11:53 pm - lunes agosto 10, 2020

La responsabilidad pasiva o el político como chivo expiatorio

Written by | 24/02/2013 | Comentarios desactivados en La responsabilidad pasiva o el político como chivo expiatorio

opinion rajoy chivo expiatorio politico responsabilidad politica

Responsabilidad es palabra densa, difícil y bastante agotadora, como todas las vocaciones que exigen una vida para llevarse a cabo. Por eso sorprende su propensión aerodinámica a volar por los aires, de trinchera a trinchera, a cantazo limpio, y en tono de reproche mediático. Quien asuma las consecuencias de las acciones que escoja es ya huérfano de virtud, porque, entre tanto uso negligente, la responsabilidad ha quedado vacía de significado y acólitos.

No hay responsabilidad sin ética, y es ahí donde apuntan los síntomas. Liberada de la religión y la estrechez de los confesionarios, a día de hoy, la moral ha invertido su entera libertad en tumbarse sobre la cadena de montaje del sistema, a dejarse hacer, al más puro estilo T-Ford. La eficacia gana teclas para la causa. Y es ahí donde surge la luminosa figura del «experto» para optimizar la gestión de un planeta manoseado a escala global, como ya vislumbró Daniel Bell en 1973. A este experto, líder de opinión en funciones, se le entrega, con mullida confianza, la interpretación de realidades complejas que responden a su ámbito de conocimiento. Y, no pocas veces, sus palabras se acatan con el resorte flojo del acto de fe.

Pero ese experto no asume la crítica de la totalidad, porque, en rigor, eso excedería sus competencias. En ese análisis descontextualizado, afín al estereotipo, el todo deja de ser mayor que la suma de las partes. La razón olvida principios para apostar a finales, como un instrumento más de exaltación de lo útil. En palabras de un brillante escéptico como fue Gómez Dávila: «La ciencia se ha revelado milagrosamente capaz de enseñarnos cómo se hacen las cosas, pero incapaz radicalmente de decirnos lo que debemos hacer». El mito del progreso venía sin manual de instrucciones.

felipe gonzalez chivo expiatorio politico responsabilidad politica

El intelectual, histórico portador de ese cometido, se encuentra en horas bajas: es visto con sospechas filio-fóbicas, sorna indisimulada o simplemente como un fósil incapaz de ejercer de brújula de criterio y conciencia del mundo. Tiene sentido, porque la ética de consumo, como buena mantis hedonista, devora las cabezas de quien le mete mano para erigirse en guía. Que no engañen las manifestaciones de un lado y otro de las trincheras, la rabia mueve turbinas, lo que no queda nada claro es hacia dónde. El relativismo postmoderno ha cumplido su promesa anti-intelectualista de ideologización débil, polimórfica y antidogmática.

Pero la responsabilidad implica, precisamente, tener valores e identidades claras, o al menos la voluntad de tenerlas, que no es poco. El resultado es un desierto conceptual, donde faltan tantos puntos de referencia como espejismos sobran. Como explica la profesora de Ética, Victoria Camps, a nivel funcional nos apoyamos en factores mesurables para acreditar valores: «es puntual», «no roba». ¿Pero cómo decir que alguien es buen ciudadano o una persona virtuosa? O en concisión menos abstracta y transitable: ¿Qué he hecho yo frente a una injusticia o conflicto? ¿Qué legitimidad tengo yo para buscar otros culpables?

De ahí la creciente demanda de códigos deontológicos profesionales que sirvan para aclarar funciones y responsabilidades. Así pasamos de las tablas de Moisés a las del iPad. Pero recordemos que los códigos no obligan, sólo sugieren. Es la ley la que se encarga de señalar las líneas rojas que no deben ser atravesadas.

chivo expiatorio politico responsabilidad politica

Pero allá donde nuevas fronteras nacen, las responsabilidades se difuminan. El advenimiento del Estado de Bienestar ha supuesto un cambio en el paradigma ético y jurídico: la responsabilidad, que siempre había recaído en el individuo a través de la culpa (ya fuese a nivel legal o referida al remordimiento), ha desplazado su fundamento hacia el daño.

Pero el daño no siempre tiene culpables: existen pecados sin pecador, como la miseria, las enfermedades o las catástrofes naturales. La ley ha asimilado este viraje conceptual, de modo que allá donde se da el daño (y obsérvese que esto es mucho decir), se impone el deber moral y legal de subsanarlo, en base a un sentido de la solidaridad y justicia bienintencionado, cuya derrota asegurada no está ciertamente exenta de grandeza moral.

El tránsito de la culpa al daño añade un matiz crucial: la responsabilidad se desplaza del ámbito individual al colectivo. Culpar al daño supone, al fin y al cabo, hablar de una responsabilidad sin sujeto. Lo que, a efectos prácticos, equivale a dejar correr el agua del grifo. Y, a lo sumo, el chorreo invita a lavarse las manos, como aquel romano de Judea. La culpa pasa a ser, pues, asunto de «lo público», concepto abstracto y confuso que, no obstante, se adapta bien a la vieja tendencia politeísta de antropomorfizar la figura del mal. Al fin y al cabo, un político lo pone fácil, ya que además de corbata, tiene una cara disponible para el juicio mediático. Y para ser partida de vez en cuando.

obama sombra cierne sobre politica responsabilidad

Urge una aclaración, tonta por obvia: apelar a la responsabilidad individual no implica exculpar a la clase política de sus fechorías, necedades y codicias megalómanas. Pero algo falla, como señalaba con lucidez Jean de la Fontaine, cuando el político se ha convertido en chivo expiatorio de todos los males planetarios. Y eso sucede, precisamente, porque no hay culpables. O porque tantos son que no se reconocen ni a sí mismos. En cualquier caso, el culpable es necesario para instaurar una ficción de justicia, donde sólo faltaría un cubo de palomitas y estirar las piernas para asumir la gozosa posición de espectadores.

Aún atina más el filósofo francés al definir esta dejación moral como «responsabilidad representada», es decir, pasiva. Un medroso producto del sistema que, en definitiva, cada cuatro años permite al ciudadano quitarse de encima la densa y difícil losa de la responsabilidad moral para introducirla en la misma ranura que su voto.


Artículos relacionados

  • El coche es un buen signo exterior de riqueza, porque es relativamente costoso, todo el mundo conoce grosso modo su categoría, se puede exhibir en cualquier parte y, llegado el caso, se puede compartir fácilmente. Por ello es muy útil en una sociedad como la nuestra, que suele determinar con la capacidad de consumo la…
    Tags: el, de, en, la, opinión, política
Filed in: Ética & estética, Opinión

Comments are closed.