11:46 am - martes octubre 15, 2019

Lecturas agridulces

Written by | 08/10/2007 | Comentarios desactivados en Lecturas agridulces

En estas últimas semanas he leído algunos libros de los que gustaría hacer una breve mención y algún comentario. Empezaré por el más alejado en el tiempo de cuantos enumeraré aquí: Libro de réquiems, de Mauricio Wiesenthal (Editorial Edhasa). Podría calificar este libro como prodigioso sin temor a que se me empiecen a rasgar la camisa los pocos que vayan a leer esto. En los tiempos en los que vivimos es de agradecer obras como ésta, de tanta ambición. Cuesta una vida entera escribir el libro que nos ha legado Wiesenthal, evocador, soñador, elegante, poético, melancólico, nostálgico de otros tiempos, de las horas y los siglos que fueron testigos de las vidas de artistas, tanto grandes como anónimos, y de sus muertes, que el autor retrata como si tañese las cuerdas de un arpa que llora réquiems sobre lápidas de mármol y piedra enmohecida. No se pierda el lector su nuevo libro, en la misma línea, El esnobismo de las golondrinas, bajo el mismo sello editorial, yo no lo haré.

Otra maravilla, pero ésta, al contrario que los réquiems de Wiesenthal, guardada en frasco pequeño: El arte de escribir, de Robert Louis Stevenson (Ediciones Artemisa). En este pequeño opúsculo, que reúne diversos artículos y prólogos que Stevenson redactó para la prensa o alguno de sus libros, el autor desvela sin ambages el secreto de la literatura, se adentra en las razones por las que un texto resulta bello y musical al oído, como si se tratara de una melodía cadente, y analiza el encadenamiento fonético de las frases, que sigue un patrón definido y perfectamente estudiado. Como un mago que de repente descorriera la cortina y descubriese el simple mecanismo de sus trucos, el autor de La isla del tesoro nos muestra los resortes y ruedas dentadas que se hallan tras meras palabras, que bien pueden, con estos mimbres, encadenarse articialmente para que resulten efectistas, pero su belleza y su pureza, una vez conocido el secreto, reside únicamente en el genio del artista. Eso es el fundamento del arte, lo que lo diferencia del artificio y la artesanía. Sorprende, a pesar de todo, que un escritor se detenga a armar frases con tanta precisión, tan arduo trabajo, cuando tal vez el lector no apreciará el formidable esfuerzo de juntar letras siguiendo tan alto esquema. Conforta, sin embargo, leer que el propio Stevenson confiesa sus dificultades a la hora de escribir, habla de sus horas bajas y desalientos, lo que lo humaniza y lo acerca al lector. Los genios también atraviesan sus días oscuros. Quizá por eso, entre otros motivos, ha pasado Stevenson a la Historia de la Literatura.

Y una novela negra de reciente publicación: El ángel negro, de John Connolly (Editorial Tusquets). Soberbio novelón. Literatura de la buena, experimental por momentos, sórdida, noctívaga, gótica, bien hilvanada, mejor llevada. Es lo mejor en novela negra que he leído hasta ahora, aunque debo confesar que no he leído demasiado del género.

Aparte de estas tres o cuatro grandes obras, poco más ha caído en mis manos que haya merecido la pena; es más, me he encontrado con sonados fiascos, libros en los que había depositado gran interés y confianza por su temática, su fama o su autor, libros que me han herido, no porque sean, por malos y aburridos, ilegibles, ni porque me hayan decepcionado profundamente, que también, sino porque a uno le entristece que cada vez sean menos los libros que le satisfacen. Bueno, tampoco es una tragedia. Los clásicos siempre quedarán. De vez en cuando se encuentran joyas como las de Stevenson y Wiesenthal, que son universales, o la de Connolly, para gustos. No obstante, me permitiré desaconsejar la lectura de un par de estos desengaños, porque el resto, de tan malos, la verdad es que los he olvidado: La ciudad sin tiempo, de Enrique Muriel (Francisco González Ledesma) y Tokio blues, de Haruki Murakami. Prefiero omitir las razones, cruel sería hurgar en la herida, pero es un aviso.

Artículos relacionados

  • No es frecuente descubrir escritores como Andrés Trapiello, que proporcionen momentos de lectura tan placenteros y sosegados. Novelista, ensayista y poeta, quizá la cima de su literatura la alcanza con sus diarios, publicados por Pre-Textos bajo el título genérico de Salón de pasos perdidos, de los que Troppo vero es su decimosexta entrega. En ellos,…
    Tags: de, en, la, el, los, literatura, libros
  • Traducción propia de la última parte de la peroración del libro IV (y último) de las Catilinarias, donde Cicerón, dirigiéndose contra Catilina, pide a todos la defensa de la ciudad y cumplir con los acuerdos. Texto original: Quapropter de summa salute vestra populique Romani, de vestris coniugibus ac liberis, de aris ac focis, de fanis…
    Tags: de, la, en, los, el, literatura, libros
  • El otro día, cuando me dirigía hacia la estación de autobuses de Pozoblanco para volver a Madrid, mi madre me entregó poco antes de despedirnos unas fotocopias del prólogo de uno de esos libros que agrupan a los ganadores y finalistas de ciertos premios de pequeña envergadura, en este caso era el IV Certamen Andaluz…
    Tags: de, en, el, la, literatura, libros
Filed in: Literatura, Textos

Comments are closed.