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El humor será sin límites o no será

Written by | 20/12/2018 | Comentarios desactivados en El humor será sin límites o no será

No dejo de pensar en este debate actual, acerca de los límites del humor, surgido a raíz de las denuncias a cómicos por determinados chistes e incluso más allá de los cómicos, a cantantes, tweeteros, etc. “El humor será sin límites o no será”. Esta frase me está rondando desde hace días. No sé si se la he escuchado a alguien o me ha surgido en sueños, de mi propio inconsciente. Y es curioso, porque Freud hablaba de las formaciones del inconsciente, que son esos efectos en los que se nos escapa algo de él, algo de una verdad reprimida. Éstos son los sueños, los síntomas, los lapsus y los chistes. Los mecanismos de estas formaciones son exactamente los mismos, condensación y desplazamiento, o lo que es lo mismo, metáfora y metonimia. Todos podemos pensar en un sueño en el que un personaje es varias personas a la vez (es un ejemplo de condensación) o soñar que un edificio está derrumbado puede ser una metáfora de algo que está en las últimas (un trabajo, una relación). Lacan pone un ejemplo de condensación en el humor, sobre un hombre recién casado que habla de que está contento viviendo “maritablemente”. Ha condensado las palabras maritalmente y miserablemente, diciendo en realidad, más allá de sus palabras, que no está precisamente contento con su nueva vida. Aunque no lo dice.

En la metáfora, la relación de un significante con otro, hace surgir un sentido nuevo, pero es algo no dicho, reprimido, que queda flotando sin poder posarse porque no tiene un sentido claro.

Entonces, ¿qué función tiene el humor? ¿Por qué se le quiere poner un límite? ¿Por qué se persigue, se denuncia o se acalla? Se me ocurre, que estos chistes, aunque sean de mal gusto, tienen una función. Señalan, apuntan a un problema, critican, alivian. He leído otras cosas en redes sociales terribles, insultos y amenazas que sí me parecen denunciables. ¿Por qué eso sí y el humor no? Aunque sea de muy mal gusto, aunque no tenga ninguna gracia. Porque hace relevante el problema. Hace poco escuchaba al cómico David Broncano (que no está entre mis humoristas favoritos) en un alegato al humor sin límites, y se preguntaba por qué el drama no tiene límite, y sí el humor, que  es igualmente una ficción. En una película, a un personaje le pueden pasar todas las desgracias posibles y no se dice “no, ahí te has pasado”. No tiene que gustarte la película, incluso puedes no verla, o criticarla, pero a nadie se le ocurre denunciarla ni prohibirla. ¿Por qué el chiste sí? Es ficción, es un guión, el arte es otra formación del inconsciente, es otro modo de expresión de nuestra psique. Puede ser bueno, malo o regular, pero no es más que una expresión. Entonces, mantengo mi pregunta ¿para qué sirve el humor?

Sigmund Freud describe en su libro “El chiste y su relación con lo inconsciente” de 1905, los mecanismos psíquicos del chiste y su función. Después J. Lacan lo revisará en su seminario 5 “Las formaciones del inconsciente (1957-1958), dándole un punto aún más curioso y divertido. Ambos hacen una distinción entre el chiste, la agudeza, lo cómico y el equívoco, con sutiles diferencias entre sí, pero con un objetivo parecido. Dice Freud que el chiste consiste en dejar algo sin decir, que el otro que escucha adivine el doble sentido. Diferencia entre el chiste inocente y el tendencioso, que es ese que se refiere a cuestiones sexuales, escatológicas o políticamente incorrectas. Aclara que en el chiste tendencioso surge el placer ante la satisfacción de una tendencia que sin el chiste hubiera permanecido incumplida. Es decir, libera algo que sabemos que no debemos decir, que reprimimos. El propio chiste lleva en sí la censura, ya que hay algo que no se está diciendo. De hecho, sostiene que el chiste es una reminiscencia de la producción de lenguaje infantil, cuando no tiene ningún sentido y se produce por puro placer. Si un niño dice “una barbaridad” nos hace gracia, ¿por qué? Porque aún no tiene represión, es decir, no sabe lo que es políticamente incorrecto. Pero nosotros nos reímos.

La función social del chiste es una comunicación con el otro, una complicidad, que el otro hable “el mismo lenguaje”, o más bien que se ría de las mismas cosas. Quizá aquí esté el problema. No todos tenemos el mismo sentido del humor, como no tenemos las mismas ideas políticas, ni las mismas creencias religiosas, ni los mismos gustos culinarios.

Dice Freud que el humor es un medio de conseguir placer a pesar de los afectos dolorosos que a ello se oponen y aparece en sustitución de los mismos. Hay personas que se ríen en situaciones dramáticas, no lo pueden evitar, y lo suelen pasar mal por lo inadecuado que resulta. Y en los funerales, se suele terminar contando chistes. Es una defensa, una salida ante el drama. De ahí el éxito de los programas de sátira política, en nuestro país y en otros, en los que no se corre el riesgo de morir por ello, claro. Nos sirven para aliviar el malestar que la realidad pueda producir.

Cuando escuchamos un chiste, no sabemos en realidad de qué reímos, porque el chiste consiste en adivinar el doble sentido, un sentido que no se dice. Si intentamos explicar el chiste, pierde toda la gracia.

Lo cierto es que el humor es una cosa muy seria. Si nos quedamos sin él, puede que sólo nos quede llorar.

Sara Lucena Díaz

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