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Francisco Umbral y Mario Vargas Llosa: Jaque mate por la mujer

Written by | 26 August 2017 | Comments Off

La mujer para Francisco Umbral y Mario Vargas Llosa ha sido la pieza fundamental en la larga e interminable competencia intertextual y vital que ambos han jugado en el tablero de la literatura, con las fichas de «barro del idioma» (Umbral: 1976), la estrategia de sus maestros y su apasionada «escritura perpetua». Como poseedores del galardón de la trascendencia han recreado el olimpo femenino con los colores de la libertad, la verdad y la mentira. Aunque han practicado distintos estilos y métodos, ninguno ha bajado la guardia ni ha dado tregua en casi todos los géneros, a excepción del dramático, que Umbral no lo ejerció, porque asume no distinguir géneros: «Me ha bastado con estar en lo mío, con encontrar mi truco, mi manera de hacer y estar» (Umbral, 1991: 38).

En esta olimpiada narrativa, como sucede en la «arquetípica y peligrosa» (Artaud, 2001: 74) simulación del teatro, los dos se han enfrentado al doble espejo de la ficción y no ficción, al poner el caballo de la liberación frente a la torre de ataduras, concepciones, injusticias y prejuicios contra la mujer. Jugar literariamente a recuperar las semillas esparcidas en el huerto de la memoria individual/colectiva, voluntaria/involuntaria ha sido preservar las constantes marcas de agua de sus textos narrativos en «la vasija primitiva, alabeada por dulces manos de mujer» (Umbral, 1996: 89). Esculpirlas sobre el molde bíblico de profundas raíces familiares ha sido rescatar sus huellas mnémicas, a partir de sus abuelas, madres, tías, además de sus lecturas, vivencias y del juego de la vida «que en realidad es el juego literario» (Martínez Rico, 2001: 153).

Esta estratagema no sólo restaura los cimientos arquetípicos del microcosmos familiar y doméstico, sino que enriquece los personajes femeninos que van in crescendo y se complejizan a lo largo de sus vidas argumentales, como sucede en la vida real. Todas las etapas aglutinan los variados perfiles, categorías, facetas y estados de la mujer: niña/adolescente/joven/mujer para complementar o completar su imagen. Pareciera que los dos escritores congregan en los arquetipos la voz de un coro femenino donde «la música sacaba de la música, todas las mujeres que había en ella, porque el amar a una mujer (madre, hija, amante) es eso: amar la sucesión de mujeres que ella es» (Umbral, 1988: 202).

En la génesis por el universo femenino, la mujer es para ambos «un sexo narrativo» que perdura en las diferentes generaciones, como en «los saraos de las tías [y] de las viejas, ya que unas y otras se limitaban a contar historias» (Umbral, 1989: 42). Ellas son el tronco sólido de féminas omnipresentes y omnipotentes recreadas sobre el molde de los arquetipos universales, cuya supremacía para Umbral recae en la figura de la madre y para Vargas Llosa, en la tía. La historia de Mamaé o de la tía Julia «había comenzado como un juego» (Vargas Llosa: 1977: 94). Aunque también Umbral congrega a la tía, a través de «las mil mujeres de las viejas revistas [que] se parecían a la tía Algadefina, con parecido de épica» (Umbral, 1982:16) u otras tías como «la tía Socorro de lunarcitos, luto, encaje, anís, y el parchís que jugaba por las tardes en el calor del brasero» (Umbral, 1995: 118). Ni qué decir del colorido alegre y bullicioso de niñas, musas, ninfas, muchachas con quienes parecen seguir jugando las tardes de la niñez y adolescencia: «éramos ya una pandilla de madrugada, chicos y chicas, cantando canciones regionales o canciones de moda, o jugando a cosas, en ese equívoco de la adolescencia en que los juegos infantiles, todavía vigentes tienen ya otro significado» (Umbral, 2001: 47).

Ambos coinciden en el puerto común del amor por Teresa. En ella confluyen todas las novias platónicas que besaban al jugar «a la berlina o a las prendas, cuando los amigos de barrio, que sabían que éramos enamorados, nos mandaban como castigo, si perdíamos en el juego, que nos diéramos tres, cuatro y hasta diez besos (Vargas Llosa, 1993: 35). El perfil novelado de Teresa concentra a la primera niña/amiga/enamorada/novia que para Umbral atraviesa varias facetas y se completa en sus diferentes libros. Igual que para Vargas Llosa, Teresa encarna la fruta prohibida y deseada: novia/adolescente o futura esposa, «en un mundo que se desintegra, al hombre sólo le queda como tabla de salvación la mujer» (Macías, 2012: 36). Teresa para ambos concentra el «juego de muñecas chinas que se superponen, no en el espacio, sino en el tiempo» (Umbral, 1992: 46), porque aglutina a todas las niñas/ninfas/adolescentes/mujeres de sus vidas-obras: «Teresita es la memoria (recuerdo remoto de la década de las nieves); María José es el entendimiento [...], Rimbaud es la voluntad». En sí, todas ellas representan la imagen repetitiva de la niña-mujer con quien han compartido las primeras etapas en el barrio de su inconsciente, aquella «familia paralela, un grupo de muchachos de la misma edad [con quienes] Jugábamos a veces a un juego terrible y semihistérico: el de la risa». (Vargas Llosa, 1993: 20).

Los dos autores plantean «las obsesiones de sus narradores y […] la recuperación del pasado en sus dimensiones más íntimas» (Fernández, 2007: 221), que no es otra que sus propias obsesiones encarnadas en sus personajes femeninos: «Hablamos todo el tiempo de mujeres, de bailes, de novias febriles por comunicarnos nuestro común y secreto ardor por la hembra» (Umbral, 2001: 26). El paraíso en la otra esquina para ambos se hallaría condensado en los elementos simbólicos impregnados en cada niña-mujer: «las ropas, los olores, los periódicos y los zapatos viejos de las mujeres de la familia» (Umbral, 1980: 16). Así, ambos recuperan el tiempo perdido de su genealogía familiar. Umbral en sus libros Capital del dolor, Los helechos arborescentes, Las ánimas del purgatorio, El hijo de Greta Garbo, El fulgor de áfrica, Las señoritas de Aviñón, Memorias de un niño de derechas y en Los cuadernos de Luis Vives, donde parece explicarnos su propia metodología. En las obras de Vargas Llosa, el reino familiar y femenino está concentrado primordialmente en La señorita de Tacna, El pez en el agua y La tía Julia y el escribidor, textos de corte autobiográfico y en otros arquetipos femeninos desarrollados en Conversación en la catedral, La ciudad y los perros, Travesuras de la niña mala y El paraíso de la otra esquina. El epicentro en sus obras pone «en solfa los sacrosantos arquetipos familiares» (García-Posada, 1999: 20), quizá muchos de ellos vinculados a los demonios de su infancia/adolescencia que, de algún modo, la escritura trata de compensar y expresarla «disfrazada de lo que no es» (Vargas Llosa, 1992: 57).

En suma, como dice Jorge Manrique: «después de puesta la vida tantas veces por su ley al tablero», Francisco Umbral y Mario Vargas Llosa se han perpetuado en el pódium victorioso de la literatura al dar el rotundo jaque mate por la mujer, reina multidireccional de sus obras.

Ana Godoy Cossío
Doctora en Literatura Hispanoamericana
Universidad Complutense de Madrid

 

Bibliografía:

Umbral, Francisco. Las respetuosas. Barcelona: Planeta, 1976.

         La bestia rosa. Colección de Erótica dirigida por Luis Berlanga, 1992.

         Las señoritas de Aviñón. Barcelona: Planeta, Colección autores españoles e hispanoamericanos, 1995.

         El hijo de Greta Garbo. Prólogo de Miguel García-Posada. Planeta, S.A.,1988.

         El fulgor de África. Barcelona: Seix Barral Biblioteca Breve, 1989.

         Las Ninfas. Prólogo de Gonzalo Santoja. Biblioteca El Mundo. Bibliotex, S.L. 2001.

         Las ánimas del purgatorio. Barcelona: Grijalbo, 1982.

         Los cuadernos de Luis Vives. Barcelona: Planeta, S.A., 1996.

         Memorias de un niño de derechas. Barcelona: Destino, 1980.

Vargas Llosa, Mario. La tía Julia y el escribidor. Barcelona: Seix Barral, 1977.


         La verdad de las mentiras. Barcelona: Seix Barral, 1992.

         El pez en el agua. Barcelona: Seix Barral, 1993.

         El paraíso en la otra esquina. Barcelona: Círculo de Lectores, 2003.

         La señorita de Tacna. Teatro, Obra reunida. Madrid: Alfaguara, 2011.

         La ciudad y los perros. Madrid, Alfaguara, 2011.

Antonio Herrera, Ángel ¿Yo soy así? Francisco Umbral. Grupo Libro 88, S.A, 1991.

García-Posada, Miguel (ed.) Mario Vargas Llosa. Una historia no oficial, Madrid: Espasa-Calpe, S.A, 1999.

Martínez Rico, Eduardo. Jugar y juzgar. DICENDA, Cuadernos de Filología Hispánica, 2001, Nº 19.

Artaud, Antonin. El teatro y su doble. Enrique Alonso y Francisco Abelenda (Trad.). Barcelona: Edhasa, 2001.

Fernández, Teodosio. «Un teatro para la fantasía y los deseos». Homo Ludens, homenaje a Mario Vargas Llosa, Ayuntamiento de Málaga: Universidad de Málaga, 2007.

Villalobos, Macías. «La novela como retrato de vidas». El silencio y la palabra, Cátedra Vargas Llosa, Universidad de Málaga, 2012.

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