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Las estrellas en el firmamento de Francisco Umbral

Written by | 18/09/2018 | Comentarios desactivados en Las estrellas en el firmamento de Francisco Umbral

 

A propósito de la lluvia de Perseidas que tienen protagonismo durante el mes de agosto, me vienen a la mente las columnas diarias de Francisco Umbral, donde las mujeres artistas destellaban como estrellas de su firmamento.

Recordar aquel imaginario femenino, a través de sus crónicas literario-periodísticas ha significado alzar la mirada hacia la estela luminosa de sus maestros del periodismo: Miguel Delibes, González Ruano, Gómez de la Serna, Eugenio D’Ors, Francisco de Cossío, etc. Alcanzar el orión de su escritura perpetua es penetrar en los vericuetos de la aparente oscuridad estelar de sus pensamientos líricos, como admirador apasionado de las mujeres, hespérides infinitas de su constelación verbal.

Ingresar al singular Partenón de mujeres/columnas por «la puerta jónica»[1] es participar del «diario colectivo de una ciudad, de una época, de un tiempo»[2], conscientes de la «infiltración femenina en todos los estamentos y labores de la vida española», a través del hombre/escritor/periodista, «testigo consciente de más de medio siglo de Historia española contemporánea, cronista de las grandes figuras de mujeres del siglo XX»[3]. Mujeres con sus luces y sombras, sus cruces y coronas, sus penas y glorias, sus risas y llantos, sus brillos y opacidades convertidas en «metáforas femeninas, bellezones en el couché»[4] de la vida, «con su visonazo de postguerra, [que] hacían ciencia, historia, actualidad, periodismo, idiomas»[5], aunque, principalmente, se vestían de arte.

Llegar hasta la galaxia femenina de españolas y extranjeras, actrices, cantantes, folklóricas, bailarinas o bailaoras, cómicas, presentadoras, a quienes ofrendaba en el altar de la prensa cada día, es asistir al espectáculo de las «mujeres líricas, canéforas prerrafaelistas. El sueño wagneriano de la integración de todas las artes, integradas a su vez en [la] mujer que baila, canta, danza, recita, ama, pero que, como el fuego, tiende siempre a la ojiva»[6].

Conocer a las diosas de su Olimpo por un día es quedarse para siempre impregnado del perfume, el halo, la música de sus divinidades más preciadas. Mujeres que han pasado por la alfombra roja del éxito y la fama. Mujeres de voces potentes, de sonrisas luminiscentes, de códigos secretos, de canciones ancestrales y contemporáneas, de pieles de seda y verbos floridos. Mujeres que han brillado en la bóveda celeste del escenario: una violeta de Sarita Montiel, el flamenco de Lola Flores, la minifalda de Carmen Sevilla, una ranchera de Rocío Dúrcal, una ola de Rocío Jurado, un marinero de luces de Isabel Pantoja, un vuelo blanco de Ana Belén, la voz de lluvia áspera de Massiel, los tacones lejanos de Victoria Abril, el baile de Bibí Andersen, entre otras estrellas luminosas y lejanas de su universo.

Es abrir las gigantescas cortinas del escenario y admirar a las artistas que han cantado desde la pasión, el amor, el dolor, la alegría, la esperanza, «las victorias, reivindicaciones y [desde] las corrientes de renovación y libertad: «La revolución de la mujer la ha hecho ella misma, ayudada por los avances de la ciencia»[7]. Es conocer el copioso elenco femenino que ha circulado por su vida y su obra, porque para Umbral «los géneros y las musas no mueren ni se destruyen, sino se renuevan, se reciclan, se reinventan, como las leyendas nórdicas bajo la pluma del padre Shakespeare»[8].

En medio del gran manto oscuro de sus multiformes textos, dos estrellas centellean hasta hoy pese al tiempo: Ana Belén, la niña de sus ojos, «mujer transparente, cristal femenino atravesado por el rayo de luz de la actualidad»[9] y Lola Flores, la folklórica, que fue la «niña de fuego, el fuego de la niña, niña de los peines de oro bajo, guapa de máscara, ojos y alquitrán»[10].

Umbral hizo de sus columnas, otro cielo variado de mujeres de su constelación, a través de las que pronosticó: «cambiará la Historia, clareará el mundo, correrá la sangre y la sabiduría»[11]. A los once años del eclipse de su vida, homenajeamos su memoria y a las mujeres/estrellas del pasado y del presente que brillaron y brillan con luz propia y compendian el siglo XX y el XXI. Incluso a las hespérides del futuro que destellan en los escenarios virtuales de las redes sociales, como predijo el cronista visionario, «la mujer futura está llegando a una irrealidad exquisita: ya sólo se las localiza por el móvil, donde nunca se las ve, pues el móvil las sitúa en una irrealidad sublime»[12].

Ana Godoy Cossío
Doctora en Literatura Hispanoamericana
Universidad Complutense de Madrid

 
[1] Francisco Umbral. La belleza convulsa. Barcelona: Planeta, 1985.

[2] Francisco Umbral. Un ser de lejanías. Barcelona: Planeta, 2001.

[3] Francisco Umbral. Diario de un Snob. Barcelona: Destino, 1974.

[4] Francisco Umbral. “Mujeres ya”. El Mundo. 25/06/2007.

[5] Ibíd.

[6] Francisco Umbral. “La voz a ti debida”. El Mundo, 22/11/1990.

[7] Francisco Umbral. “El nombre de la rosa”. El Mundo, 14/08/1992.

[8] Francisco Umbral. “Ana Xacobea”. El Mundo, 29/07/2004.

[9] Ibíd.

[10] Francisco Umbral. “Ella”. El Mundo, 31/07/1994.

[11] Francisco Umbral. “Las santas mujeres”. El Mundo, 25/07/1999.

[12] Francisco Umbral. “La tercera fuerza”. El Mundo, 04/04/2007.

 

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