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Ríete de tus sueños, de ti mismo, de todo

Written by | 11/12/2006 | Comentarios desactivados en Ríete de tus sueños, de ti mismo, de todo

Es importante que el hombre sueñe,
pero también lo es que sepa reírse de sus sueños
.
(Lin Yutang)

Cuando alguien es incapaz de reírse de sí mismo
ha llegado el momento de que otros se rían de él
.
(Thomas Szasza)

Para empezar, y por si acaso, ríete de todo,
porque nada importa nada
.
(Fernando Sánchez Dragó)

Últimamente me cuesta escribir en este diario. A veces es por el tono. Si ato largo a la pluma se me desmanda y me salen párrafos exuberantes y demasiado grandilocuentes, cargados de simbolismo, metáforas y lo que dicen que escriben los malos poetas, prosa poética. No sería la primera vez que me autocensuro párrafos enteros para no ahuyentar al personal, los pocos benditos que aún me siguen. La fragosidad no es amiga de la literatura actual, eso es cosa sabida, pero tampoco lo es cuando uno la encuentra en lo que escribe. Ocurre que, cuando terminamos de redactar un párrafo que nos ha salido bordado, al releer esas audaces hipérboles y símiles que momentos antes nos parecían tan brillantes, leídos en su conjunto se opacan, cuando menos, si es que no provocan hilaridad.

Ya con la pluma embozalada, uno se plantea de qué va a escribir. Por principios se descarta cualquier asomo de política o actualidad informativa, con lo cual nos cargamos de un plumazo uno de los temas de ciencia infusa con los que todo ser humano nace; el otro tema divinamente imbuido es el de seleccionador nacional de fútbol. Y como uno se niega a hablar de lo mismo que todo el mundo y tiene vocación de salmón impenitente, remonta como buenamente puede la corriente y se lanza a escribir algo de lo que le haya pasado ese día. Un diario, vamos. ¿Y de qué se habla cuando se tiene una vida rutinaria y anodina como la de uno? No creo que a nadie interese a qué hora me levanto o me acuesto, ni lo que como ni si mi móvil se ha convertido ya en una reliquia de la edad de piedra. Aun así, estas vicisitudes diarias ya las he ido pariendo a lo largo de estos nueve meses desde que se concibiera este cuaderno de bitácora.

Entonces, me digo, vamos a concentrarnos en ese mundo tan descuidado de las pequeñas cosas que se encuentran ocultas ante nuestras narices y que sólo aquellos que presumimos de bohemia decimos que vemos. No me extraña que se me aburra la parroquia, de modo que carpetazo al gran mundo de las pequeñas cosas.

¿Qué nos queda? Pues contar anécdotas. Ayer estuve con fulanito y hoy me he encontrado a menganito de camino al bar. De vez en cuando resulta interesante la experiencia literaria, pues un dietario o anecdotario, que es como creo que se llama eso, le brinda a uno la oportunidad de retratar el mundo que le rodea, dejando que el diario, que se supone personal, refleje la realidad de los demás. Además, nos permite recrear ambientes, escenarios y personas, que siempre viene bien para poner en práctica las siempre tan temidas descripciones en literatura. Tengo varios textos manuscritos acerca de la gente desconocida y anónima que me encuentro en los cafés, en las estaciones de autobús o de trenes, cada uno con su novela y su cruz a cuestas, gente con esa cara que se te queda cuando la vida te ha lacerado las rodillas y encima tienes que actuar como si de verdad te gustara. Uno lee esos folios escritos sobre la marcha y se le cae un poco el alma a los pies, así que mejor no publicarlo de seguido, que ya bastante tienen los demás con lo suyo.

Hace algún tiempo descubrí la posibilidad de llevar una especie de diario de sueños, algo que quizá diera resultados interesantes. Y hablando de sueños, en sus dos acepciones, esta noche tuve otro de ésos con significado simbólico que me vienen acosando desde hace unos días. Otro de elevación con zancadillas. En esta ocasión volaba. Es de las pocas veces que sueño volar, y digo pocas, no sé por qué, aunque no recuerde ningún otro precedente. Decía que soñaba volar, pero iba cargado con gente entre los brazos. No recuerdo sus identidades, pero sí se me quedó grabada la dificultad de despegar con tanta tara.

Supongo que la gente se reirá de estas cosas que escribo, y no les culpo, pues hasta mi madre, que es mi mayor admiradora, se lo toma a cachondeo. Bueno, mejor reír a llorar, aunque sea a mi costa, resignarse toca.

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