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La forja de todo escritor

Written by | 11/02/2018 | Comentarios desactivados en La forja de todo escritor

En 1958, a los 22 años de edad, Mario Vargas Llosa coronó sus estudios universitarios en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, con la tesis titulada Bases para la interpretación de Rubén Darío. Con el entusiasmo de todo investigador principiante se sumergió en “los estratos del complejo universo daríano”, en sus lecturas y en el contexto histórico-social de la época, en busca de respuestas a las raíces profundas de la vocación y a “las estrategias de construcción de una subjetividad artística”1. Sin embargo, no solo descubrió el magma que habita en la vida/obra del poeta, sino las claves que confluyen para la forja de todo artista, en este caso, de todo escritor. Sesenta años después reconocemos el verdadero significado de este primer ensayo y valoramos el resultado a través de su propio camino. Es decir, la paradigmática trayectoria personal y literaria del poeta nicaragüense no solo le ha permitido conocer “la transformación de Félix Rubén García Sarmiento en Rubén Darío”2, sino la primera piedra del cimiento que conlleva la mutación de un hombre en artista.

Vista a la distancia, esta tesis se alza como un pronóstico de su propia conversión en un escritor consagrado, como ha sucedido también con Francisco Pérez Martínez convertido en Francisco Umbral y otros tantos escritores. El punto cardinal de este hecho se hallaría en el imperio de letras que deja un autor como Rubén Darío en las generaciones siguientes a las que “devuelve la poesía a la música [y] devuelve la música al hombre”. Vargas Llosa como Umbral admiraron al poeta americano e indudablemente bebieron su esencia, cuya “sintaxis del poeta no es sino la matemática de su música”3. La “indeclinable devoción”4, sin duda, ha afinado la sensibilidad, fortalecido la vocación y dejado una huella indeleble que ambos reconocen. En sus obras este influjo quizás aparece de forma más discreta y callada en la narrativa de Vargas Llosa, mientras que en la prosa poética de Umbral es más intenso y evidente, porque “ha educado su oído con resonancias de Rubén Darío y de Juan Ramón Jiménez, y estira la pupila en los faldones de Quevedo y Valle”5. Francisco Umbral reconoce que Rubén Darío: “Peregrinó mi corazón y trajo de la sagrada selva la armonía”, por ello, le dedica muchos artículos periodísticos y comenta sobre el poeta en Palabras de la Tribu y otros libros. En Las señoritas de Aviñón convierte al poeta en personaje. En realidad, la estela que dejó Darío en ellos abarca también la prosa y el periodismo, sobre todo, sus crónicas literarias. La frase premonitoria de Rubén Darío parece haberse cumplido al pie de la letra: “Hoy y siempre, un periodista y un escritor se han de confundir”. La influencia francesa de Emile Zola en Darío y en sus obras es equivalente al de Flaubert para Vargas Llosa y de Proust para Umbral. Estos escritores se convierten en modelos vitales, culturales y, primordialmente, en referentes literarios. Aunque para redescubrirse a sí mismo y encontrar su propio estilo Darío niega a Zola, pero en el fondo lo admira. En esta progresión de influjos también participan los poetas franceses: Baudelaire, Verlaine, Rimbaud.

En realidad, las influencias literarias se expresan casi matemáticamente como una sumatoria de libros, nombres, artistas, maestros, obras, estilos que se proyectan como hologramas cuando tejemos la vida/obra de un autor. Así, por ejemplo, Juan Ramón Jiménez (que coincidentemente fallece en 1958), discípulo y amigo de Rubén Darío coge el testigo tras la muerte de su maestro y escribe Diario de un poeta recién casado (1916). Este libro significa no solo la transformación personal, sino histórico-literaria del nuevo siglo y da nacimiento al nuevo poeta que trae aires renovadores a la Generación del 27, mientras en América el sucesor Ricardo Neftalí Reyes Basoalto se convertía en Pablo Neruda, el nuevo poeta hispanoamericano. Qué mejor ocasión para recordar el discurso a la limón que pronunciaron Pablo Neruda y García Lorca, en Buenos Aires, en homenaje al maestro Rubén Darío en España: “enseñó en España a los viejos maestros y a los niños, con un sentido de universalidad y de generosidad que hace falta en los poetas actuales. Enseñó a Valle Inclán y a Juan Ramón Jiménez, y a los hermanos Machado, […] Desde el paisaje de Velázquez y la hoguera de Goya y desde la melancolía de Quevedo al culto color manzana de las payesas mallorquinas, Darío paseó la tierra de España como su propia tierra”6.

La forja de todo escritor se produce gracias a la libación del néctar de flores ajenas y variados árboles, hasta llegar al panal propio y original del estilo. Sin duda, éstas moldean al artista y perfilan sus producciones: “las influencias son inevitables […] y al mismo tiempo te van ayudando a descubrir tu propia personalidad. Tú admiras mucho a un autor cuando te descubre el tipo de escritor que quieres ser y el tipo de escritor que no quieres ser”7. Rubén Darío no solo trae el Modernismo, sino “como Hugo, como Leonardo, como Picasso, trae su propia realidad consigo, ese espejo que llevan a la espalda los vidrieros de Jean Cocteau y en los que se refleja la vida de otra forma, otra vida”8. A propósito de Picasso, él también recibió la influencia del pintor francés Henri de Toulouse-Lautrec, porque “el joven pintor estableció un fructífero diálogo con el francés y tomó prestadas diversas fórmulas” y las adaptó a su estilo.

Estos últimos meses que Lautrec y Picasso, dos “figuras capitales de la vanguardia de finales de siglo XIX y del siglo XX” nos han acompañado en el Museo Tyssen Bornemisa, también hemos conocido sus influjos mutuos, sus afinidades y coincidencias. Igual que Vargas Llosa y Umbral también retratan el lado erótico del cuerpo de la mujer, así como la vida nocturna de “mujeres marginales o prostitutas”. Uno de los cuadros conocidos de Picasso Las señoritas de Aviñón nos proyecta a Picasso y a Darío como protagonistas de la novela de Umbral que hereda el mismo título, mientras las tías del narrador aparecen como las señoritas retratadas.

El rastro de Darío, poliédrico y multidisciplinar, en ambos, es indiscutible, incluso en el origen de la vocación, como refugio, como “carácter compensatorio” a una infancia que les negó la verdad sobre sus padres, aunque crecieron arropados por la lectura y escritura, en el reino de las tías/abuelas. Si para Vargas Llosa “Rubén Darío fue el primer demonio cultural a quien estudió con rigurosidad”9 y profundidad para hallar sus abismos y montañas; para Umbral, “Rubén era [el] patriota del mundo, universalista, porvenirista, novador”10. En ambos, la literatura no solo exorciza los “demonios personales y colectivos”, sino revela la indeclinable voluntad de trabajo y la naturaleza del “escritor perpetuo”. Además, resalta el atributo de “singularidad y diferencia, en relación con los otros, [que] origina un creciente individualismo”11, porque en esta senda que forja a todo escritor, “los egos son la materia de la escritura”12 traducidos en el narcisismo que les caracteriza.

Rubén Darío no solo creó “una estética totalmente paradigmática para los poetas de América y de España”13, sino para todo artista: “Rubén tiene esa cosa inaugural y festival del que vuelve la esquina de un siglo”14. Vargas Llosa reconoce la expresión de su “insólita permeabilidad a las influencias […] la heterogeneidad de sus escritos […] la realidad [como] un simple instrumento: éste la utiliza, se sirve de ella para cumplir su alta misión [aunque] puede también, si lo desea, prescindir de la realidad, omitirla, evadirse”15. Umbral, seducido por Rubén Darío refrenda la misma idea: “todo genio revolucionario, nuevo, todo el que entorna un siglo y abre otro […] es el hombre que deserta de la realidad dada, que trae una realidad nueva, no se sabe de dónde. El político, si es grande, el sabio, el poeta, el artista, no son sino vectores por donde una realidad nueva viene a suprimir la antigua. Porque la realidad no es sino una convención, y hay que sustituir esa convención por una realidad verdadera, hasta que se vuelva convencional”16. Esta continuidad y pluralidad en la literatura se representa simbólicamente como el río en el que fluye la totalidad de un escritor forjado, además de “los vínculos y contactos personales que ligan a los miembros de un grupo en conjunta florescencia: la amistad, el compañerismo, los compartidos sentimientos, los mutuos influjos”17.

Este año 2018 que Azul (1888), libro fundacional del Modernismo, cumple 130 años, comprobamos que muchos autores como Vargas Llosa y Francisco Umbral han seguido no solo el modelo de escritor, sino una de las reflexiones más importantes del poeta sobre la mujer: “en ella está la lira, en ella está la rosa, en ella la ciencia armoniosa”18. Ambos han materializado a las niñas-ninfas-mujeres de su infancia. Todas ellas representan la imagen repetitiva de la niña-mujer con quien el niño-adulto ha compartido en el parque de su inconsciente con la Rosa niña19, convertida en flor, en los jardines poéticos y azules de Rubén Darío, cuyo destello ha sido tan variado “como plural ha sido la celeste historia”20 de su vida.

Ana Godoy Cossío
Doctora en Literatura Hispanoamericana
Universidad Complutense de Madrid

1. Mario Vargas Llosa.Bases para una interpretación de Rubén Darío.Prólogo de Américo Mudarra, UNMSM. Lima: Instituto de investigaciones Humanísticas, 2001, p. 9.

2. Ibíd.

3. Francisco Umbral, Artículo El Mundo, 20/02/1994.

4. José Miguel Oviedo. Mario Vargas Llosa: la invención de una realidad. Barcelona: Seix Barral, 1982, p. 27.

5. Fanny Rubio. La Esfera, 15/3/97.

6. Pablo Neruda y Federico García Lorca. Discurso al alimón sobre Rubén Darío. El Sol, Madrid, 1934.

7. Ana Godoy Cossío. Entrevista a Mario Vargas Llosa. Lima, 20/01/2014.

8. Francisco Umbral. “El artículo”. El Mundo, 20/02/1994.

9. Agustín Prado Alvarado. Rubén Darío en la poética de Vargas Llosa. Svet Literatury. UNMSM: Lima, 2016, p. 1l6.

10. Francisco Umbral. “El artículo”. El Mundo,20/02/1994.

11. Mario Vargas Llosa. Bases para una interpretación de Rubén Darío. Prólogo de Américo Mudarra, UNMSM. Lima: Instituto de investigaciones Humanísticas, 2001, p. 161.

12. Juan Cruz. Egos revueltos. Barcelona: Tusquets Editores, 2013.

13. Agustín Prado Alvarado. Agustín Prado Alvarado. Rubén Darío en la poética de Vargas Llosa. Svet Literatury. Lima: UNMSM, 2016, p. 115.

14. Francisco Umbral. “El artículo”. El Mundo,20/02/1994.

15. Mario Vargas Llosa. Bases para una interpretación de Rubén Darío. Prólogo de Américo Mudarra, UNMSM. Lima: Instituto de investigaciones Humanísticas, 2001, p. 161.

16. Francisco Umbral. “El artículo”. El Mundo,20/02/1994.

17. J. A. Aunión. “La generación del 27 cumple 90 años”. El País, 16/12/2016.

18. Rubén Darío. Poema 17. Cantos de Vida y esperanza. Buenos Aires: Grupo Imaginador, 1999.

19. Poema de Rubén Darío titulado «La rosa niña», cuyo «cuerpo se hace pétalos y su alma flor» (Alonso, 1988: 240).

20. Rubén Darío. Cantos de vida y esperanza, 1905.

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