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Dragó: «‘Pacto de sangre’ es la carta de un padre que quizá no disponga del tiempo para enseñar su filosofía de vida a su hijo»

Written by | 18/03/2013 | Comentarios desactivados en Dragó: «‘Pacto de sangre’ es la carta de un padre que quizá no disponga del tiempo para enseñar su filosofía de vida a su hijo»

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El pasado 14 de octubre se presentó en el Centro Cultural Círculo de Lectores de Madrid el libro Pacto de sangre. Vidas cruzadas, de Fernando Sánchez Dragó y Ayanta Barilli, editado por Temas de Hoy. Los acompañaba Aitana Sánchez-Gijón, hija del fallecido Ángel Sánchez-Gijón, amigo íntimo de Sánchez Dragó, y hermana, prácticamente, de Ayanta Barilli.

En su introducción al acto, Belén López, editora de Temas de Hoy, relató la génesis del libro: «A principios de octubre, yo acababa de incorporarme tras una baja de maternidad y me llamó Fernando Sánchez Dragó. En ese momento, el artículo que había publicado en elmundo.es sobre el nacimiento de su hijo, Akela, tú y yo, cachorro de hombre, somos de la misma sangre, se había convertido en trending topic de Twitter y había revolucionado las redes. Ese texto llevaba anexo un texto de su hija Ayanta, en el que daba su versión de lo sucedido, y me pareció una buena idea hacer un libro». Sin embargo la dirección no estaba clara desde un primer momento. La circunstancia de que el parto se hubiera producido en casa y la conmoción social provocada debían ser tenidas en cuenta. Ése era el punto de partida, pero «consideramos que, más allá de eso, había más cosas importantes que contar. Nosotros les dimos a Fernando y Ayanta toda la libertad que ellos nos pidieron, y cuando recibimos sus textos nos gustaron tanto como nos emocionaron».

pacto de sangre fernando sánchez dragó ayanta barilli presentación aitana sanchez-gijónAitana Sánchez-Gijón comenzó su intervención con una disculpa: «No sé si soy la persona más indicada para presentar este libro, ¡porque me siento tan dentro de esta familia! Formo parte de ellos como ellos forman parte de mí. He leído Pacto de sangre como se lee algo en lo que estás profundamente implicado. Conozco prácticamente a todas las personas que se mencionan, conozco casi todas las vivencias, quizá no todos los puntos de vista». La actriz rememoró el inicio de la historia que le une a la familia, mucho tiempo atrás: «Fernando fue el que metió en el PC a mi padre. De ahí nació una amistad que se prolongó a través de Ayanta: las dos nacimos en Roma, de madres italianas, las dos compartimos un nombre con las letras cambiadas. Y somos hermanas. Lo hemos vivido todo en la vida. Creo que lo sé casi todo de ella y ella lo sabe casi todo de mí». Aitana reconoció que Dragó siempre ha sido una figura más distante debido al salto generacional: «De Fernando sé más que nada por lo que Ayanta me ha contado y por las vivencias que he tenido con él desde muy pequeña. Para mí Fernando es como si fuera mi tío. Es el padrino de mi hermano. Yo soy la madrina de Caterina, la hija de Ayanta».

Incapaz, a su juicio, de aportar un punto de vista objetivo, la actriz declaró estar «muy revuelta, muy emocionada y muy sorprendida, por partida doble». En el caso de Fernando, acostumbrado a la polémica, a estar en el ojo del huracán, «he descubierto a un hombre tierno, que deja brotar sus emociones, que a partir del nacimiento de su cuarto hijo, Akela, hace una recapitulación de su vida en este cuento sobre el significado de la paternidad. Fernando es muy honesto con lo que escribe, y a veces muy crudo. Llega a decir cosas que a uno lo dejan completamente helado, pero esa sinceridad es muy de agradecer, sobre todo porque es muy hermosos ver cómo pega ese quiebro final. Akela obra el milagro y hace que Fernando se desborde de amor. Gracias a Naoko, también, que es verdaderamente una heroína». En el caso de Ayanta, la actriz manifestó: «Yo llevaba muchos años esperando a que se sentara, amarrada al escritorio e hiciera lo que tenía que hacer: escribir. Y Pacto de sangre es un verdadero ejercicio literario. Ya es una escritora. Y además lo hace a tumba abierta. No se guarda nada. Está desnuda frente al mundo. Expuesta. Y os aseguro que no hay persona más pudorosa que Ayanta. La conozco bien y no se desnuda tan fácilmente. Y aquí se ha tirado a la piscina porque necesitaba hacerlo. Era una necesidad vital. Ha hecho un camino de ida y vuelta. Es una mujer en su madurez que escribe una carta de amor profundo a su padre en la que, por supuesto, hay de todo, porque teniendo un padre así da para cien novelas. Y Ayanta es también sincera. Yo creo que nunca se ha atrevido a decir a su padre las cosas que dice en este libro».

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En su turno de palabra, Ayanta Barilli, coautora de Pacto de sangre, reflexionó sobre las condiciones en las que tanto ella como su padre aceptaron construir el texto: «Decidimos escribir el libro juntos, pero por separado. Él escribió su parte y yo escribí la mía, pero en ningún momento hablamos de su contenido. Fue un juego entre padre e hija, un juego literario difícil y peligroso. A medida que yo desarrollaba esa carta, me iba asustando cada vez más por la entidad que estaba tomando. Cuando la terminé, se la envié a mi padre y le dije: “Espero que no te duelas”. Porque es una carta de amor, pero me daba un poco de miedo, por un lado, el contenido de la carta y, por otro, el contar cosas que yo sabía que él desconocía. Los hijos siempre tenemos secretos con los padres, y posiblemente los padres con los hijos». La escritora, además, sentía la presión de escribir siendo la hija de Sánchez Dragó: «Tenía el pánico de que no le gustara literariamente. Y días más tarde, cuando leyó el escrito, lo primero que me dijo fue que este libro tenía una carrera literaria. Luego entró en las cuestiones entre padre e hija. Y lo hizo con mucho cariño, con mucha sorpresa y con mucho amor, que era como yo pedía que esa carta se recibiera».

pacto de sangre fernando sánchez dragó ayanta barilli presentación aitana sanchez-gijónA continuación, Ayanta habló de su vocación tardía como escritora. De nuevo, el peso de la familia: «La razón por la que no he escrito hasta ahora es porque cuando era pequeña, estando ambos en El Salón de Música de la casa soriana que tantas veces ha descrito mi padre en sus novelas, le pregunté: “¿qué quieres que sea de mayor?” Y él contestó: “escritora”. Y creo que ha sido el motivo por el que no lo he sido hasta ahora, porque siempre queremos hacer justo lo contrario de lo que nuestros padres desean que hagamos». Sin embargo la sombra que proyecta el árbol genealógico es alargada: «Al final, siempre hay una tendencia que te lleva a hacer lo mismo que hacen tus padres. En este momento me apetece muchísimo escribir y éste es el gran regalo que mi padre me hace».

Y no sólo ése, Pacto de sangre es pródigo en regalos. Ayanta hizo recuento: «En este libro hay tres regalos: el primero es que hace mi padre a Akela, una carta que será como una Biblia para él cuando sea mayor, un libro de cabecera; el segundo, por el que le estoy muy agradecida, es la patada en el culo que me ha dado para que escribiera, sin ese empujón nunca me habría atrevido; y el tercer regalo es el que le hago yo a él, por escribirte una carta de amor y contarte lo que soy y cómo he vivido nuestra historia».

Fernando Sánchez Dragó, cuando tomó la palabra, aseguró sentirse conmovido por el acto de presentación del libro dedicado a su hijo, presente en la sala junto a su madre. «Es prácticamente una presentación en sociedad», bromeó. Agradeció a los asistentes su presencia e hizo una mención especial de las personas que habían hecho el libro posible. Acto seguido, admitió que el pasaje más emocionante para él está en el texto de Ayanta: «Naoko quería un hijo, y en ese sentido yo siempre he sido generoso. Si una mujer desea un hijo, hay que dárselo, aunque tú no lo quieras, porque está en su derecho. Sin embargo yo abrigaba la secreta esperanza de que debido a mi avanzada edad la cosa no cuajara. Pero cuajó. Durante todo el parto, yo estuve receloso, inquieto, huraño. A ello contribuía que, a lo largo del embarazo, por primera vez en diecisiete años de relación, se había producido entre Naoko y yo un cierto distanciamiento. Además, yo pertenezco a una generación en la que era impensable que un hombre asistiera a un parto». La noticia de la llegada inminente del bebé la recibió en Nimes, en víspera de la célebre corrida de las once orejas de José Tomás. «Naoko había empezado a manchar, así que tuve que regresar a Madrid, pero lo hice refunfuñando. Y estando ya en casa, me resistía a acudir a ver el parto. Mientras tanto, escribía y escribía. Ayanta venía a mi despacho una y otra vez y solicitaba mi presencia. Cuando ya era inminente, me convenció. Los varones somos muy distraídos para este tipo de cosas, y yo no era consciente de hasta qué punto era importante para Naoko que yo viera nacer al niño. Tanto más cuanto que durante esos meses habíamos estado distanciados. En las horas anteriores ―y de esto me he enterado leyendo el libro―, Naoko le dijo a Ayanta: “Si tu padre no viene aquí a ver el parto, las cosas nunca volverán a ser entre nosotros como lo eran”. Poquísimo tiempo antes de que naciese Akela, Naoko, con los ojos extraviados por los dolores del parto, se volvió hacia mí y me preguntó ―En este punto, Dragó, con la voz quebrada, se vio obligado a detenerse―: “¿Quieres a este niño?”. Y yo le dije: “Sí, quiero”». Y en ese preciso momento, en mitad de la pausa dramática de su padre, Akela emitió un gorjeo desde el fondo de la sala. Sorprendidos, todos los asistentes rieron y aplaudieron maravillados por la sincronía. «Ese “sí, quiero” ―continuó Dragó― era como volver a formular los votos conyugales. Fue un momento verdaderamente extraordinario».

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Pacto de sangre lleva por subtítulo Vidas cruzadas: «En este libro se cruzan muchas vidas. No sólo está Akela, no sólo está Naoko, no sólo está Ayanta. Están todas mis mujeres anteriores, están todos mis hijos, está toda mi familia, porque este libro es el proceso de cómo, poco a poco, hijo a hijo, he ido aprendiendo a valorar el sentido de la paternidad».

Enmarcado en el único género literario que a Dragó le interesa, la egografía, Pacto de sangre se une a otros títulos recientes del autor en los que ha escarbado entre los anillos del tronco de su propio árbol genealógico, esto es, de sí mismo: «Memorias, autobiografías, libros de confesiones, epistolarios, diarios… Es muy curioso echar un vistazo a la historia de la literatura y descubrir que el primer escritor que se atrevió a escribir en primera persona fue san Agustín, a finales del siglo IV, en sus Confesiones. Y luego pasan once siglos hasta que otros autores vuelven a hacerlo. Durante el siglo XVI llega Benvenuto Cellini, famoso orfebre y escultor italiano; Gerolamo Cardano, matemático, astrólogo y médico; y luego, sobre todo, aparece Montaigne, uno de los siete u ocho grandes escritores de la historia de la literatura, junto a Homero, Virgilio, Dante, Cervantes y Shakespeare. El mismo día que cumple treinta y ocho años, Montaigne decide poner fin a su vida pública, que lo había llevado lejos, se encierra en un torreón en soledad con mil libros y pasa el resto de su vida ahí, escribiendo sus inmortales Ensayos, al principio de los cuales dice, taxativamente: “Lo único que un hombre puede conocer, o debe conocer, es a sí mismo”. Es decir, el nosce te ipsum. Y yo voy a dedicar el resto de mi vida a escribir sobre mí. Al fin y al cabo, escribir sobre uno mismo es escribir sobre otras personas, sobre sus raíces. Por encima de cualquier otra patria, está la familia. Todo escritor tiene el sacrosanto deber de hurgar en ese ámbito. Por eso todas mis obras de madurez, desde un punto de vista o desde otro, están dedicadas a eso».

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Pacto de sangre es un libro vivo. Su punto de ignición fue al día siguiente al parto, cuando Fernando Baeta, director de elmundo.es, telefoneó a Dragó y le pidió que lo contara. «Entonces escribí ese artículo al que se ha referido Belén López y le pedí a Ayanta, por haber asistido el parto, que escribiera su versión. A Baeta le parecieron sensacionales ambos textos y me preguntó si teníamos fotos. Yo, que soy ajeno al mundo de la fotografía, le pregunté a Naoko y me dijo que había tres o cuatro que alguien había tomado con el móvil. Me las enseñó y vi que eran imágenes extraordinariamente emotivas, donde se veía a Naoko abierta de piernas, y al fondo, como un delicado brochazo negro, el sexo. Yo, que no tengo anticuerpos para las redes sociales, se las envío a Baeta y éste las publica. ¡Y se armó tal guirigay en las redes sociales! ¡Con decir que aquel mismo día dimitió Esperanza Aguirre! Ese mismo día también escribí un artículo sobre su dimisión, porque el implacable Baeta me lo pidió también. Y contra todo pronóstico, la noticia del parto fue más leída que la dimisión de Esperanza Aguirre. ¡Incluso me telefonearon y sacaron las fotos en el telediario de laSexta! De esa forma, me di cuenta de que, sin proponérmelo, había llevado a la sociedad un debate que en España no se ha producido, que es la posibilidad de dar a luz en casa o no. Hay países civilizadísimos, como Holanda, donde una de cada tres mujeres lo hace con los gastos cubiertos por la Seguridad Social». Consciente de la deriva que finalmente tomó el libro, que de gestarse como una apología del parto en casa tornó en un intercambio de epístolas entre padre e hija, Dragó afirma que «cuando un libro te crece en las manos y pasa a ser una cosa completamente distinta a lo que era cuando lo concebiste, es que ese libro está vivo».

Dragó establece que «son dos cartas absolutamente complementarias», y cita a Antonio Machado: «Busca tu complementario, / que marcha siempre contigo, / y suele ser tu contrario». Precisamente, también se produce un fenómeno de contrariedad entre las dos partes de Pacto de sangre: «Son dos textos muy distintos, escritos de forma independiente».

Si la parte de Ayanta es una carta al padre, la parte de Dragó es una carta-cuento a su hijo recién nacido en la que se propone dos metas: «El cuento que más le gusta a un niño es la historia de cómo nació. Éste es un hermoso regalo, el mejor que podía hacerle a mi hijo. Al mismo tiempo, entraña la pedagogía inevitable que un señor de setenta y cinco años que quizá no disponga del tiempo necesario, porque la muerte se cruce en su camino, para enseñar la filosofía de la vida que sirva a su hijo para desenvolverse en ese continuo jardín de senderos que se bifurcan que es la existencia».

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Fotografías de Sonia Ruiz, Alejandro Nolasco, Javier Redondo Jordán y teleprograma.tv


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