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‘Misogénesis’, de Alejandro Nolasco Asensio: En busca del arquetipo femenino

Written by | 03/02/2013 | 2

El joven escritor Alejandro Nolasco Asensio

Vivimos días de frivolidad en los que se celebran los vicios. Las virtudes han sido sustituidas por sus opuestos. La ignorancia no es ya objeto de pudor, sino de reafirmación y orgullo personal. La vida es hoy un baile de máscaras donde todo el mundo miente; donde nadie revela su verdadero rostro, si es que tiene alguno; donde sólo sobreviven los hipócritas. La clase política, vulgar, estúpida y corrupta, es un certero reflejo de la sociedad que la abriga. El aparato financiero maneja los gobiernos internacionales y hace ricos a unos pocos enfants terribles que pisan parqué y juegan con burbujas y espejos, a quienes todo se les permite, y sin embargo hace pobres a quienes no tienen la audacia de jugar con dinero invisible e infinito, una y otra vez salido de la nada e inyectado para que el sistema no se desmorone. Así las cosas, a nuestra sociedad sólo la sostiene el aire. Y es sólo aire lo único que contiene ya la carcasa de los grandes ideales del pasado. Únicamente quedan idealismos de cantinela, cartón y espray. La gente habla con frases hechas. Los razonamientos se reducen a repetir consignas. Pocos piensan por sí mismos, la mayoría necesitan apoyarse en banderas y símbolos. Ya no hay nada por lo que luchar, nada por lo que morir. Todo está al alcance de la mano. Tenemos telecomunicaciones globalizadas. Por eso la guerra mundial ha dado paso a invasiones legitimadas por el control común de los recursos naturales, y el terrorismo, ahora también mundial, es la única alternativa de los países invadidos. El miedo tensa cada resorte de la civilización hasta lo paranoico. Los medios de comunicación vomitan ruido sin cesar. El zumbido monótono de la información electrónica atonta los sentidos e hipnotiza a la población frente a la pantalla. Los habitantes del denominado primer mundo, faltos de una espiritualidad a la que agarrarse, buscan con desesperación formar parte de algo más grande que ellos y se convierten en borregos que hacen colas; en simples nodos de redes sociales; en fieles compradores de marcas audiovisuales e informáticas; en adoradores de gurús tecnológicos; en perfiles públicos de bases de datos que facilitan el trabajo de vigilancia, registro y dominación a quienes nos observan; en masa desencantada con una vida que resulta, para su sorpresa, no ser gratuita; en neuronas que no piensan; en mecanismo de transmisión de un cerebro global que se sirve de ese letargo colectivo para conveniencia de unos pocos.

Éste es el mundo que ha heredado la generación del autor de Misogénesis. Una realidad en crisis. Un espectro de la gloria de antaño. Una broma. Una pistola cargada.

El joven escritor Alejandro Nolasco AsensioDe ese modo, la novela de Alejandro Nolasco Asensio surge como reacción inevitable al espíritu tóxico de la época que le ha tocado vivir, una tentativa de hacer visible a los demás esos primeros destellos de la distopía orwelliana de grandes hermanos, neolengua y degeneración del pensamiento hecha realidad en que se ha transformado nuestro entorno. Se trata de la obra de un escritor que por encima de todo es individuo, que piensa con lucidez, que razona por sí mismo, que percibe cómo todo se derrumba contra reloj.

Sólo cabe emprender la huida para evitar ser engullido por un mundo condenado al desastre. No hay más alternativa para la lucidez que burlar a la noche. Sin embargo no todas las personas huyen igual. Hay quien lo hace hacia dentro y quien lo hace hacia fuera. Unos toman la postura del sabio, otros la del loco.

La primera, la del sabio, la más natural, la más amarga, trata de escapar hacia dentro, lejos de la realidad, y conduce al ostracismo, a cegar las esclusas, a poner distancia entre uno y el mundo, a encerrarse en la propia mismidad.

La escapatoria del loco, no obstante, se produce hacia fuera. En vez de aislarse, regresa al lugar que desprecia y se vale de la extravagancia para diferenciarse de los demás. En un mundo como el descrito, donde todo está inventado, donde todo está dicho, donde todo se ha oído antes, donde nada es original y todo es predecible, donde todo debe ser rutinario, ordenado y políticamente correcto, la única vía para sobrevivir en él y seguir manteniendo la individualidad parece la del manierismo. La vuelta de tuerca, el más difícil todavía. Sólo el giro hacia el barroquismo procura una identidad capaz de sobrevolar la grisura de la masa.

Los personajes de Misogénesis obedecen a esa voluntad individualizadora. Incluso su autor, a tenor de ciertas licencias que se permite a lo largo del texto, persigue dibujar esa imagen snob en sí mismo, no sólo en los protagonistas de su novela. Ésa es la razón por la que Alejandro Nolasco Asensio presta especial atención a los detalles estéticos en su literatura, como si la concentración en lo insignificante dotara de una significación metaliteraria a lo escrito, alejando al narrador y al lector de la realidad que cualquiera puede percibir para franquear la puerta a un espacio particular y exclusivo, creado únicamente para seducir a sus invitados con su intimidad. No es extraño, pues, que algunos de los múltiples personajes que pueblan Misogénesis se reúnan en tertulias intelectuales de alto copete. De este modo, la narración se acompaña en todo momento de los compases de Wagner, Tchaikovski, Mozart o Beethoven; los palacios y la arquitectura de lujo copan los escenarios del relato; sus habitaciones están dotadas de muebles suntuosos; sus entornos son cosmopolitas: de Boston a Florencia con paradas en Roma; y sus personajes visten ropa de sastre, fuman buen tabaco de pipa y beben licores caros.

El joven escritor Alejandro Nolasco Asensio

Quizá sea el género femenino el principal perjudicado en el mundo que nos ha legado el siglo veinte. Los hombres de la edad de Alejandro Nolasco Asensio, que comienzan a saborear la sangre y la arena en sus primeras batallas amorosas, se encuentran por doquier con mujeres desconcertantes, ajenas por completo al paradigma que su aprendizaje emocional ha troquelado en sus cabezas. Según las propias palabras del autor de Misogénesis, las chicas en la actualidad son terrenales, materialistas, vacías, carentes de afán de superación, conformistas y cínicas.

La mal llamada liberación de la mujer ha traído consigo no pocos cambios en las relaciones entre hombres y mujeres. Hoy en día ellas, entre otras cosas, estudian más que los hombres, trabajan más que los hombres, fuman más que los hombres, beben más que los hombres y son más promiscuas que los hombres. No sólo han adoptado, con buen criterio, la igualdad en papeles atribuidos por tradición a los hombres, sino también todos sus vicios. Utilizan su libertad recién adquirida como adolescentes que accedieran por primera vez a un territorio prohibido mientras culpan de todo lo malo que les ocurre a quienes lo prohibieron. Así, el uso deviene en abuso, la libertad en libertinaje. Y viven éste confundiéndolo con aquélla, con vehemencia, tratando de apurar la copa hasta la hez, como si cada mujer tuviera la necesidad de redimir a las innumerables generaciones de mujeres precedentes sometidas a un régimen patriarcal, falocéntrico y machista, como si cada una de ellas hubiera sentido en las propias carnes los siglos de abuso masculino y deseara resarcirse, en nombre sus congéneres pretéritas, de tal infinidad de atropellos que, sin embargo, no ha padecido.

El joven escritor Alejandro Nolasco AsensioEn definitiva, es como si las mujeres de hoy, en lugar de reivindicar y afirmarse en su feminidad, ahora que por primera vez en la Historia les es posible, desearan ser hombres. Persiguen el poder que ellos han detentado durante milenios, y para conseguirlo utilizan con vileza el refugio de su sexualidad, el don más hermoso que la Naturaleza les ha brindado, con tal de obtener una caricatura de poder que al final resulta vacuo y efímero. Y de esa manera vuelven al punto de partida, sometiéndose de nuevo al yugo masculino y participando, sin darse cuenta, de esa sociedad machista a la que tanto reprochan.

Es evidente que existen muchas excepciones, y ése es precisamente el motor que alienta la novela de Alejandro Nolasco Asensio: la búsqueda de los atributos de la mujer arquetípica, del eterno femenino, de la Sophia, de la Eva primordial, que permanecen velados bajo innumerables capas de educación, prejuicios y presiones sociales en cada chica común que pasea por la calle mezclada entre la muchedumbre.

Es ese complejo el que arrastra toda mujer nacida a finales del siglo veinte. Se niega a sí misma. Maldita a lo largo de toda la civilización clásica y judeocristiana, ella misma rehúye su naturaleza. Tal vez se trate del pecado original descrito en el Génesis. Quizá la expulsión del Paraíso no es más que una alegoría de la negación del envés femenino de la existencia. Pero el problema no radica en la religión ni en su influjo sobre nuestra cultura, sino en nuestro interior, en la forma como vemos el mundo hombres y mujeres. La mujer hoy en día está liberada, pero necesita superar el referente masculino que la define. Una mujer no es lo contrario de un hombre, ni es inferior a un hombre, ni es superior a un hombre, ni es más que un hombre, ni es menos que un hombre. Una mujer es. Por sí misma. Sin necesidad de compararla, de la misma forma que no sometemos a comparación la esencia del hombre. Esa costilla adánica que dotó a la mujer de existencia mítica ha sido desde entonces un parásito que debe expulsar para siempre del edén de su alma y, de ese modo, recuperar su condición primigenia. Sólo así logrará ponerse en paz consigo misma, con sus semejantes y con el mundo que la rodea.

Fotografías de Sonia Ruiz Pachón.


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2 Responses to “‘Misogénesis’, de Alejandro Nolasco Asensio: En busca del arquetipo femenino”

  1. 06/03/2013 at 13:29 #

    Vamos en busca del andrógino aunque no lo sepamos, como antaño. Al contrario de lo que piensan los progresistas no avanzamos sino que volvemos al origen.

    El andrógino es un concepto clave de la alquimia, un símbolo de la reunión de los contrarios (masculino-femenino, izquierda-derecha, ateo-creyente, guerrero-monje, activo-contemplativo). Las mujeres han descubierto, para bien y para mal, el hombre que vive oculto en ellas. Los hombres vamos descubriendo también la mujer que brilla en nuestro interior. Este proceso, como todos los partos, va a ser largo y doloroso. Desembocará en el andrógino primordial que no es algo etéreo sino material y espiritual a un tiempo.

    Nuestro objetivo no es separarnos del mundo (ningún verdadero sabio lo ha hecho) sino superar el mundo en y desde el mundo. El mejor vehículo, camino y destino es el silencio. El silencio como refugio momentáneo de los efluvios de la publicidad, los tuits, facebook, google, los móviles… Nos hará libres, como siempre lo ha hecho.

  2. Riper
    22/11/2014 at 18:33 #

    Basta leerlo una vez para notar patriarcalismo y destellos de misoginia por todos lados. No es que las mujeres “busquen liberación” , o que adopten vicios, etc. La mujer es una persona, y como tal, puede tener virtudes y también vicios.