y lo puso sobre la mesa, para meterme en el papel.

-Este año se van a cumplir diez años de la muerte de Umbral. Dado que tú trataste su círculo y topaste con opiniones de todo tipo sobre él, ¿en qué crees que ha cambiado la percepción del público respecto a su imagen pública?

-Creo que Umbral está instalado con bastante solidez en los ámbitos académicos, mientras que está perdiendo atención entre los lectores normales. Es decir, noto que interesa mucho a los profesores, quizá cada vez más, y mucho menos a los lectores de a pie, quizá cada vez menos. Se le estudia mucho y supongo que se le lee menos. Eso es lo que he observado, por ejemplo, en la Feria del Libro de Madrid y lo que observo entre compañeros míos profesores. Cuando yo hice mi tesis era justo al revés, aunque ya empezaba a apuntar el gran interés académico.

-¿Qué imagen ampliada crees que puede obtener un lector de estos dos libros?

-Son dos libros complementarios. Por una parte Francisco Umbral: entre la novela y la memoria (1965-2001) es el análisis de buena parte de su obra, sobre todo la narrativa. Umbral. Las verdades de un mentiroso ilustre recoge sus palabras y un momento concreto de su vida. Es un libro dinámico y lleno de ingenio a mi modo de ver. La imagen que puede obtener el lector es la de encontrarse ante un gran escritor, un gran escritor con gran personalidad. El gran escritor se muestra en el libro de mi tesis, mientras que la gran personalidad del hombre, digamos, está en Las verdades de un mentiroso ilustre.

-En Las verdades de un mentiroso ilustre hay momentos en que te muestras poco complaciente con un hombre al que tú admirabas. ¿Cómo fue cambiando tu relación con Umbral?

-Toda relación genera roces; la convivencia, como todos sabemos, es dura, y Umbral y yo convivimos mucho durante un tiempo. Nos pusimos ante situaciones que seguramente no eran fáciles, y eso hizo que mi relación con él empeorara. Yo seguía admirándole mucho como escritor, porque admiraba muchísimo su obra, pero el contacto que había tenido con la persona hizo que le tratara de otra manera, que fuera más duro con él, al igual que él lo era conmigo. Ese libro, Las verdades de un mentiroso ilustre recoge lo que estoy diciendo. El primer libro de conversaciones que hice con él, Umbral: vida, obra y pecados era el libro de la admiración total. Éste segundo, el Mentiroso ilustre, es mucho más duro. Creo que en la tesis, Umbral: entre la novela y la memoria (1965-2001) encontré un buen punto medio, un equilibrio.

-¿Era tan duro Umbral como aparentaba? ¿Cómo era el trato con él?

-Yo creo que sí, que Umbral era tan duro como aparentaba, pero al mismo tiempo era muy sabio, inteligente y poético. Todo esto lo recoge su obra. Ahora que lo pienso el hombre Umbral estaba representado fielmente en su obra. Él hablaba de que su técnica como escritor era la de “la rosa y el látigo”, y efectivamente se publicó una antología, muy buena, de Miguel García-Posada con ese título. Pues bien, él como hombre también era eso, “la rosa y el látigo”.

-Tu tesis trabaja con la parte menos reconocida de su bibliografía: su narrativa. ¿Le consideras un novelista?

-Sí, le considero un novelista, pero “entre la novela y la memoria”, como dice el título de mi libro. No es un novelista tradicional como los del siglo XIX, Galdós, Clarín, Flaubert, etc. Lo suyo se parece más a Proust, “la novela de la memoria”, como recoge un título memorialístico de Caballero Bonald. A él le gustaba mucho ese título. Umbral no es un novelista clásico, es un novelista que da otros valores más allá de la trama. No es muy imaginativo, pero ofrece gran cuidado de lenguaje, por ejemplo. Creo que el editor José Manuel Lara le dijo una vez a Cela que él no era un gran novelista, pero que era un gran escritor. Pues es lo que pasa con Umbral: es un gran escritor, más allá de que sea novelista. Sus novelas, que él consideraba memorias, según las entrevistas que le hice, son las obras de un gran escritor. El gran escritor, en este caso, está en todos los géneros, aunque unas veces brille más que otras.

-¿Sigues pensando que el talento de Umbral es tardío? Anna Caballé considera que sus mejores obras las realizó en los setenta.

-En los setenta publicó obras muy buenas, como Mortal y rosa y Las ninfas, por ejemplo.  Sí creo que esa década es superior a la de los sesenta, más titubeante. Después también publicó grandes libros, ya en su etapa de El Mundo; a mí El fulgor de África y sobre todo Leyenda del César Visionario me parecen grandes libros. Éste último me parece su novela más novela, y finalmente uno de sus mejores libros a mi juicio. También me gusta mucho Madrid 1940, otra de sus novelas más novelas.

-Al final de Madrid 1940, Mariano Armijo esperaba, entre cínico, lúcido y aterrado, a que un moro escapado de la guardia de Franco le encontrase y acabase con su vida. Conociste a Umbral en sus últimos años de vida. ¿Mostraba una actitud tan cínica y descreída sobre la vida como la que se puede ver en sus libros?

-Yo creo que Umbral sentía que había triunfado en la vida y en la literatura, que sus orígenes habían sido muy difíciles pero que se había sobrepuesto a ellos. Hay que entenderle en este sentido. Todo esto le había creado esa visión cínica, descreída, como dices. Umbral estaba muy de vuelta, lo había pasado mal, pero su talento y su enorme capacidad de trabajo, su energía, le habían convertido en un escritor muy valorado y en un columnista extraordinariamente bien pagado.

-Quizá, su libro Mortal y rosa, sea su gran triunfo como autor. Un libro sin más argumento que la vida. ¿Qué destacas de este libro? ¿Merece un puesto entre las grandes obras del Siglo XX?

-Alguna vez he dicho en público que, después de reflexionar sobre ello, un libro como Mortal y rosa sólo se puede escribir en circunstancias como las que tuvo Mortal y rosa. Umbral escribió grandes libros, pero a mi modo de ver ninguno como éste. Ni siquiera Un ser de lejanías, con el que Umbral relacionaba Mortal y rosa y que tiene también grandes partidarios, se acerca a mi modo de ver a la calidad e intensidad literaria de Mortal y rosa. Umbral perdió a su único hijo, algo verdaderamente trágico, pero ese terremoto del alma le hizo dar a luz su mejor obra. Y para él también era su mejor obra. Umbral pensaba que Mortal y rosa era su obra maestra, el gran libro que todo autor necesita para ser reconocido como un gran escritor, para perdurar.

-Destacas mucho al Umbral ensayista. En el apartado de tu tesis sobre Retrato de un joven malvado, llegas a considerar que sus mejores páginas son las que se ocupan de retratar el estilo literario de Proust, Valle-Inclán y Gómez de la Serna. Con otros escritores, sin embargo, era mucho más ácido ¿Por qué crees que Umbral atacaba tan descarnadamente a otros escritores? ¿Tenía algo que ver con esa inseguridad que algunos le atribuyen?

-Yo creo que les atacaba por una parte porque no estaba de acuerdo con ellos, porque no tenían nada que ver con su estética. Por otra parte, en los mismos casos o en otros distintos, porque eran sus rivales, su competencia en el mercado y en la literatura. O por razones personales, que también podía ser. El mismo Umbral decía que era muy inseguro –a mí me lo decía-, aunque eso no significa que lo fuese en todos los sentidos. Es posible que atacara a otros escritores también por inseguridad. Umbral consideraba la escritura como un oficio, una profesión, y eso significaba tener una competencia. Quizá atacara a algunos escritores para salir él vencedor en la lid literaria, pero desde luego esto no ocurría así cuando atacaba a un autor muerto como Baroja, por ejemplo. A Baroja lo atacaba por descuidado estilísticamente y por pertenecer, pienso yo, a otra estética.

-¿Llegó a desbordarte su personalidad? Cuando trataste a Umbral, él ya era un escritor veterano que parecía aceptar sólo su propia opinión.

-Umbral era una persona muy intensa, en lo bueno y en lo malo, y una de las cosas que más me gustan de él es que tenía plena conciencia de lo que era. No siempre nos llevamos bien, pero al final siempre nos reconciliábamos. Para mí fue un maestro literario y un tema maravilloso de tesis doctoral. Yo observo que mucha gente tiene que hacer su tesis sobre temas que no le gustan, o que no le interesan, o temas mínimos por muy especializados. Yo, gracias a los profesores Antonio Prieto y J. Ignacio Díez, que finalmente fue mi director de tesis, pude hacer mi tesis sobre un tema que me apasionaba y que me sigue apasionando. Es cierto que estoy bastante fatigado de él, por todo lo que he trabajado, y que ahora, desde hace años, me apetece escribir sobre muchos otros temas, pero sigo aprendiendo y disfrutando cuando leo a Francisco Umbral, mi amigo en el tiempo y en la literatura.

Alan Romero

 

 

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