9:43 am - Monday May 29, 2017

India (XXXIV): Muerte en el Ganges

Written by | 03 June 2008 | Comments Off

El silencio cayó como si la vida hubiera tocado a su fin. Se apagó la música en ese instante de la noche en el que se escucha el aullido de perros solitarios en la distancia. Concluida la ceremonia de la Ganga Aarti, los espectadores y los fieles volvían a sus hogares y sus hoteles entre sombras furtivas y fantasmales. Cuando los cinco pujaris terminan su danza sagrada la «ciudad de la luz» se torna oscuridad, Benarés muere bajo el peso implacable del tridente de Shiva.

La luna rielaba sobre las ondas de la superficie del Ganges. Sólo se escuchaba, en la inmensidad de la noche, el crujido monótono de los remos al alzarse y luego hundirse en el río. Parecíamos navegar sobre el abismo, como si surcáramos las aguas de la laguna Estigia, que engullían a todo aquél que osara atravesarlas. Únicamente la barca de Caronte flotaba sobre la laguna, y subir a bordo tenía un precio. Cuentan también que cuando la barca se mecía hacia su destino en la tierra de los muertos, las almas en pena de quienes no habían logrado cruzar el río en el pasado emergían de las aguas y se encaramaban a la cubierta implorando su salvación. Debía de ser aquélla una imagen aterradora… si no estuviera uno ya muerto para entonces.

Parecida sensación era la que te invadía aquella noche, en mitad del Ganges, el gran río de la muerte por antonomasia, en cuyas márgenes decenas de cremaciones tienen lugar a diario. Los restos de cuerpos a medio quemar y las cenizas de los muertos han sido arrojados a sus fauces durante milenios. Ha contemplado a generaciones y generaciones de primogénitos prender la pira funeraria de su progenitor con el fuego eterno de Shiva. No podías verlos, pero conocías de sobra las historias de los cadáveres sin incinerar que son arrojados al río atados a una piedra de gran peso, y también que muchos de ellos, cuando se pudren los correajes que los encadenan a las profundidades del río fuliginoso, afloran a la superficie en avanzado estado de descomposición para escalofrío de los turistas y burla de los niños.

A pesar de lo que narren las fábulas de la Hélade, la laguna Estigia no se interna en las tripas de la tierra a la altura de Rusia, en el territorio que la separa de Ucrania, sino que el curso que sigue hacia los ínferos es el del Ganges, y la puerta del Hades, al fin, se encuentra al este de la India.

Así, temía uno que en cualquier momento una mano apareciera en medio de aquella marea negra y le arrastrara con una fuerza sobrenatural hasta sus simas abisales. El mero contacto con el agua, aunque sólo fuese una gota, inspiraba pavor, como si de una sustancia corrosiva e infernal se tratara.

No es de extrañar que Mark Twain asegurara que ni las bacterias consiguen sobrevivir en las aguas del Ganges, y no andaba el escritor norteamericano descaminado, pues en los últimos tiempos algunos experimentos han arrojado datos de que el nivel de bacterias fecales en una muestra de agua del río es tres mil veces superior al considerado para aguas inocuas. De hecho, tal es su insalubridad que se ha comprobado que una bacteria de cólera sólo sobrevive tres horas en el caldo de cultivo de la Madre Ganga, mientras que en condiciones normales aguantaría veinticuatro horas con vida.

Por si fuese poco, existen junto al Ganges gran número de industrias peleteras que desvían a sus entrañas desechos y vertidos de cromo, entre otros metales pesados.

Por eso uno sentía deslizarse entre las aguas siniestras de un río no ya de la muerte, como en tiempos lo fue, sino de un río muerto, con la mirada vacía y el gesto desencajado, que flota sobre la corriente a la deriva.

      

      

En el crucero nos acompañaba una pareja israelí que se alojaba en nuestro mismo hotel. No intercambiamos palabra alguna durante todo el viaje, aparte de los saludos formales, hasta el trayecto de vuelta.

Eran de Tel Aviv, y el hecho de que fueran israelíes llevó la conversación hacia la política interior y exterior de nuestros respectivos países, sin pasar por alto cuestiones tan peliagudas como el conflicto entre Israel y Palestina, el terrorismo nacionalista y el islámico y la guerra de Irak. Él se llamaba Alon, y por sus palabras demostraba poseer una perspectiva muy ancha de la política mundial y unas buenas nociones de cuanto se cocía en España desde los infames atentados en los trenes.

Sentí un caudal de hermandad entre nosotros. Algo nos unía. Ambos habíamos olido el rastro de la Parca cerca en alguna ocasión, se leía en el brillo de los ojos.

       ―¿Eres judío? ―le pregunté en un momento dado.

       ―Sí.

       ―¿Y cómo es la vida en Tel Aviv para un judío?

       ―Procuramos sobrevivir.

Más artículos del autor en www.viajeroenlaindia.com


Artículos relacionados

  • Los domingos en Madrid me son un poco desconocidos. Si la vida le coge a uno en Madrid en domingo, y no en el pueblo, lo normal es que vea el día pasar desde la seguridad de su ventana del tercer piso. Los domingos son jornadas de resaca, de alcohol o de rutinas, tanto da,…
    Tags: de, la, los, el, en
  • Día segundo de alergia. No sabría uno decir por qué adquiere la vida otro color cuando madruga. Mi jefe me había pedido que llegara al trabajo una hora antes, así que poco después del amanecer ya berreaba el despertador. Celebré la proeza de levantarme, rechazando el cálido y muelle abrazo del sueño embozado, con un…
    Tags: de, la, el, en, los
  • Suelo utilizar metódicamente diccionario en mis lecturas, siempre que éstas sean reposadas, recostado en el sofá o sentado al fresco en la terraza; no así cuando lo que uno intenta es robarle minutos al reloj de los tiempos muertos, como cuando uno viaja en autobús o en metro, y aprovecha cualquier resquicio entre parada y…
    Tags: de, en, los, el, la
Filed in: Viajero en la India, Viajes

Comments are closed.