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El Vaticano y la instrumentalización de Dios

Written by | 12 March 2013 | Comments Off

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Con los prodigios que le ha sido concedido realizar en presencia de la Bestia, seduce a los habitantes de la tierra y les dice que hagan una imagen de la Bestia. Le dieron el poder de dar vida a la imagen de la Bestia hasta el punto de hacerla hablar y que hiciera matar a todos los que no la adorasen.

Apocalipsis 13:14-15

El pasado 17 de febrero, durante el penúltimo ángelus posterior al anuncio oficial de su renuncia al cargo, Joseph Ratzinger lanzó un mensaje en contra de la instrumentalización de Dios. Decía, textualmente, «no instrumentalizar a Dios para fines propios» y no creer que «la verdadera realidad esté en el poder». Frente a tamaño espectáculo, el espectador mínimamente atento se pregunta si es que acaso la Iglesia de Roma ha hecho alguna vez algo distinto a instrumentalizar a Dios con el objetivo de dominar el imaginario colectivo y, consecuentemente, controlar las conciencias. Muy a menudo, se dice o se comenta, que los grandes trusts bancarios son los verdaderos ejes del poder mundial y que, como también suele decirse, el dinero es la sangre del sistema. Pero vamos a situarnos desde una óptica propia de los platónicos y los idealistas y a decir que lo que mueve el mundo, ahora y siempre y desde el reducto más hondo e invisible del ser humano, es el amor y el deseo. Quienes tienen el control del dinero también son esclavos del deseo (y por eso, obvio, son esclavos del dinero). Por tanto, si existe algún tipo de superestructura de alcance mundial cuya tecnocracia no tiene otro gobierno superior a ella misma, ésa es la llamada intelligentsia, tan esquiva y ubicua que no entra en una categoría normal de estructura, corporación u organismo convencional. Es una estructura invisible, y opera con una sutileza diríase que aterradora porque nunca podremos señalarla con el dedo.

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Mircea Eliade

Cito un breve comentario de Mircea Eliade a propósito del gran visionario Giordano Bruno: «Todo puede ser manipulado por la imaginación, es decir, por los fantasmas de naturaleza y origen eróticos suscitados en un sujeto o en una colectividad cualquiera, pero sólo con la condición de que el operador esté inmunizado contra sus propios fantasmas. Con razón, el autor reconoce en la técnica propuesta en el De vinculis ―se refiere a la obra de Giordano Bruno― el antepasado inmediato de una disciplina moderna: la psicología aplicada.» Y luego Mircea Eliade cita al autor del ensayo Éros et magie à la Renaissance, Ioan P. Culianu: «El mago de De vinculis es el prototipo de los sistemas impersonales de los medios de comunicación, de la censura indirecta, la manipulación global y los equipos de expertos que ejercen su control oculto sobre las masas…»

Valga decir que todo el conjunto iconográfico utilizado por la Iglesia durante la Edad Media responde a un programa de manipulación y control, pues pocos instrumentos son tan eficaces a la hora de condicionar las conciencias como lo son la imagen y el órgano visual, auténtico receptáculo del Ser del mundo. Luego, y a partir del Concilio de Trento, los jesuitas fueron los principales agentes de la necesaria depuración iconográfica en el contexto de la Contrarreforma. A raíz de ello, y teniendo en cuenta lo diestros e inteligentes que a lo largo de estos siglos han demostrado ser los jesuitas en eso de utilizar la imagen como forma de control (propio y ajeno), surgió la leyenda antijesuítica que les vinculaba a todo tipo de contubernios. Las leyendas sólo sirven para ser citadas pero ―en contra de lo que pudiera parecer, y en el contexto actual de declive económico, moral, crisis de referentes y un infinito etcétera― pienso que si hay una corporación visible con verdaderas posibilidades de hacerse con el dominio planetario en las próximas décadas esa es la Corporación Vaticana, con el surgimiento de una nueva teocracia de orden internacional y transcultural (es decir, la gran religión universal y ecuménica que según algunas voces ya está a las puertas). ¿Será, pues, el Vaticano, una vez más en la Historia, quien saldrá ganando, sabedor de cómo aprovechar en beneficio propio las carencias y las confusiones que va a generar la actual crisis sistémica? Dios (o Satán, depende de cómo el hombre pretende trascender su estado civilizador), efectivamente, es el absoluto del Imaginario, es como ese ojo dentro del triángulo que está elevado sobre los escalones inferiores de la pirámide que aparece en los billetes de un dólar (un modo de simbolizar al órgano rector de este mundo, uno que está más allá del mundo y allá donde habita la imaginación colectiva), la cual representa ―además de a los trece estados fundadores de los Estados Unidos de América― diferentes escalas del poder y del deseo.

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Quienes manipulan las necesidades primarias (subsistencia, sexo) controlan la producción y el dinero. Éstos, a su vez, son controlados por los diseñadores de imágenes generadoras de pasiones, pautas de conducta, deseos, creencias, percepciones, ideologías (aquí cabría la industria del arte en general). En la sociedad posmoderna, el programa iconográfico medieval es sustituido por la imagen a través de la televisión, el cine, etc. Las conclusiones pueden ser muchas, poco evidentes o demasiado obvias. Consecuencia clara de la expansión y democratización de la tecnología en nuestra era, ninguna civilización anterior ha estado tan subordinada y condicionada al poder de la imagen.

«Dios es imaginario» fue uno de los lemas que el movimiento ateo utilizó para defender su postura. Desde la perspectiva que inspira este artículo, estaban dando en el clavo. Dios sólo existe en la imaginación del creyente, desde el criterio de la inmanencia del hecho religioso. Pero eso ahora es lo de menos. Un hecho fundamental en nuestro tiempo, y volviendo al inicio, va a ser la instrumentalización de Dios efectuada por todos: la Iglesia, los ateos, los creyentes, los mass media, los políticos, los que hacen la guerra, los que pretenden la paz. Si Dios es instrumento, entonces es un poder para implantar una determinada cosmovisión. Afirmar o negar su existencia es hacer que el mundo sea de un modo o de otro completamente distinto. Jugar con sus atributos de poder, relativizarlos, es la clave para establecer el dominio de su contraimagen: el demonio. Es decir, esas soluciones que a veces nos ofrecen en nombre de la libertad, el progreso, la paz, la igualdad o la seguridad.

capilla sixtina conclave vaticano papa cardenales fumata blancaLa Capilla Sixtina, de Miguel Ángel, en el Vaticano

Concluyendo, si Dios es instrumento, entonces no se puede hacer otra cosa que instrumentalizarlo. Para el bien o para el mal. Es un problema que recorrió milenios de historia cultural hasta que, hace aproximadamente dos mil años, un carpintero de Galilea recreó la tradición judía y sintetizó a Sócrates con Buda: «amarás al prójimo como a ti mismo». El deseo, entonces, ya no arraiga en el poder o la lascivia, sino en la comunión de amor incondicional tras un previo proceso de autoconocimiento. Tal vez entonces podamos ir más allá del estatus instrumental otorgado a Dios para dejar que Él sencillamente sea el centro rector de nuestro mundo, mientras éste puede seguir su marcha civilizadora. Lo discutía con un buen amigo y compañero de batallas pocas horas antes de sentarme al ordenador y ponerme a escribir esta reflexión. Mi amigo me hablaba de esa extraña emoción que sentimos ante la belleza de una pieza musical, una imagen de cine, una pintura, un poema, etc. Ahora acudo a la literatura, por ser la vía que me permite darle forma y sentido al pulso de aquella conversación:

       ―Sientes como si fuera una brecha en la realidad, ¿no? ―le decía yo.
       ―No sé lo que es, pero necesito saberlo, es extraño…
       ―Transportado hacia otro mundo, de alguna forma estás fuera de ti…
       ―Exacto. Es como si por unos momentos hubiera trascendido.
       ―Bueno, yo creo que por eso recurrimos al Arte, porque nos permite trascender de algún modo.
       ―Sí, pero es muy breve. Te asomas a ese otro mundo durante unos segundos… Luego queda la emoción, pero has perdido la percepción clara de algo que no puede ser recordado, sólo intuido. Como ese momento, dulce y amargo, del orgasmo sexual.
       ―Sí, el sexo es otra forma de trascender. El momento del orgasmo equivale a una percepción estética del mundo. Una estética de lo trascendente.

hércules y ónfale françois boucher sexo arte‘Hércules y Ónfale’, de François Boucher (Museo del Louvre, 1735)

       ―Entonces, si tenemos el Arte y el sexo, ¿para qué necesitamos a Dios? ¿Para qué la oración, para qué la eucaristía, para qué acudir al templo? ¡Dime para qué sirve todo eso!
       ―Si hablo como creyente, te digo que porque Dios es la fuente de todo lo que el ser humano anhela de verdad. Arte y sexo son dos momentos de una minúscula fracción en la infinita escalera hacia el cielo. Pero necesitamos llegar a la cúspide. Si hablo desde un punto de vista psicológico o meramente humano, te digo que porque junto a Dios tienes esa trascendencia… pero no limitada a unos segundos de placer o emoción, no depende de la estética, no depende del ámbito social o cultural en el que te mueves. Imagina esa especial emoción, esa percepción clara de una realidad más amplia, pero dilatada a lo largo de cada instante y de todos los días de tu vida. Lee el Salmo 23, no tiene pérdida. La oración y la eucaristía son instrumentos que puedes utilizar para reforzar tu conexión con lo sagrado. No son imprescindibles, pero son útiles. Doy fe de ello.
       ―Pero tú, ¿de verdad vives así? Es decir, hablas por experiencia…
       ―¡Claro que no! ¿Estás loco? Ya sabes que me encanta el Arte, no puedo vivir sin él… Si hubiera alcanzado tal grado de religiosidad, no necesitaría recurrir al Arte, y mucho menos al sexo. Lo único que he podido hacer es dedicar amplios periodos de tiempo a reflexionar, practicar la oración, leer a los teólogos, visitar iglesias, investigar por mi cuenta, hablar con gente religiosa. Digamos que durante algún tiempo he podido vislumbrar parte de ese estado de beatitud. Pero no puedo permanecer ahí, porque me puede la acción del mundo. Yo también necesito vibrar junto al mundo y la sociedad.
       ―Hablas como si Dios fuera la muerte…
       ―Es que es así, el Uno, el Dios de Abraham, está fuera de este mundo. En cierto modo, el beato debe morir para estar con él. Pero desde allá lejos puede traerse a este mundo un carácter especial, el sello de Dios. Es la enseñanza de Cristo. Un puente entre el cielo y la tierra. «Así en la tierra, como en el cielo»… aunque, desde otro punto de vista, te diré que aquello que late en el interior de las habitaciones de un convento, en el silencio de la capilla, en los jardines del claustro, en las sacristías, es una forma de vida tan elevada que se nos antoja invisible. Precisamente porque no hemos estado allí de forma permanente. Y creemos que la vida es la labor y el trasiego mundanal. Es la paradoja que me desconcierta: que Dios esté tan lejos de la vida, y al mismo tiempo es el fuego que me arroja hacia al mundo con rabia e ilusión. Nunca sabré explicar esto.
       ―Pues sí, parece confuso… ¿Dios quiere que salgamos del mundo y al mismo tiempo imprime carácter en la acción de este mundo?
       ―Yo creo que quiere que nos elevemos hacia Él, pero desde el amor al mundo. En pocas palabras, vive, sé comprensivo con el prójimo, goza con el arte, folla. Pero no te olvides de Él. Que Él sea el centro de tu vida. Entonces todo sale mejor todavía.
       ―Él… es el Ser… ya sabes, Heidegger.
       ―Sí, aunque Dios no estaba en su imaginación. Lo importante, ateo o creyente, es que vivas conforme al Ser. Y no somos esto que nos han hecho creer que somos. No debemos comulgar con esta mentira, aunque todos adoren a una misma imagen.


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