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India (XVI): Los jardines de Mandore

Written by | 10/04/2007 | Comentarios desactivados en India (XVI): Los jardines de Mandore

Aquella tarde me dispuse a salir a ver mundo solo. Jose estaba demasiado cansado por las aventuras pasadas y prefirio quedarse en el hotel. A mi en cambio me restaban aun fuerzas y animo como para aguantar hasta la noche, de modo que me encarame a un tuk-tuk (rickshaw motorizado) y le di como destino el Palacio de Umaid Bhawan.

Ibamos subiendo tranquilamente la colina por la carretera, pero antes de llegar a lo alto un guardia de seguridad nos salio al paso. Al parecer una actriz de cine inglesa, Liz Hurley, conocida por muchos, se casaba en esos dias y habia alquilado todo el palacio, que ahora es un hotel de cinco estrellas, para ella y todos sus invitados, por lo que el acceso estaba prohibido.

Vaya inconveniencia. Le pedi al guardia que me dejara entrar, que yo no molestaria, que era solo por ver el palacio un rato y me iba. No pudo ser. Mire al conductor del tuk-tuk, que me devolvio una mirada vacia, y le pregunte que donde podia ir. El dia griseaba y todos los monumentos probablemente habrian cerrado ya. Entonces vi en el plano fotocopiado que llevaba un lugar llamado Mandore Gardens y, como quien se agarra a un clavo ardiendo, le dije al conductor que me llevara alli.

Los jardines se encuentran en Mandore, una localidad cercana a Jodhpur. Nada mas entrar uno se topa de repente con el eden, al menos lo mas cercano a lo que se puede aspirar. Antiguos templos surgen entre la espesura y las copas de los arboles como si de una civilizacion olvidada se tratara. Monos, vacas, perros, pavos reales y toda clase de animales conviviendo en armonia le salen al paso al visitante. Entonces se ve uno paseando por entre los arboles y los animales como si de Adan se tratara. Todo es paz, todo es plenitud. Me sente entre los templos de piedra caduca y escribi estas lineas:

En los jardines de Mandore el alma parece elevarse. Sentado en soledad frente a los templos y cenotafios de marajas muertos, rodeado de arboles, flores y verdor, entre vacas, perros, monos, pavos reales, pajaros y ardillas; mientras se escucha el canto de las aves que parecen del paraiso, el graznido de los cuervos, el sonido del viento sobre las hojas de los arboles y el rumor del llamado a la oracion del muecin en la lejania al desvanecerse la tarde; uno siente que es precisamente para esto para lo que ha venido hasta aqui.

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