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«Operación Palace», de Jordi Évole: Jugando con la audiencia

Written by | 02 March 2014 | 1

Crítica Operación Palace Jordi Évole

Conozco al menos dos programas de radio en los que se ofrece al oyente la oportunidad de averiguar la única noticia falsa de entre varias noticias aparentemente inverosímiles. Aunque no nos lo parezca, lo inverosímil es más común de lo que se piensa. Y aunque no seamos conscientes de ello, el mundo en el que nos movemos está formado por un conglomerado de verdades y mentiras en aparente equilibrio a cuya configuración contribuyen todos los individuos, todos. Cuando exageramos, cuando permitimos que la piedad prime sobre la sinceridad, cuando ocultamos la parte de la verdad que no nos interesa, cuando sin mentir dejamos que otros piensen lo que no es o incluso cuando pagamos una factura sin IVA, estamos ayudando a engrosar con mentiras el equilibrio inestable que existe entre esas dos categorías aparentemente contrapuestas.

La realidad social es una jungla de verdades y mentiras en la que debemos gestionar nuestros recursos, nuestro tiempo y nuestros afectos. Si lo viéramos desde un punto de vista ecológico, la sociedad humana sería un medioambiente de verdades y mentiras en el que la primera obligación de los individuos es sobrevivir y la segunda, prosperar. Para cumplir con ambas obligaciones, debemos mimetizarnos en el ambiente y utilizar los recursos de que disponemos, haciendo uso de la verdad o de la mentira según sea lo que requieran las circunstancias para mantener el equilibrio, pues los justos no son los que dicen siempre la verdad, sino los que siempre contribuyen a la armonía.

Crítica Operación Palace Jordi Évole

El fin (la armonía) no siempre justifica el medio (la verdad o la mentira), pero lo justifica a veces. El hecho de que a veces esté justificada la mentira para conseguir la armonía sirve de excusa permanente para quienes la utilizan en beneficio propio. Dado que el medioambiente en el que nos movemos es una jungla de verdades y mentiras, los que acaban triunfando en él (los que acaban ocupando la cúspide de la pirámide alimenticia) son precisamente los que se saltan las reglas establecidas y mejor utilizan en su provecho los recursos de que disponen.

Operación Palace, el programa de Jordi Évole sobre el intento de golpe de estado del 23 de febrero, debe enmarcarse en ese medioambiente social. Cuando el espectador va al cine, sabe que va a presenciar una ficción. El afán de todos los que contribuyen a la producción de una película está en hacer creíble una mentira que públicamente es reconocida como tal. Por eso, su misión principal se cumple cuando el público ríe o cuando llora, esto es, cuando se emociona como si fuera verdad la ficción a la que asiste. Es el mismo afán con el que escribe el novelista o con el que los actores interpretan una obra de teatro.

Crítica Operación Palace Jordi Évole

Si las obras de teatro, por definición, son de mentira, y los actores no mueren cuando muere el personaje que interpretan, los documentales, por definición, son de verdad, y sus protagonistas mueren cuando mueren. Son de mentira o de verdad siempre, es decir, desde el principio, no cuando se termina la obra. La emoción que siente el espectador cuando ve morir en el telediario a un hombre puede ser la misma que cuando lo ve morir en la película que viene a continuación, pero es imprescindible distinguir desde el principio a uno de otro para no banalizar la muerte y no contaminar al drama real de irrealidad. Todavía hay quien se cree, por ejemplo, que los hombres no pisaron la luna porque vio o tuvo noticias del falso documental Operación Luna, en el que se utilizó el nombre de Stanley Kubrick y aparecieron entrevistas trucadas a su viuda, a astronautas y a personalidades de la talla de Donald Rumsfeld y Henry Kissinger. O, aún peor, todavía hay quien no ha recuperado la credibilidad en los documentales después de saber que aquél en el que creyó fue una broma preparada en Francia para el día de los inocentes y quien ha manchado para siempre la reputación de las personas que salieron en él.

Crítica Operación Palace Jordi Évole

Aunque el fin del programa de Évole fue presentado finalmente como un juego con el que de hacernos reflexionar sobre la realidad del 23F, la mayoría de las reflexiones no se han realizado sobre ese fin declarado, sino la moral del programa mismo. No en vano, ha sido el programa no deportivo más visto en la historia de la cadena (laSexta), y eso, que debería haber sido el medio para difundir el mensaje, bien puede haber sido el fin principal, aparte del prurito de identificarse con el legendario Orson Welles y su Guerra de los Mundos, aunque, a diferencia de en Operación Palace, en el programa radiofónico de Welles se advirtió al principio y en su transcurso de que todo se trataba de una ficción.

La mayoría de las reflexiones se han realizado sobre el programa mismo, además, porque se sitúa al margen del equilibrio entre verdades y mentiras para triunfar. Se ha planteado un juego en el que no jugaban la cadena y la audiencia, sino sólo la cadena, esto es, en el que la cadena televisiva jugaba con la audiencia. Un juego, en fin, en el que se ha utilizado la credibilidad de los participantes y la buena fe de los espectadores, que se situaron ante la pantalla llamados por la campaña promocional de un documental o el aviso urgente de un amigo y se encontraron, al final, con una patraña.

Juan Bosco Castilla

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Filed in: Opinión, Periodismo

One Response to “«Operación Palace», de Jordi Évole: Jugando con la audiencia”

  1. rocigalgo
    03 March 2014 at 06:17 #

    Este artículo cumple con el fin de llegar a la armonía, y se desarrolla en las limpias aguas de la verdad, cuadratura del círculo? No. Más bien honestidad. Felicidades.