Por mucho que lo intente, no puede uno actuar según lo que cree bueno para los demás. Hay personas que simplemente no desean ser salvadas. La decepción está en el ojo del que mira, de quien se pone en el lugar del otro en balde.
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Solipsista, cuando no nihilista, es derivar la propia acción hacia las espectativas de los demás. Uno hace lo que hace, siempre, por uno mismo. Y si piensa lo contrario, o sea, que lo hace por los otros, se está dejando engañar por su ego.
Solamente Cristo es el salvador. El resto, cada cual, podemos salvarnos a nosotros mismos… quien se crea que puede ir salvando al prójimo se ciega de prepotencia.
Reducir la empatía o el respeto o el cariño por un supuesto fracaso en el feedback del prójimo es excusa de egoístas…
¡¡Nunca ponerse en lugar del otro lo es en balde!! ¡¡Nunca!! Ni siquiera cuando hablamos de desamor: el amante verdadero ama para dar, no para balancear la ecuación de correspondencia. ¡Vaya asco de amor sería ese que espera no meterse en números rojos!
¡Blande tu pluma escritor!