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‘El pequeño rey’, de Eduardo Martínez Rico: una especie de telediario real

Written by | 21/03/2019 | Comentarios desactivados en ‘El pequeño rey’, de Eduardo Martínez Rico: una especie de telediario real

Conocí a Eduardo Martínez Rico a través de un interés común por la obra y la persona de Francisco Umbral. Yo llevaba años, desde 1986, escribiendo sobre Umbral en publicaciones francesas y españolas cuando me enteré de que un chico joven estaba acabando una tesis muy buena sobre La obra narrativa de Francisco Umbral, 1965-2001, tesis defendida en 2002 bajo la dirección del profesor José Ignacio Díez, en la Universidad Complutense. A partir de entonces, he seguido con mucha atención la carrera de investigador de Martínez Rico que publicó dos libros de entrevistas con Umbral que son ahora unas referencias insuperables para los estudiosos de Umbral: Umbral: vida, obra y pecados. Conversaciones (2001), Umbral. Las verdades de un mentiroso ilustre (2003), la publicación de su tesis bajo el título Francisco Umbral entre la novela y la Memoria (1965-2001) en 2017 ha recogido lo esencial de esa investigación.

Ahora bien hoy quisiera hablar de otro aspecto de la producción de Martínez Rico: una creación personal en literatura, al pasar pues con éxito (lo que es poco frecuente) del estatuto de investigador académico reconocido, si bien por caminos siempre atípicos, al de escritor de ensayos como Alberto Vázquez Figueroa o la aventura (2004) y Pedro. J. Tinta en las venas (2008), de novelas históricas o de ficción pura: primero Cid Campeador y Fernando el Católico, y La Guerra de las Galaxias. El mito renovado (2017) o novelas como Cartas de un joven escritor a Don Quijote de la Mancha (2016) o de ficción pura como Confesión. Una novela gallega (2018) y El pequeño rey (2018) que acabo de descubrir.

El pequeño rey es un libro original, estremecedor, lleno de ternura y de sensibilidad literaria. Se trata, como lo sugiere el mismo título, de una historia ficticia que pone en escena a dos niños de 11 años, alumnos en un colegio de Madrid y los sigue durante un fin de semana. Lo nuevo es el contraste entre Juanjo, de origen humilde, alumno regular, preocupado por el deporte y Carlos, que se revela rápidamente ser el Príncipe de Asturias, futuro Rey de España, formado en vistas a su papel de Rey. Ambos niños se aprecian, se hacen amigos, incluso cómplices. La narración cuenta el fin de semana que Juanjo va a pasar en el Palacio Real, en ausencia de los Reyes, invitado por su compañero de clase. Esa relación entre dos colegiales, que podría ser una novela más sobre la amistad en el mundo infantil, se vuelve una reflexión sobre la figura del Príncipe, su educación en el Palacio, la soledad del Poder, su singularidad comparada con los otros chicos, el ambiente en lo que el narrador llama con una fórmula acertada una especie de telediario real.

Encerrar a los dos chicos en el Palacio durante 48 horas, en una especie de puerta cerrada, con la sola presencia de un consejero del Rey, llamado Víctor, tutor del Príncipe, que los guía, come y habla con ellos, permite un largo diálogo, un enfrentamiento entre dos concepciones de la vida totalmente distintas y opuestas: a la formalidad de Carlos se opone la libertad despreocupada de Juanjo. Éste aparece fascinado por la madurez de su amigo y por el mundo nuevo que descubre, tan distinto al de su casa: el interior solemne del Palacio, tan opuesto al de su casa, la presencia de la madera por todas partes, la biblioteca secreta en los sótanos, la importancia de los libros entre los cuales destaca el Don Quijote de la Mancha de Cervantes, el cuarto de baño lujoso, el rigor del protocolo, los coches de lujo, los ordenadores.

Martínez Rico propone un retrato del Príncipe por medio de la contraposición con el niño sencillo e ingenuo. Pero los dos chicos comparten su afición al fútbol o al cine. Y en definitiva, cuando regresan al colegio cada uno ha aprendido del otro.

Es un libro sobre el poder de la amistad, de los libros y de la literatura, la sinceridad en las relaciones humanas, el paso de la infancia a la madurez. Está claro que Martínez Rico sigue practicando un punto de vista de historiador, que manifiesta en muchas obras suyas, más claramente históricas, pero aquí el conocimiento erudito está al servicio de una ficción, la amistad inventada entre esos dos niños cuya finalidad es presentar una reflexión sobre la figura del Príncipe, de la Monarquía y de su relación con el pueblo. Hay que subrayar una buenísima fluidez narrativa, un arte del retrato y un dominio del diálogo y de las descripciones, con la evocación de los espacios tanto del Palacio Real como del Colegio o de la casa de los padres de Juanjo. Pero no es un libro realista sino más bien una fábula ejemplar.

Jean-Pierre Castellani

Este libro de Martínez Rico me recuerda un magnífico texto del escritor marroquí Fouad Laraoui, Une année chez les français, (Un año con franceses), Julliard, 2010, en el cual se cuenta los fines de semana que un niño pobre marroquí pasa en casa de un compañero de clase francés. Describe el contacto fascinado de ese mundo burgués pobre y a la vez la toma de conciencia en el niño marroquí de su identidad. Es evidente que son totalmente distintas las circunstancias históricas y sociales pero el ejemplo prueba que la idea del paso de un mundo a otro por parte de niños es una buena idea. Quizás falte en el libro de Martínez Rico la duración en el tiempo, un curso entero, que hubiera permitido captar una evolución en la mentalidad y la actitud de los dos niños. Martínez Rico ha preferido la concentración narrativa mejor que un relato largo y detallado. Es su derecho de novelista, por supuesto.

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