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Francisco Umbral, el cuentista de Madrid

Written by | 11/07/2018 | Comentarios desactivados en Francisco Umbral, el cuentista de Madrid

 

A poco de cumplirse once años de su muerte, Francisco Umbral no deja de sorprendernos con el legado de su mina literaria. En estos ejercicios prácticos, en realidad, nos entrega su Teoría del cuento[i], con la que demuestra, sobradamente, ser un ingenioso representante del cuento contemporáneo de siglo XX, de Madrid y Valladolid, a partir de sus cuentos publicados en diferentes revistas[ii] y en su Teoría de Lola (1977).

Se trata de los Treinta cuentos y una balada editados gracias a Bénédicte de Buron-Brun, profesora de la Université de Pau. Ella, cual arqueóloga de Francisco Umbral sigue escarbando los inéditos del autor. Con toda autoridad, en el prólogo del libro asume que Umbral es un sucesor de la tradición cuentística española de grandes maestros,“reforzada en los años 60 por el boom latinoamericano”[iii]. La mayor prueba está en la continua renovación e innovación estilística y en el “valor artístico y experimental” de sus cuentos.

Sin duda, Umbral se ha forjado como lector de una cadena de expertos narradores en el arte del cuento español, europeo y latinoamericano y, de hecho, compartió con Rubén Darío, Neruda y Julio Cortázar la idea de que “el cuento es un género cercano a la poesía”[iv]. La fórmula mágica de sus cuentos poseen cuatro ingredientes infaltables: su propia travesía por la vida, las personas cotidianas que lo rodearon, el despliegue de humor e ironía, la imaginación lírica desbordante que fluye por sus venas como practicante de la prosa poética, proveniente “de la poesía francesa del siglo XIX”. La máxima de su propia teoría se cumple en él: “un escritor de cuentos, es un escritor de escritores”[v], porque no sólo ejercita “el concepto moderno del cuento como un género experimental y una creación abierta”[vi], sino que se adelanta a ser el “hacedor de la modernidad que estaba por llegar” [a España], como señaló Manuel Hidalgo en la presentación del libro.

La agudizada percepción lingüística de Francisco Umbral, según enfatiza la estudiosa, le habría permitido pulir las etapas de su producción, alrededor de 100 cuentos, hasta encontrar su propio tono y estilo. Manuel Vicent puntualiza que Umbral era “la Academia de las nuevas palabras […] Sólo alguien que se había criado en Valladolid, en la cuna misma del castellano, podía dedicarse a dinamitarlo con tanta pericia y a conectar las yemas de sus dedos de una forma tan íntima con la musicalidad esencial de nuestro idioma”[vii]. En sus Treinta cuentos, la fuerza de “la palabra por sí misma crea un ambiente, una atmósfera, un clima”[viii].

En efecto, leer los cuentos de Umbral “es conocer el clima ambiental de sus abundantes lecturas como ciudades ancestrales para medir la temperatura de sus gustos y preferencias, familiarizarse con el mundo de los personajes que conoció, admiró, o frecuentó”[ix], como él mismo dice: “Para un degustador de climas como Maurois, para un recreador de climas como Carpentier, para el sencillo cronista/memorialista, una persona es un clima, su clima”[x]. Las musas de sus cuentos, van desde la chica “jai de Universidad, la hippie de deshoras, la yanqui de tránsito […], las remotas criadas”[xi], hasta las doncellas, ángeles, actrices, cómicas, estudiantes, trabajadoras, vírgenes, turistas, estudiantes, princesas, marquesas y baronesas.

Como en sus diferentes textos narrativos y periodísticos, entre los Treinta cuentos, aparecen distintos arquetipos femeninos que completan “el harén baudeleriano de Umbral […] como portadoras de un erotismo transgresor”[xii] de la época de la transición española, primordialmente: la cómica, la estrella, la madrileña, la traductora, la yanqui. Aunque algunas mujeres de sus anteriores libros reaparecen, directa o indirectamente, por ejemplo, Teresita, Carmen Galilea, las viudas, las tías, las solteras, las monjas sobre las que ya investigamos[xiii]. En todas, incluso en las doncellas y mozas, madrileñas o no, maduras o no, Umbral parece repetir su teoría de la transmutación de niña en mujer[xiv].

Como en sus demás libros, en sus Treinta cuentos y una balada, Umbral “prosopografía el cuerpo de la mujer […] con su certero y afilado cuchillo literario”[xv], desde su “gran contemplación altruista, lírica y mística de la mujer desnuda”[xvi]. Fiel a sus propias convicciones, a su obsesiva pasión por el universo femenino, en Mis paraísos artificiales asegura que con ellas renueva “la emoción de la primera mujer y en cada libro [renueva] la emoción del primer libro”, porque para él “todo el contenido erótico del mundo está preso en el cuerpo de las mujeres”.

Francisco Umbral, como el flautista de Hamelín vuelve para cautivarnos con la musicalidad lírica de sus cuentos de distinto calibre: familiares, citadinos, tradicionales, políticos, inmorales, juveniles, musicales, de viajes, de trenes, de suicidios, de cafeterías, de teatros, de verano, de invierno, de infancia, de navidad, de conquista, de mujeres, de amor y, primordialmente, eróticos. Una armoniosa treintena de cuentos y una balada para hacer de nuestro verano un plácido disfrute de su verdadera esencia narrativa y convertir nuestra vida en“una verdadera fábula”[xvii].

Ana Godoy Cossío
Doctora en Literatura Hispanoamericana
Universidad Complutense de Madrid

[i]Como refiere la investigadora, Francisco Umbral dio una charla titulada “Teoría larga para escribir relatos cortos”, publicada en Prosa novelesca actual por Francisco Indurain (ed.), Universidad Menéndez Pelayo, agosto de 1968, pp. 215-230.

[ii] En el prólogo, menciona a los cuentos publicados en la década del 60: Estafeta literaria, El español, Bazaar, El norte de Castilla, Vía Libre, Siesta, Interviú, entre otras. P. 15.

[iii] Francisco Umbral. Treinta cuentos y una balada. Bénédicte de Buron-Brun (ed.).Sevilla, Renacimiento, 2018, p. 7.

[iv] Julio Cortázar. “Algunos aspectos del cuento”. Cuadernos hispanoamericanos, 1971, Nº 255, p. 403-416.

[v] Francisco Umbral. Teoría de Lola, Barcelona: Destino, 1977, p. II.

[vi]Treinta cuentos y una balada. Op. cit. p. 9.

[vii] Pedro Unamuno. “Umbral, partero de la modernidad”. El Mundo, 25/06/2018.

[viii]Treinta cuentos y una balada. Op. cit. p. 13.

[ix] Ana Godoy Cossío. “Mujeres entre columnas en El País de Francisco Umbral”. Francisco Umbral. Verdades y contraverdades del cuarto poder. Bénédicte de Buron-Brun (ed.), Sevilla, Renacimiento, 2015, pp. 407-420.

[x] Francisco Umbral. “Ana Obregón”.El País, 12/11/1984.

[xi] Ángel Antonio Herrera. “Las musas de Umbral”. Revista Mercurio, 141, mayo, 2012, p. 50.

[xii] Antonio Salinero. «Sublime sin interrupción». Op. cit., p. 147.

[xiii] Ana Godoy Cossío. Arquetipos femeninos en las obras de Francisco Umbral y Mario Vargas Llosa. UCM, 2016.

[xiv] Ana Godoy Cossío. “La niña-mujer en el huerto narrativo de Francisco Umbral y Mario Vargas Llosa”. Actio Nova. Revista de Teoría Literaria y Literatura Comparada. UAM, Bénédicte de Buron-Brun y Juan Carlos Gómez (eds.), 2017.

[xv] Ana Godoy Cossío. “Francisco Umbral: ¿Un genial Jack el destripador literario?”. Francisco Umbral: memorias entre mentiras y verdades. Bénédicte de Buron-Brun. Renacimiento, 2014, pp. 217-228.

[xvi]Treinta cuentos y una balada. Op. cit. p. 97.

[xvii]Ibíd, p. 9.

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