8:53 pm - Thursday July 27, 2017

España… sálvese quien pueda

Written by | 27 June 2016 | 1

Aquí una pequeña y humilde reflexión sobre este nuestro país, o lo que queda de él, de una pesimista de conciencia y no de fachada. Es decir, una pesimista que, aunque cree que este país (o lo que queda de él) está destinado a desaparecer, no me quedo sentada en la silla de mi oficina viendo cómo esta realidad pasa por delante de mis ojos sin hacer nada para intentar cambiarla, o peor aún, aceptando y asumiendo que no es posible ese cambio.

Los tres pilares fundamentales para que un país sea fuerte son: la Educación, la Cultura y la Justicia. En primer lugar, hablemos de la Educación, o mejor dicho de la “No Educación”. Es un despropósito que en los últimos años hayamos tenido cuatro Sistemas Educativos diferentes, ya que aparte de que se ha demostrado en los informes PISA que estamos a la cola en Lengua o Matemáticas, seguimos siendo uno de los países con mayor tasa de abandono escolar. Lo que no se puede explicar es cómo este sistema educativo permite que un alumno con más de dos asignaturas suspensas pueda pasar de curso; o cómo no se reconoce a los mejores alumnos y se pretende conseguir el mayor número de aprobados posible. En definitiva, hemos renunciado a un sistema educativo de calidad a favor de no se qué objetivo. Ya en la Grecia de Platón (donde fundó la Academia) se consideraba que la educación era lo más importante para la construcción de un Estado. Ahora se ha convertido en, como podríamos definirlo, un arma electoral que no busca la excelencia, ni tan siquiera acariciarla, sino que sólo aspira a la mediocridad, a que la mayoría de los universitarios quieran ser funcionarios.

En segundo lugar, la Cultura o, como muchos la consideran (entre los que yo me incluyo), la “Incultura”. Una calificación a mi parecer muy acertada. Estamos asistiendo a un desprecio, por parte de algunos que se hacen llamar progresistas, de una de las tradiciones más antiguas y con más arraigo en este, nuestro país. Me estoy refiriendo a la tauromaquia. Podría hablar de los Califas y de otros grandes toreros, pero más importante me parece recalcar la belleza del arte del toreo, la demostración de la valentía del torero, en permanente lucha contra la bravura del animal por antonomasia, el toro. En el lado opuesto, encontramos lo que algunos han dado por llamar, “el deporte rey”. Como ya habrán podido imaginar, estoy hablando del fútbol. Aunque el fútbol nos ha dado y nos sigue dando muchas alegrías, resulta asombroso cómo este deporte es capaz de paralizar a todo un país, concentrando a la mayoría de españoles en torno a la televisión. Y no menos asombroso resulta cómo desde hace unos años en los medios de comunicación (o más bien, los medios de incomunicación o desinformación) se refieren a la selección de este nuestro país ―permítanme un poco de nostalgia―, y no es ni más ni menos que como “la Roja”. Y yo me pregunto, esto responde a una simple banalidad o más bien a la pérdida de identidad como país. Resulta una paradoja, fiel reflejo de la paradoja que en estos momentos resulta nuestro país, en el que un colorido de siglas compiten por el reparto de sillones en el Congreso, haciéndonos creer que se van a encargar de resolver los problemas reales de la gente.

Y qué decir de la “cultura del botellón” que se ha instalado entre una gran mayoría de los jóvenes y no tan jóvenes españoles que hace que estén desconectados, desenchufados, impasibles a la realidad que estamos viviendo, sin ser capaces de reaccionar a lo que está pasando y sólo movidos por el “ruido” de una música cuyo nombre es casi imposible de pronunciar y que resuena en tu cabeza, taladrando los oídos y adormeciendo el cerebro haciéndote entrar en un estado de catatonía que se repite cíclicamente de un fin de semana a otro.

Y en tercer lugar, y por ello no menos importante, quería hablar de la Justicia que estos días está tratando de limpiar sus trapos sucios, dejando a un lado la defensa de la verdad y la integridad de las personas. Tenía entendido que la Justicia ha de ser imparcial y no dejarse influenciar por los poderes políticos u otros que aspiran a serlo, juzgando sin pruebas, movidos por ciertos intereses que ni de cerca vamos a ser capaces de vislumbrar. Por otro lado, estamos sumergidos en una cantidad innumerable de corruptelas tanto de un color político como de otro, sin ningún escrúpulo ni moralidad a los que parece que ya estamos acostumbrados y ante las cuales parece que somos incapaces de reaccionar. Será verdad la frase de G. Orwell: «Todos somos iguales, pero unos más iguales que otros».

A lo largo de toda nuestra historia nos hemos hecho dos preguntas, de dónde venimos y adónde nos dirigimos. Para la primera de ellas no hay una única respuesta, o más bien podemos aceptar diversas respuestas a esta pregunta, si se me permite esta contradicción. Pero igual de contradictoria que puede parecer la respuesta a la primera pregunta planteada anteriormente, lo puede parecer la segunda. Dicen que somos unas de las Democracias más consolidadas en la actualidad… y yo me pregunto, ¿existe una democracia real? (y no hablo del partido político que se ha formado recientemente, nada más lejos de la realidad). En este último año estamos asistiendo a un espectáculo lamentable en el que tenemos un gobierno que no “gobierna” y que parece estar más preocupado en poner en marcha una “guerra de guerrillas” en contra de no sé qué o quién para salir victorioso en una contienda ―la de llevar a España (sí, a España) al lugar que le corresponde― que no debería ser tomada como un triunfo sino, más bien, como una obligación a la que pocos se comprometen, o mejor dicho, están capacitados para ello. Por otro lado, tenemos un poder legislativo que no se encarga de que las Leyes sean justas, o que por lo menos intenten serlo para todos, sino que parecen que favorecen a unos pocos privilegiados, que se aprovechan de esas Leyes.

Para que realmente podamos llegar a aspirar a una Democracia con mayúsculas, inquebrantable y sostenible es necesario garantizar la independencia de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, lo que ahora mismo podría considerarse una utopía, ya que cada uno se alimenta de los otros, en una simbiosis casi perfecta.

Dicen que los jóvenes de ahora, entre los que me incluyo, sólo por edad y no tanto como grupo o generación, somos los más preparados, y pregunto: ¿los más preparados en qué? ¿en nuevas tecnologías y en redes sociales?, pero ¿dónde ha quedado esa capacidad de sorprenderse de lo que ocurre a nuestro alrededor, de preguntarse siempre el porqué de las cosas, la capacidad creativa, que es lo que realmente nos define como personas y como seres humanos? En cambio, toda esa capacidad de abstracción, o ese ingenio innato del ser humano, se ha sustituido por la opción fácil de pulsar una tecla mágica que le abre al mundo de la globalización, sumergiéndose en los bajos fondos de la desinformación y de lo que es aún más grave, del relativismo más absoluto, que es lo que hace que esta sociedad haya perdido el rumbo, haya perdido el norte, con esa falsa percepción de que “todo vale”, sin darle importancia a valores realmente importantes como la humildad y el esfuerzo.

Podrá España caminar hacia un nuevo futuro, en el que volvamos a rescatar los valores que una vez nos hicieron grande como nación… ¿Volverá España a resurgir de sus cenizas como el Ave Fénix?

María Hidalgo

 

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Filed in: Opinión

One Response to “España… sálvese quien pueda”

  1. Raul
    05 July 2016 at 02:35 #

    Se lamenta mucho de su país, quizás porque tiene en mente algún otro paìs que le sirve como modelo o, quizàs su “protesta” es, como suele pasar, una fantasía teleológico-paisagística?
    Los países, y entre ellos España, están poblados de personas que no pueden escapar de su condición humana sean del país que sean.
    Trascienda con sus pensamientos la cultura de frontera y verá que no es para tanto.
    Un juicio efectivo es aquel virtuoso y no extremista aunque a todos nos atrae más el morbo y la sensacionalidad.