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Florencia inesperada (y II)

Written by | 03 July 2013 | 1

Florencia inesperada Ponte Vecchio

Plaza de San Lorenzo, como dijimos. Sabiendo que el Duomo estaba a quinientos metros, me dio prácticamente igual. «Pues bonita, andiamo». Lo primero que se ve entrando por la Via dei canti dei Nelli es el Baldachino. «Qué preciosidad». Tres metros más alante y ya se ve la catedral.

–A todo esto, el año que viene nos toca graduarnos y esas cosas. ¿Tú lo de ir a la Riviera Maya o a Punta Cana, qué? Pasando, ¿no? –Carlos ya está acostumbrado a la catedral y le da un poco lo mismo que uno esté alucinado.

–Para ir a eso cojo el avión, os despido y me voy a casa de mis colegas, que tengo unos cuantos. Paso de hacer el guiri –dije, mirando la puerta.

–Eso.

Ahí, en ese punto entre la catedral y las puertas del Baldachino, uno no sabe adónde mirar. ¿Entramos al Duomo? También está bonito por dentro.

–Digo yo, que ya que estoy aquí es lo propio.

Florencia inesperada Ponte Vecchio

Por dentro no es una cosa que derrita las gafas, pero también es hermosa la Catedral en su interior. La cúpula, por dentro, también es asombrosa.

–¿Ves que es el Juicio Final lo que está representado? Pues está todo recién restaurado menos la parte del Demonio. Mira –lo señala–. Ahí, sin pintar ni nada. Si es que hay que serlo.

–¿Y no será que el Demonio está pintado en la parte este de la cúpula y le da el Sol todo el día? –Yo, que soy muy bien pensado.

–¡Que no, joé! ¡Que no lo quieren pintar al Diablo estos mamones! –Él, que es tan mal pensado.

Así estuvimos la mayoría de mi viaje. «¿Un bocadillo pa’ comé? Aquí cerca hay uno que es típicamente toscano, que tiene mucha cola, pero bueno. Pasando el Ponte Vecchio hay otro que por tres euros te pone todos los ingredientes que quieras, te llena el pan o la focaccia (el pan de las pizzas, sin pizza), pero las cosas son menos naturales. ¿Qué prefieres?». «Pues lo del Ponte Vecchio, y así vemos mundo». Allí que fuimos, pasamos el Ponte Vecchio, que se ve que antes era de gente más bien pobre y ahora, por postureo, por h o por b, venden joyas carísimas. Increíble también el Puente Viejo. Después, Il palazzo dei Ricci, y un poco más adelante, la susodicha bocatería. «Pero ¿aquí qué pasa, que lo típico son los bocatas?». «Sí, bocata y chianti, buena cosa». Cerrada por tres minutos tarde que llegamos.

–Bueno, son las cuatro, vamos al otro sitio, que como esta gente come a la una y media ya no habrá nadie.

Y no lo había. Fue «lardo (tocino), pecorino (un queso de sabor fuerte y de mejor gustar) y crema de trufas». Con su chianti. Todo junto: siete euros. El mejor bocata de la historia. Tres días después tuve que repetir.

Florencia inesperada Ponte Vecchio

Luego llegaron las curiosidades. Por ejemplo, delante del Palacio de los Ufizzi, están en forma de estatua todos los grandes del Renacimiento. No falla ni uno. Pues una curiosidad es que la estatua de Miguel Ángel está tapada por un andamio que está haciendo una restauración. Ya saben, Miguel Ángel fue un tipo oscuro. Lo verdaderamente significante es que Maquiavelo tiene exactamente la misma cara que los lectores de Canción de hielo y fuego le ponemos en sueños a Lord Baelish, «Meñique». Un personaje, por supuesto, extraordinariamente planificador, calculador, astuto… Maquiavélico.

Por la noche, nos salimos, compramos unas birras (ojo, aquí en Italia los litros son de 66 centilitros, y hay más de una marca. Se queda uno muerto. ¿No habrá caído nadie en la Cruzcampo?) y fuimos delante de una iglesia a bebérnoslas tranquilamente. No debe de ser muy católica la comuna Erasmus de Florencia.

–Pues ésta es Santa Crocce.

–Anda. Ya decía yo que esto lo había estudiado.

–Pues pa’ que veas. Aquí enterraron a Miguel Ángel.

–Pues bien que hicieron. ¿Estará abierta la heladería de esta tarde? ¡Qué bueno estaba el helado de frutas del bosque con cheese cake. –Santa Crocce es otra obra maestra de Florencia, merecedora de toda la atención posible.

Y luego está el David, y El rapto de las Sabinas. También los cuadros de Caravaggio y El nacimiento de Venus, y La Primavera. Ese tipo de cosas legendarias que hacen que Florencia sea el paraíso de todo aquél que ame el arte. Y, ojo, que yo al arte lo amo y bien. Además tenemos una relación recíproca la mar de sana y estoy muy contento con ello, pero versionando la frase de Guada, la compañera de piso de Carlos.

–Yo es que soy más de turismo gastronómico.

–Lo sé, Fernan. Lo sé.

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Filed in: Arte, Viajes

One Response to “Florencia inesperada (y II)”

  1. 20 September 2013 at 10:53 #

    A mí Florencia es una de las ciudades que me más me ha gustado, ya que está llena de encanto, culturame e historia, a mí buelta me he currado una mini-guía de viajes….

    Os dejo el enlace, ya que supongo que le pueda venir bien a algún lector.

    Guía turística de Florencia

    Saludos