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Entrevista eterna con Dragó (IX): «En periodismo lo he hecho todo»

Written by | 14/12/2019 | Comentarios desactivados en Entrevista eterna con Dragó (IX): «En periodismo lo he hecho todo»

 
Como se comentaba en la entrega anterior, hablábamos Sánchez Dragó y yo de su vocación literaria, tan fuerte y tan temprana y tan duradera, y él mismo se preguntaba de dónde podía venir.

Sí, ¿de dónde viene?

A los seis años fundo un periódico, un plagio de ABC, hológrafo, La Nueva España, y a los diez años he escrito seis o siete novelas, conservo algunas, y varias obras de teatro, algunas representadas incluso. Y ya no paro, no paro, no paro, eso arma toda mi vida, la vocación literaria. ¿Por qué se desarrolla esa precoz vocación literaria? Puede ser, al fin y al cabo, porque periodismo y literatura son cosas muy afines. Se utiliza la palabra siempre. El hecho de nacer yo, de ser yo hijo de una madre sin marido, de no existir en mi casa hasta los ocho años, que es cuando mi madre contrae segundas nupcias, pero a los ocho años ya está todo decidido: el carácter de un niño, el hecho de que no hubiera un padre, y de que por lo tanto mi madre estuviera completamente volcada en mí, enamorada de mí, en definitiva.

¿Por qué?

Yo era lo único que tenía de su marido; cuando lo matan llevaban muy poco tiempo casados, estaba muy enamorada. No había entrado en ese desamor que suele aparecer en las parejas, o por lo menos esa indiferencia. Estaban en pleno clímax del amor. Desaparece su marido en circunstancias dramáticas, trágicas, literarias, la guerra civil… Lo único que le queda soy yo. Yo duermo hasta los ocho años en la misma cama donde había sido engendrado. Soy el príncipe de la casa. Mi madre no sólo es mi madre, es mi esposa; es una cosa también muy edípica.

Eso tiene unas repercusiones en tu vida.

Eso me da una enorme seguridad en la vida, y ese exceso de seguridad que yo recibo debido a la ausencia de mi padre, puede ser que indujera una especie de metamorfosis en la vocación periodística y la transformara en literaria. Estoy fantaseando, elucubrando; no sé si fue así o no.

Si le damos rizos a los rizos, también podremos decir que aunque tú muchas veces has dicho que no eres periodista, porque yo te lo he oído…

Eso lo he dicho mucho tiempo, pero luego dejé de decirlo. Sobre todo dejé de decirlo a raíz de las Muertes paralelas (Planeta, 2006). Porque ahí me di cuenta de que soy muy periodista, y de que no lo he podido evitar, y de que a lo largo de la vida he sido, una y otra vez, primero en radio, en televisión… periodista a más no poder.

Es que si no eres periodista tú…

En periodismo lo he hecho todo: corresponsal de guerra, enviado especial, columnista, periodista cultural… Lo he hecho todo. Era inevitable. Hubo un momento en que te das cuenta: “Es inútil que niegues tu condición de periodista. Eres periodista, además de escritor.” Pero eso sobre todo empiezo a decirlo con Muertes paralelas. Yo me resisto mucho y pienso: “Esto del periodismo es algo que hago en mis ratos libres”. No es verdad. “Es algo que hago sólo para ganar dinero.” No es verdad.

Lo despreciabas un poco.

Sí.

Al lado de la literatura te parecía poca cosa.

En la jerarquía de la letra impresa… porque periodista es una jerarquía inferior a la de un escritor, ¿no? Sí. Cuando salgo del cole y me matriculo en Letras, yo era muy buen estudiante y una sola carrera se me quedaba cortita, yo necesitaba más, y de hecho acabé estudiando dirección de cine, una cosa disparatada. Hice dos carreras de Letras, no una, dos especialidades… Yo quise estudiar la carrera de Periodismo, y lo intenté, y me negaron el acceso en la Escuela de Periodismo por ser hijo de un supuesto rojo. Supuesto rojo porque a mi padre lo habían matado en Burgos, aunque no era rojo. Ya con eso me desanimé, porque cuando me ponen la más mínima traba burocrática yo me largo. Entonces ya no insistí.

¿Crees que te habrían aceptado si hubieras insistido?

Si hubiera insistido me habrían aceptado seguro, entre otras cosas porque estaba Don Manuel Aznar, que era el protector de mi padre, y que indudablemente me habría metido allí. Pero no insistí. Eso torció en cierto modo mi rumbo periodístico, porque sólo estuve en Letras, y luego en Cine, y no fui periodista. Si yo en aquel momento me hubiera empeñado en haber entrado en la Escuela de Periodismo, seguramente hubiera sido uno de esos jóvenes gallitos del periodismo que Emilio Romero llevó a Pueblo. Seguro. Era inevitable. Pero la historia de una persona se produce así: en zigzags, en casualidades.

Eduardo Martínez Rico
Dr. en Filología
Escritor, profesor y periodista

 

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