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José Luis Sampedro, memoria de la dignidad

Written by | 17/04/2013 | 2

josé luis sampedro la sonrisa etrusca memoria de la dignidad

Para Pilar y Marcos, protagonistas de aquellos años

Pude escuchar del propio José Luis Sampedro su técnica para conseguir frases y tipos humanos, que luego utilizaba en sus novelas, gracias a una conferencia que vino a dar al instituto donde cursaba estudios a finales de los 80. Nos contó que elegía una cafetería al azar y se sentaba a leer en una mesa rodeado de gente. Cuando llegaba se quitaba ostensiblemente un audífono que no necesitaba para que fuera visto por las personas que le rodeaban y cuando conseguía convertirse en invisible tomaba notas en una pequeña libreta que siempre llevaba consigo, queriendo hacer ver que resumía el libro que leía.

Por aquel entonces la literatura se reducía para mí a los libros que iba eligiendo al azar de la biblioteca de mis padres y a las sedantes clases de mi profesora de literatura, Doña Matilde, que con la lectura del Cantar de Mio Cid en castellano antiguo, la interpretación de largos poemas de Góngora, así como su actitud de manifiesta incomodidad por tener que malgastar su valioso tiempo con nosotros, sólo lograba ahuyentar a los alumnos de la lectura. Aquella profesora nos repetía constantemente que «nuestra ignorancia era supina», por lo que cuando anunciaron que un escritor venía a darnos una charla la emoción no fue lo que se dice muy generalizada. Aquel escritor resultó ser José Luis Sampedro y su concepción de la escritura supuso darme cuenta de que la literatura no sólo eran las clases de Doña Matilde, sino que podía consistir en contar las vidas ajenas como medio de mejorar el mundo en el que vivíamos. Con un lenguaje afable y cercano, consiguió meterse en el bolsillo al auditorio, unas decenas de adolescentes que no despegaron su mirada de él durante dos horas, con ejemplos y anécdotas vividas que conocían el secreto de saber contar lo que muchos pensábamos pero no sabíamos expresar. Hacía poco tiempo que se había publicado La sonrisa etrusca, su novela más vendida y conocida, ambientada en Milán, así que nuestra profesora le comentó que se notaba que conocía muy bien aquella ciudad; cuando Sampedro contestó que nunca había estado en Milán, algo cambió en mí para siempre. Aquello era otra cosa. Nadie me había contado que se podía ir a una cafetería a tomar notas, a legitimar las vidas de los demás y, sobre todo, que se podía dar clase como lo hacía Sampedro.

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En sus libros encontramos el rastro de un escritor interesado en contar las debilidades humanas y en comprenderlas, en testimoniar los sentimientos de unos personajes que se van abriendo ante nosotros poco a poco, con sus miedos. Desde sus primigenias novelas como La estatua de Adolfo Espejo o Congreso en Estocolmo, Sampedro eligió dar voz a seres necesitados de ser leídos pero también de ser escuchados con el corazón. En plena autarquía franquista, Sampedro miraba y reflexionaba sobre la concepción de un mundo plagado de injusticias y de deseos frustrados que luego desarrolló en sus libros, rebelándose contra un sistema económico que perpetuaba una diferencia de clases basada en el egoísmo de unos pocos que hacía permanecer a otros muchos en la pobreza. Sampedro consideraba su libro Octubre, octubre, de difícil lectura, como la cima de su escritura, pero creo que Escribir es vivir, libro publicado en 2005 y que recoge sus conferencias más importantes, constituye su testamento literario y ejemplo de lo que tiene que ser un buen profesor.

Los últimos años de su vida fueron un continuo magisterio para que no olvidásemos lo injusto de la sociedad contemporánea, la necesidad de no dejarnos imponer un sistema económico donde prima el sálvese quien pueda y no el ayuda a tu prójimo. Los movimientos espontáneos surgidos alrededor del 15-M supusieron un nuevo empuje de energía que le llevaron a continuar con encuentros con los más jóvenes, a los que explicaba la necesidad de mirar siempre al futuro, de evitar fijar la mirada en un pasado teñido de nostalgia donde campan los recuerdos, porque los recuerdos son como esos cuidados y hermosos jardines que encontramos, a veces, en una casa a la que hemos sido invitados; nos gustaría salir para acariciar las plantas mientras paseamos por él, pero no nos atrevemos a abrir la ventana.

Fernando Ull Barbat
Abogado


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2 Responses to “José Luis Sampedro, memoria de la dignidad”

  1. Marcos
    19/04/2013 at 13:43 #

    Entrañable a la vez q especialmente cierto y descriptivo de cuanto nos ocurrió en «aquellos maravillosos años»
    Gracias y enhorabuena

  2. 19/04/2013 at 15:06 #

    Hay que mirar siempre al futuro pero después de leerte yo me he quedado un ratito en el pasado, he recordado algunos de esos momentos y he sentido bastante nostalgia. Pero me ha encantado.
    Mil gracias.