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Entrevista eterna con Dragó (V): «Toda mi vida he intentado vivir oculto»

Written by | 08 July 2014 | Comments Off

Fernando Sánchez Dragó en Tokio durante la crisis nuclear

Fernando me sigue contando el relato del parto de Naoko.

Me pide Baeta fotos —dice el escritor.

¿Tú sabes sacar fotos?

Yo no sé sacar fotos con un móvil; hace treinta años que no saco una foto. Le pregunté a Naoko si teníamos fotos. «Sí —me dice—, hay tres.» Las vemos. En una sale ella con el niño cubierta con una toalla. Yo no tengo anticuerpos para Internet ni para trending topics. He sido seis veces trending topic en año y medio. Envío las fotos a Baeta. A Baeta le encantan las fotos. Las cuelga. Fue la noticia más leída del día, más que la dimisión de Esperanza Aguirre. Me llamaron de todas las televisiones, lo sacaron en el telediario de laSexta, con las fotos… me hicieron una entrevista por teléfono para el «Gran Debate»… y me di cuenta de que, sin proponérmelo, había contribuido a poner en la calle un debate que está abierto en Holanda, en Japón, en el mundo entero, que es si hay que parir en casa o no, porque parir en un hospital es monstruoso. De todo esto nació la idea de escribir el libro, y le propuse a Ayanta que ella escribiera una parte, y así surgió este Pacto de sangre.

Fernando Sánchez Dragó en Tokio durante la crisis nuclear
Fernando Sánchez Dragó en Tokio durante la crisis nuclear

¿Cómo te explicas que una persona como tú, que dices que eres un lobo estepario, que huyes del mundanal ruido, cómo se explica que una persona como tú pueda montar estos circos mediáticos?

Pues ya te lo he dicho, porque no tengo anticuerpos, porque no me doy cuenta. Mis memorias se llaman Memorias de un niño raro no por casualidad. Yo soy un niño raro; yo era ya raro a los tres años. Siempre fui raro. En el colegio siempre era el niño raro, en la familia siempre era el niño raro, en Alicante o en Soria, en las vacaciones también. Yo siempre he tenido la sensación desde que soy niño raro, desde mis primeros cursos infantiles, de que pensaba acerca de casi todo lo contrario de lo que casi todo el mundo pensaba acerca de casi todo. De ahí nace esta imagen que tengo, que me molesta mucho. Yo soy un buen fajador; a mí no me importa lo más mínimo que me critiquen, que se metan conmigo, que me llamen «facha», «cabrón», lo que sea, me da exactamente igual, pero hay una cosa que me molesta, que me llamen provocador, «el polémico escritor».

¿Por qué?

Yo no soy polémico. Polémicos son los que se asombran de las cosas que digo. Yo no las digo por polemizar, por provocar, Eduardo. Un provocador es un impostor. Me molesta que me llamen provocador. Un provocador es un impostor que tergiversa su forma de pensar para inducir una determinada reacción en quien lo escucha y en quien lo lee. Nada más lejos de mi ánimo. Digo lo que pienso de las cosas, y lo que pienso de las cosas genera una tempestad, un revuelo tremendo, pero como para mí es lo natural, lo que yo pienso, siempre me sorprende.

Fernando Sánchez Dragó en Tokio durante la crisis nuclear
Fernando Sánchez Dragó en Tokio durante la crisis nuclear

¿Puedes poner ejemplos?

Me pasó con lo de las lolitas, por ejemplo. También me pasó con algo tan inocente, una de las veces que he sido trending topic, cuando lo del terremoto de Fukushima en Japón. Cuando yo escribo ese artículo Rubalcaba, el gobierno español, envía un avión para rescatar a los españoles que están residiendo en un país en el que no pasaba, fuera de la zona del terremoto, absolutamente nada. El índice de radiación de Tokio era inferior al de la calle Preciados de Madrid. Escribo ese artículo y llamo caguetas y cobardicas a todos los españoles y a todos los extranjeros que se van. Todos los periodistas se fueron; nos quedamos allí dos: David Jiménez, de El Mundo, y yo. Todos se largaron, los unos a las faldas de su mamá en sus respectivos países, y los otros a una playa de Tailandia a ver por televisión lo que pasaba en Fukushima, y a inventarse lo que estaba ocurriendo, que es lo que suelen hacer los periodistas. A mí me pilló en Bangkok aquello, y lo primero que hice fue agarrar un avión e irme al ojo del tifón. Llegué a Kyoto, donde yo vivía en aquel momento, e inmediatamente subí a Tokio. Naoko me llevó a la estación de Kyoto, donde cogí el tren, y se negó a darme un beso porque me iba a Tokio, «este loco». Y escribí un artículo, y fue trending topic.

Fernando Sánchez Dragó en Tokio durante la crisis nuclear
Fernando Sánchez Dragó en Tokio durante la crisis nuclear

¿Y cómo te lo explicas?

Yo no entiendo que uno se convierta en trending topic, en primer lugar, porque diga la verdad, y es que todo el mundo se había largado, y no había motivo para eso; y en segundo lugar, que los japoneses desde entonces nos han cambiado el nombre. Ya sabes que a los extranjeros nos llaman gai-jin; desde entonces nos llaman sarcásticamente nigue-jin, «los que huyen», «los cobardicas», «los que se van». Me estaba limitando a algo que ningún periodista se atrevía a contar, lo que sucedía. ¿Hay algo más bonito, más inocente, más ingenuo que enseñar una foto en la que tu mujer está dando a luz a tu hijo? ¿Quién si no alguien que esté enfermo puede imaginar que eso va a escandalizar, no ya a los biempensantes, que no se escandalizaron, sino a la chusma de Twitter, a la chusma de las redes sociales, que son más puritanos que la iglesia católica, apostólica y romana? Pasó esto, pero me sorprende. Mi ideal de vida, te doy mi palabra de honor, Eduardo, es lo que decía Epicuro: «Si quieres ser feliz, vive oculto.» Yo toda mi vida he intentado vivir oculto. ¿Por qué me voy a vivir a un pueblo como Castilfrío? Será porque quiero vivir oculto. ¿Por qué viajo continuamente lejos de España? No me voy a París, no me voy a Roma, no me voy a Nueva York. Me voy a lugares donde no me conoce absolutamente nadie, donde no conozco a nadie, donde vivo en soledad absoluta. Eso para mí es la felicidad.

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