8:52 pm - Thursday July 27, 2017

Entrevista eterna con Dragó (III): «Las mujeres lo único que buscan en los varones es quedarse embarazadas»

Written by | 23 June 2013 | Comments Off

Fernando Sánchez Dragó con su hijo Akela en brazos mientras escribe

Fernando, hace poco has publicado Pacto de sangre, sobre tu hijo.

Sí, sobre el nacimiento de mi hijo.

Seguro que me puedes contar muchísimo sobre ese libro.

A mí la literatura que me interesa, tanto para leerla como para escribirla, es lo que se llama literatura egográfica, es decir, la literatura que indaga en el propio yo y que, por consiguiente, puesto que cada uno de nosotros, nos demos o no nos demos cuenta —yo he tardado mucho en darme cuenta—, porque es muy difícil que nos demos cuenta, es algo que va llegando con la edad, y es que todo lo que tú eres, todo lo que tú haces, toda tu personalidad, transcurre dentro de un árbol genealógico, transcurre dentro de un árbol familiar. Es lo que se llaman «constelaciones familiares», o eso que se llama «metagenealogía» de Jodorowsky: «Donde mejor canta un pájaro es en su árbol genealógico». O que se llama tragedia griega, que era exactamente lo mismo. Qué hacía la tragedia griega sino indagar en las relaciones entre madres, hijos, hermanos.

Ése es el tipo de literatura que te interesa.

Fernando Sánchez Dragó con su hijo Akela y Ayanta BarilliSí, y ahora está muy en boga. Luego te voy a dejar leer el prólogo que le he puesto al segundo volumen de mis memorias, porque hablo de esto. Estoy escribiendo el segundo volumen, que se llama Galgo corredor, y que tuve que interrumpirlo para escribir el libro sobre mi hijo. Ahí le he colocado una introducción, larga, que es una reflexión sobre la literatura egográfica. Fíjate que esto que para mí es la gran literatura, ahora está por todas partes… La primera vez que un escritor escribe un libro en primera persona es San Agustín, en las Confesiones, siglo IV. Ni Virgilio, ni Homero, ni Ovidio escriben en primera persona. Y no se vuelve a escribir un libro en primera persona hasta el siglo XVI, Benvenuto Cellini, y luego ya llegan Montaigne, Rousseau… Y ya llega este curso fluvial de literatura egográfica. Pero es curiosísimo cómo prácticamente, con la excepción de San Agustín, hasta el siglo XVI, nadie escribe un libro de memorias, nadie escribe una crónica familiar.

¿Y este libro sobre tu hijo lo es?

Sí, este libro mío es una crónica familiar que forma parte de una misma rama de mi literatura que es El camino del corazón, Las fuentes del Nilo, Muertes paralelas, sobre todo Muertes paralelas, y Soseki. Inmortal y tigre. Todos los personajes de esos libros son mi padre, mi madre, mi nieta Caterina, mi gato Soseki; y es ahora mi hijo Akela, o mi hija, que completa el libro. Forma parte de esta especie de tentativa de recreación literaria del árbol genealógico, con todas las imposiciones de imaginación, de fantasía, etc. Este libro yo no pensaba escribirlo de modo alguno. Yo nunca he querido tener hijos. Tengo cuatro hijos, y me he implicado mucho en su educación. El primero no, porque hasta los quince años prácticamente no lo vi, pero luego también me impliqué. Pero en los otros tres me he implicado muchísimo. Sin embargo, yo no tengo vocación de padre, nunca he tenido vocación de padre. Los escritores tienen vocación de escritor, no vocación de padre, y una cosa interfiere en la otra. Yo sé que si no hubiera tenido hijos, en vez de tener 38 libros con éste que saco ahora, tendría 75. Pero los hijos han llegado. Yo nunca he deseado tener un hijo.

Fernando Sánchez Dragó y Akela comiendo ostras
Dragó comparte con su hijo uno de sus planes favoritos: ostras con champán

¿Nunca has querido tener hijos, Fernando?

Es más, yo creo que ningún varón desea tener hijos, que solamente las mujeres desean tener hijos. Es más, creo que el noventa por ciento de las mujeres lo único que buscan en los varones es quedarse embarazadas. Al principio lo disfrazan de sentimentalismo, de amor, de romanticismo, de todas estas cosas, pero la mujer en cuanto tiene un hijo se lava las manos de la relación con el marido, lo cual no deja de tener ventajas, porque el marido recupera su soltería, rejuvenece, que es lo que me está pasando en cierto modo a mí ahora. Mi hijo tiene ahora cuatro meses y medio. En esos cuatro meses y medio yo he estado mes y medio danzando por Indochina y otro mes danzando por Japón, en Tokio. Yo sé que las mujeres, no todas, pero casi todas, tienen un mandato biológico, que les lleva a desear un hijo; el peso de la biología es muy poderoso: somos biología antes que cualquier otra cosa. Tú no le puedes negar un hijo a una mujer con la que tienes un proyecto de vida en común, o con la que tienes amor, amistad, aprecio…

Tu caso es especial.

Es absurdo, a los 76 años, tener un hijo. No tienes un hijo, tienes un nieto, un bisnieto, tienes en definitiva a alguien que vete tú a saber… pero que por ley de estadística no lo verás crecer. Morirás cuando el niño tendrá en el mejor de los casos diez o catorce años. Ella quería tener un hijo, ¿con quién lo iba a tener? Lo normal es que lo tenga con su marido y con el hombre que ama. Convencido, inter nos, de que iba a ser muy difícil que yo, con tan avanzada edad, iba a poder tenerlo. Nosotros no hemos recurrido a ninguna técnica de fertilidad. Esto se ha hecho a pelo, como en los viejos tiempos. Llegó un momento, hace un año, que ella me dijo que se había quedado embarazada. Eso altera mi vida.


Presentación de ‘Pacto de sangre’ en Madrid, con Aitana Sánchez-Gijón

Artículos relacionados

Filed in: Literatura

Comments are closed.