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José Antonio Soto Cruz: «Quería quitarle al rock su aura mágica. ‘Como un Rolling Stone’ es la historia de un fracaso»

Written by | 28/02/2018 | Comentarios desactivados en José Antonio Soto Cruz: «Quería quitarle al rock su aura mágica. ‘Como un Rolling Stone’ es la historia de un fracaso»

¿Cómo surgió la idea de escribir una novela con tintes autobiográficos?

La idea surgió como una manera de reconciliarme con mi pasado. Me vine a Madrid en el 2001 con el sueño de ser una estrella del rock, cargado con la ilusión de comerme el mundo, pero después de cinco años intentándolo, me di cuenta de que ya no podía más, así que lo dejé. A partir de ahí, me olvidé de la música casi por completo. Me fui a vivir a Londres durante un tiempo, volví a mi ciudad, terminé la carrera de Filología Hispánica, que había abandonado en 2001, volví a Madrid, me hice profesor de español para extranjeros y me casé. Como he dicho, no quería tener nada que ver con la música. Todo lo que estaba relacionado con ella quería obviarlo. Me daba vergüenza mi pasado, de ahí que mi nuevo mundo estuviese totalmente fuera de lo que había vivido. Para mí, esos años en los que me dediqué a la música fueron años perdidos, años en los que otros habían hecho muchas cosas, pero en los que yo sólo había estado dando vueltas en círculo, sin avanzar en lo más mínimo. Era tal sentimiento de frustración que causó estragos en la parte creativa que yo siempre había tenido. Durante unos cinco años, nunca más compuse una canción, nunca más escribí nada, estaba totalmente bloqueado para el arte. Lo veía como algo que ya no me pertenecía, algo que había dejado olvidado por el camino y que ya nunca podría recuperar. De modo que la novela es una especie de deuda que tenía pendiente con aquellos años, quería demostrarme a mí mismo que esa aventura no fue una pérdida de tiempo, que de aquella derrota podía obtener una victoria.

Algo muy común en ciertos lectores es vincular al protagonista con el autor, y más sabiendo que tú llegaste a Madrid con la guitarra bajo un brazo, ¿cómo es escribir una novela a partir de una experiencia propia? ¿Cuáles fueron tus prioridades como escritor?

Bueno, en principio habría que aclarar que no son unas memorias, pues no todo lo que le ocurre al protagonista me ocurrió a mí en realidad. Algunas partes están inspiradas en algo, o bien están hiperbolizadas, o incluso otras han sido edulcoradas. O sea que en un nivel narrativo, no son unas memorias. Pero habría que destacar que en un nivel de sentimientos sí aceptaría, quizás con matices, tal calificativo, pues todo lo que siente el protagonista, todo en lo que cree, todo lo que vive interiormente sí es real. Pero convendría aclarar también que sería real en parte, pues todo está pasado por el filtro de la literatura, incluso los sentimientos, por este motivo tendríamos que ser muy cuidadosos con esta afirmación. Además, la experiencia vivida es también a veces inventada, como dice Caballero Bonald. Yo me invento muchas cosas en la novela, pero esa invención es lo que la hace una obra literaria. Me quedo con el término de autoficción. Es más bien una versión literaria de lo que podría haber pasado. Lo que es real o lo que es ficción ni yo mismo lo sé, y poco importa para la historia.

Tengo entendido que antes de ponerte a escribir Como un Rolling Stone (Seurat, 2018) estuviste en un taller de escritura en el que no duraste ni dos días, ¿qué pasó allí?

El problema era que quería escribir una novela, pero no sabía cómo hacerlo, no sabía ni por dónde empezar. Tenía la formación en letras, pero esto no me servía de mucho. En la carrera te enseñan sobre todo a leer, pero no a escribir. Te dan las herramientas, es verdad, pero el inconveniente es que luego no sabes qué hacer con ellas, te falta el darle a todo eso un sentido. Por eso decidí apuntarme a uno de esos cursos de novela que ofertan en las academias de escritura creativa que actualmente son tan famosas. Fue una experiencia desastrosa, pero positiva a la vez. Sólo fui a un par de clases. En la segunda y última de ellas, teníamos que explicar cuál era el argumento de nuestra novela. Así que, uno por uno fue contando lo que tenía en mente escribir. Cuando llegó mi turno, expliqué resumidamente la historia que quería contar. El profesor me dijo que eso no era una historia interesante, que no era nada especial. Me quedé estupefacto, ¿cómo podía echar por tierra en un segundo todo lo que para mí era tan importante? Puede ser que él tuviera razón, que para algunos no fuera un gran conflicto, pero era mi historia, era lo que yo había vivido. Además, ¿cómo es posible valorar una novela por su argumento? Pensé en el Quijote: la historia de un hidalgo que se vuelve loco por leer libros de caballerías y que un día decide hacerse caballero andante e irse por el mundo a buscar aventuras. Con este resumen no llegamos ni a tocar un ápice la grandeza de este libro. Hay infinidad de cosas que están dentro de él: el estilo, la ironía, el humor, la psicología de los personajes, los diálogos, la estructura…¿Qué es el argumento en medio de todo eso? Pues, un pequeño punto. Como decía Mallarmé: “No escribimos los poemas con ideas, sino con palabras”.
        Total que llegué a mi casa y decidí que no volvería a ir a esa clase. Y no sólo eso, sino que en ese momento fue cuando decidí escribir esa novela. El riesgo es fundamental en literatura, así que me dispuse a arriesgarme y a escribirla, me saliera como me saliera, no importaba.

El protagonista de la novela, que por cierto, no tiene nombre , es un iluso, una alucinado que tiene algo de ingenuo y de patético, pero a la vez es un personaje tierno y quijotesco que vive en un sueño, y es la realidad la encargada de desguazar ese sueño.

El protagonista se ha tragado todos los clichés del rock and roll: la fama, los excesos, las mujeres, el malditismo, el glamour… pero eso, en el día a día, con un trabajo, un horario que cumplir, cuentas que pagar, la presión de que el tiempo va pasando y no consigues nada, se llega a convertir en una imagen patética. La realidad es la que se impone. El protagonista se va desengañando poco a poco porque nada de lo que había pensado que le ocurriría se fragua. Y progresivamente se va dando cuenta de la mentira del rock and roll, que él, antes de llegar a Madrid, se había creído sin reservas.
        Sí que es cierto que es algo quijotesco: don Quijote al final vuelve a su casa y recupera la cordura en su lecho de muerte. Con el protagonista es igual, pero el orden cambia: recupera la cordura y vuelve a su casa.
        Es verdad que el protagonista no tiene nombre, pero no he querido personalizarlo en nadie, quería hacerlo más general, menos concreto, ni siquiera para que se piense que soy yo en todo momento, ya que, como he explicado, esto no es así. Quizás quería reflejar a muchos que han apostado también por el rock and roll o por cualquier otra faceta artística y no han podido llegar a dónde les hubiera gustado.

Para contar la historia, y que el lector entienda mejor las motivaciones del protagonista, das saltos en el tiempo. En uno de esos saltos temporales aparece la historia de la infancia, cuando el abuelo del protagonista le cantaba El Rey de José Alfredo Jiménez, y cómo aquellos primeros versos se marcaron a fuego en la memoria, y marcan el futuro del protagonista.

Esa parte sí que es bastante autobiográfica. Hay cosas que ocurren en tu infancia a las que no le prestas atención en su momento, pero que luego con el tiempo descubres que han determinado tu vida en muchos sentidos. La historia del abuelo del protagonista que cantaba El Rey es real y marcó gran parte de mi personalidad y los pasos y decisiones que yo tomaría en el futuro. Es una letra cargada de significado para mí.

En la novela hay acción y aparecen personajes, pero es una novela más bien introspectiva, y cruda, que combina lo íntimo de la experiencia con una mirada casi ensayística de cómo debería ser un artista de rock.

Sí, todo lo que ocurre o de todo de lo que se habla en la novela es una excusa para hablar del protagonista, es verdad que es muy introspectiva. Todo acaba en el protagonista. Él tiene muy claro en su cabeza lo que significa ser una estrella del rock y lo va explicando durante la novela. Por eso hay capítulos más ensayísticos, pero incluso en estos al final siempre se acaba hablando de él. Todo está justificado a través de su persona. Nos habla de sus ídolos, porque es muy mitómano, de la actitud del rock, del glamour a través de la ropa, de sus guitarras, de los discos que le han marcado, de las drogas, del sexo, del duende, del malditismo. Pero como ya digo, todo acaba en él.

¿Te ha servido escribir la novela purgarte, para pasar página?

Tengo que decir que el proceso de escribir la novela ha sido muy duro, ha sido poner de nuevo sobre la mesa antiguos fantasmas que no quería recordar. Han sido unos años de lucha interior, pues esa persona sobre la que me basaba para escribirla ya no era yo, pero en el fondo necesitaba escribir de ello para dejarlo ir de una vez por todas, soltar las riendas de ese pasado que me hacía daño, y así poder encontrarme en el presente. No ha sido fácil estar todos estos años conviviendo con sentimientos tan dolorosos y frustrantes para mí. Sin duda, escribir la novela me ha purgado por dentro, me ha hecho reconciliarme con quien era yo, con ese chico ingenuo que se vino a Madrid a vivir la aventura del rock and roll.

Además de llevar un título muy musical, la novela está organizada como si fuera un disco, cada capítulo lleva el título de una canción que, por cierto, no está elegida de manera aleatoria, sino todo lo contrario, ¿por qué elegiste esta manera de estructurar?

La novela está estructurada como si fuera un disco doble. Es decir, tiene cara A, cara B, cara C y cara D. Cada cara está dividida en capítulos, y cada capítulo tiene el título de una canción. Hay dos cosas importantes que decir aquí: primero, que el libro tiene una banda sonora, o sea que cada capítulo se puede leer a la vez que se escucha la canción que lleva por título (al final del libro hay una playlist hecha por mí para que se pueda seguir sin problema el orden de cada canción), y el segundo punto es que cada capítulo, más que ser un capítulo en sí, es como si fuera una canción. Por eso los capítulos no son muy largos, ya que responden al concepto de canción, al deseo de que se puedan leer en un tiempo aproximado al que se escucha un tema.
        En referencia al disco doble que tuve en mente al elegir esta estructura, fue el White Album de los Beatles. Un álbum del que hay un capítulo entero en la novela dedicado a él. Me basé en él precisamente porque es un disco ecléctico, compuesto por canciones de muy diversos estilos. Hay blues, pop, rock, heavy, un conglomerado de distintos tipos de música, pero lo curioso es que para mí es un disco homogéneo y perfecto. Pues bien, eso es lo que quise hacer en la novela: meter muchísimas cosas que me gustaran, muchos estilos diferentes, varios géneros literarios, diversos niveles de lengua… Hay capítulos narrativos, otros más descriptivos, capítulos líricos, capítulos de crítica musical, un capítulo donde todo es una enumeración caótica, otros de reflexión, otros más oníricos. En fin, un collage de muchas cosas donde he metido, en realidad, lo que me ha dado la gana.

Una cosa que llama atención es la mitomanía del protagonista: Dylan, Lennon, Morrison… y de ahí salta a la literatura. Al final de uno de los capítulos, el protagonista confiesa que no quiere ser músico sino artista. ¿Qué tienen esas dos disciplinas artísticas que tanto lo enloquecen?

Para mí, la música y la palabra son dos cosas que siempre me han apasionado. Pero siempre lo he visto por el lado creativo. Es decir, cuando escucho un disco o leo un libro, siempre pienso en lo que me inspira para crear algo yo. Asumo estas dos disciplinas siempre por la vía de la creación. Me cuesta evadirme y recrearme sólo en la visión del arte como algo contemplativo. Si leo algo o escucho algo, inmediatamente se encienden mil cosas en mi cabeza y, aunque luego no lo materialice en nada en ese momento, mi cuerpo se activa y me vienen a la mente canciones, novelas, ensayos, mil cosas, como digo. Pero la mayoría de las veces, eso se queda en nada.

La novela es muy estilística y preciosista. Tiene un deje clásico que combina con lo canalla. Resuenan muchas voces literarias en los capítulos Umbral, Onetti, Miller, Sánchez Dragó, Cervantes, ¿qué te ha aportado cada uno de ellos?

Cuando empecé a escribir la novela, lo primero que cambió fue mi forma de leer. Hasta ese momento había leído de dos maneras diferentes: como lector normal, es decir el que lee por el simple disfrute, que se acerca a la obra generalmente con una motivación de delectación, sin reflexionar en nada más allá de la historia en sí; y como crítico literario, o sea prestando atención a las características que tienen la obra y el autor, pero sólo con una finalidad de crítico, solamente tratando de desenmascar realidades escondidas dentro de la creación. Pero empecé a leer de otra manera, comencé a leer como escritor, lo que me abrió un abanico increíble de posibilidades. Empecé a subrayar todos los libros que leía, atendiendo a las estructuras, a los giros sintácticos, a la colocación de los adjetivos, a la manera de empezar una frase, a la manera de acabarla… Pasaba todo ello a un cuaderno y volvía a leerlo para interiorizarlo dentro de mí. Fue un proceso largo y duro, ya que era como si nunca hubiera leído un libro. Libros que había leído hace años ahora se me presentaban con un enfoque nuevo, me daban herramientas a las que antes nunca había prestado atención. Autores como Jack Kerouac o Henry Miller, que me habían acompañado en mi juventud, volvieron a mí de una manera distinta y aprendí a escribir fijándome en cómo ellos lo hacían.
        Por supuesto, una influencia palbable es Francisco Umbral, un maestro del lirismo, del ritmo en la frase y de la ruptura de los géneros literarios. O la influencia de Juan Carlos Onetti, del que me fascina su amor por la palabra, su precisión sobre todo con el adjetivo. Onetti va jugando con el lenguaje en cada momento, y esto me gusta de él. Ningún sonido, ninguna palabra, ninguna frase está puesta al azar. Es este rigor concienzudo, sobre todo, lo que más me influyó mientras escribía la novela. O Fernando Sánchez Dragó, del que he aprendido mucho; sobre todo me encanta la infinidad de recursos que maneja al escribir, es un maestro del barroquismo, de la sintaxis rebuscada, de la frase perfecta, y a mí esto es algo que me apasiona de él.
        Además, están los poetas, Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, Baudelaire y Lorca, con los que tengo una deuda infinita. El simbolismo, el irracionalismo, los desplazamientos calificativos, las visiones oníricas, las imágenes, el tratamiento de la metáfora de estos escritores son sin duda claves para entender partes de la novela.
        Con respecto a Cervantes, qué decir de él, es un genio. Yo suelo decir que en literatura existen riff al igual que en la música. “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme” es el mejor riff de la literatura española. Decir esa frase de otra manera, perdería toda la fuerza, pero dicha así es única e irrepetible.

En la novela hay un acentuado sentido dramático de vivir la vida. ¿Por qué ese tono?

Algunos que han leído la novela, y que me conocen bien, me han criticado, o mejor dicho se han sorprendido de que fuera una novela tan oscura, tan llena de dramatismo, y sobre todo han echado de menos el sentido del humor, que como bien saben, es una parte importante en mi carácter. Tengo que darles la razón, ya que es verdad que sólo me he centrado en el sentido unamoniano de la vida, que al ir desgranando la historia sólo me salía ese tono vital trágico, oscuro. Pero no ha sido buscado, ha sido una consecuencia de lo que esa experiencia que cuento en la novela dejó en mí, pues me cambió la vida en muchos aspectos. Quizás necesitaba utilizar ese tono para purgarme por dentro, para dejar salir definitivamente todo lo que desde hacía años estaba en mi interior. Por lo tanto, pienso que contar la historia desde otro punto de vista, habría sido fasearla con los clichés del rock and roll. Yo quería contar la historia desde un punto de vista diferente, desde más adentro, desde mi interior. Quería quitarle al rock toda esa aura mágica del que yo me empapé en mi juventud, de esa parte glamurosa que yo esperaba vivir al llegar a Madrid con mi guitarra y mis botas de piel de serpiente. La historia que yo cuento es la historia de un fracaso, de una derrota, de una desilusión, de una caída. La literatura es una forma de autoconocimiento, de aproximación a la propia personalidad. Pues bien, a través de la novela pude encontrarme con ese yo, oscuro, dramático, sensible e inseguro, que tenía dormido dentro de mí.

¿Qué balance haces de todos estos años, ahora ya como escritor y persona y no como un trasunto de personaje literario?

Ahora visto con la distancia y después de haber terminado la novela, veo aquellos años con mucha más positividad. Fueron un aprendizaje básico en mi vida. A través del fracaso, de todos los palos que recibí, puse los pies en la tierra y descubrí que había una vida más allá del rock and roll. He logrado por fin aceptar la derrota y darle un sentido a aquellos años.

David García Martín

 

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